La cocina del infierno: “Comando meón” (VI) Segunda parte

Fernando Morote

Celular

-Hola, Marta. Gusto en saludarte. ¿Está tu esposo en casa? Lo he estado llamando al celular desde temprano, pero no me contesta.

-¿Sabes qué hora es? –preguntó la esposa del Narizón- ¿Te parece apropiado llamar a medianoche? Trabajamos todo el día. Necesitamos descansar.

El Doctor no alcanzaba a comprender el enojo de la señora. Aunque tampoco desconocía que sus códigos de comportamiento nunca habían estado en sintonía con los de sus semejantes.

-Disculpa –dijo-. Ese reporte es muy importante. Llamaba para recordárselo. Sería ideal tenerlo listo mañana temprano.

-Muy bien –contestó Marta-. Yo le diré. ¿Está bien si te lo entrega a mediodía?

Al Doctor no le simpatizó la respuesta. Hizo una mueca de decepción al auricular. De motivador pasaba con suma facilidad a acosador. Pero no muchos entendían la pasión que imprimía a sus compromisos personales. Cuando los abrazaba, tenía energía suficiente para arrastrar multitudes y no dejarlas comer, dormir ni respirar.

-Lo estaré esperando –dijo, sin ocultar su falta de entusiasmo-. Gracias. Buenas noches.

Cuando colgó, intentó reanimarse con el hecho de que su lema –“orina en tu casa, no en la calle”- fue adoptado por unanimidad como símbolo escrito del Comando Meón.

El baile, finalmente, había empezado.

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