La cocina del infierno: «Comando Meón» (IX) Tercera Parte
Fernando Morote —Tienes que ser coherente, Conde —dijo el Doctor—. Si vienes a decirle a la gente que no mee en la calle, tú tampoco puedes tirar eso al piso. […]
Fernando Morote —Tienes que ser coherente, Conde —dijo el Doctor—. Si vienes a decirle a la gente que no mee en la calle, tú tampoco puedes tirar eso al piso. […]
Fernando Morote Sentados en una banca del parque Central, apretujados como hermanos pobres durmiendo en una sola cama, los miembros del Comando Meón discutían acerca del proceso de toma de […]
Fernando Morote Comparado con el bastión de los ingobernables, el parque Locuto —ubicado al final de la urbanización, a pocas cuadras del pueblo de Surco— se presentaba insoportablemente lúgubre. —Esto […]
Fernando Morote La cancha de frontón no era en realidad tal. Levantada sobre una esquina de lo que en sus tiempos era sólo un pampón y donde ahora florecía un […]
Fernando Morote —¡Qué pasteleadas te metías acá, Champero! —rememoró el Narizón.—No le importaba que fuera al mediodía —dijo el Doctor—, con el sol reventándole el cerebro.—Al toque le venían las […]
Fernando Morote —No me compliques con esos horarios, Conde —dijo el Narizón—. Tengo clase en el gimnasio.—No jodas, Narizón —intervino el Champero—. Puedes correr un rato alrededor de la cancha.—¿Cuál […]
Fernando Morote Desde las profundidades del arbusto, brotó un efluvio filosófico: —Si no es práctico, no es espiritual.—Esto no tiene mucho de espiritual —comentó el Champero.—Tampoco es práctico —observó el […]
Fernando Morote El Doctor arrojó un petardo: —El que sirve, sirve y el que no sirve, no sirve.—¿No te parece eso muy radical? —dudó el Champero.—Fanático —fue el adjetivo elegido […]
Fernando Morote —Sólo podemos conservar lo que tenemos si lo compartimos con los demás. Los otros tres tomaron esta declaración del Doctor como una arenga. —Tenemos que empezar por la […]
Fernando Morote —Hola, Marta. Gusto en saludarte. ¿Está tu esposo en casa? Lo he estado llamando al celular desde temprano, pero no me contesta.—¿Sabes qué hora es? —preguntó la esposa […]