La cocina del infierno: Comando Meón (V) Segunda Parte

Fernando Morote

Juramento

-Esta vez no te escapas, Narizón –aseguró el Conde.

-No creas –advirtió el Champero-. Este huevón es devoto de la virgen del puño.

-Tranquilos, muchachos –dijo el Narizón, sentado a la cabecera del comedor-. Le pedí al chino Emilio que cayera tipo una y media. ¿Está bien?

-Perfecto –dijo el Doctor-. ¿Qué encargaste?

-Arroz chaufa especial, chancho asado, kamlú wantán, pollo chijaukay, tallarín frito, calamar relleno con langostinos, un poco de sopa fuchifú…

-Vaya…-dijo el Champero-. ¿Habrá tiempo para trabajar?

-¡Vamos, vamos! –cortó el Doctor- No perdamos tiempo. Tenemos un par de horas antes del almuerzo.

-¿Cuál es el plan? –interrogó el Champero.

-Definir un logo –explicó el Doctor-. Una imagen que identifique al proyecto.

-¿Te refieres a un emblema, un estandarte o un escudo? –preguntó el Conde.

El Doctor pensó. El Narizón lo escrutó con aire sospechoso.

-Te pusieron contra la pared –dijo el Champero.

El Doctor salió de su sopor.

-El estandarte y el escudo me suenan a mierda medieval.

-Extraordinario… -opinó el Narizón.

-Pero lo del emblema me parece apropiado. Incluye una figura y una leyenda.

-¿Entonces? –insistió el Champero.

-Lluvia de ideas –anunció el Doctor.

-¿Por dónde empezamos? –dijo el Conde.

-Lo primero es el lema –apuntó el Narizón-. ¿No creen?

-De acuerdo –señaló el Doctor-. Cuando lo tengamos, sabremos cuál puede ser el diseño.

El Champero desplegó una hoja en blanco y asumió, sin que nadie se lo solicitara, el rol de secretario.

-Disparen –alentó a sus colegas.

Se miraron las caras unos minutos. Lo que estaban a punto de realizar difería mucho de lo que solían hacer en el pasado cuando se juntaban para probar variedad y combinación de sustancias en ese mismo escenario.

El Narizón abrió el juego:

-“Si lo haces de nuevo, te cortamos el pájaro”.

El Conde lanzó una ficha más mesurada:

-“El Perú ya cambio. ¿Y tú?”.

El Doctor tiró su carta sobre la mesa:

-“Orina en tu casa, no en la calle”.

El Champero, lapicero en mano, entregó también su aporte:

-“El orgullo por encima de la vergüenza”.

La definición fue aplazada para después del receso. Aprovecharon la espera de la comida para esbozar una especie de blasón. De los múltiples dibujos ensayados aprobaron uno en forma hexagonal mostrando un pene y un hacha entrecruzados sobre las puntas superiores; debajo un charco que podría representar los orines desparramados en la calle por los miccionadores compulsivos o la sangre vertida por el cercenamiento radical de sus miembros. La elección de una vestimenta especial, que incluiría antifaz y capa como uniforme del Comando, fue descartada de plano.

La atmósfera resultaba inspiradora. El Doctor sentía que estaba liderando un movimiento capaz de quedar registrado con letras doradas en la historia de la nación.

-Para formalizar el compromiso debemos hacer un juramento –propuso con tono de sacerdote inca oficiando una ceremonia sagrada-. Hagamos un círculo y tomémonos de las manos.

-No conocía tu faceta de rosquete, Doctor –dijo el Champero.

-¿No estás confundiendo las cosas? –cuestionó el Narizón-. ¿Vamos a hacer un juramento o quieres que nos pongamos a rezar?

Antes de que el Doctor tuviera oportunidad de articular una de sus respuestas glaciales, el sonido insistente del timbre interrumpió el solemne momento. La inconfundible voz del chino Emilio se coló impertinente por la ventana:

-¡Deliveli!

—-

La cocina del infiernocomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s