Los golpes (VIII)
Jean Meckert XIX A partir de entonces, ya no me atreví a mirar a los vecinos a la cara. Me precedía mi reputación. Al día siguiente, al volver a casa, […]
Jean Meckert XIX A partir de entonces, ya no me atreví a mirar a los vecinos a la cara. Me precedía mi reputación. Al día siguiente, al volver a casa, […]
William Faulkner XIX —Pero esa chica… —dijo Horace—. Estaba perfectamente. Le consta que estaba bien cuando salió usted de la casa, y luego, cuando la vio con Popeye en el […]
Jean Meckert XVI El día siguiente fue uno de esos días redondos, poco frecuentes para los cochambrosos de nuestro bando. Un día teatral, de alta resonancia, un día que rebosaba […]
Jean Meckert XIV Como el verano empezaba a ser demasiado caluroso, decidimos pasar todos los domingos en el campo, en lugar de quedarnos en París, aburridos en casa de la […]
William Faulkner XVIII Primero por la senda arcillosa y luego por la arena, Popeye condujo velozmente, pero sin dar sensación ni de apresuramiento ni de huida. Temple iba a su […]
William Faulkner XVI El día que el sheriff llevó a Goodwin a la ciudad había en la cárcel un negro que había matado a su mujer cortándole el cuello con […]
Jean Meckert XI El domingo fuimos a un mitin comunista en Vincennes. Quedé con Gilbert en la Porte Dorée, pero no lo encontramos. Allí, Paulette y yo nos hartaríamos de […]
William Faulkner X La mujer, que preparaba el desayuno mientras el niño todavía —o ya— dormía en la caja detrás del fogón, al oír que alguien se acercaba atravesando el […]
Jean Meckert VIII Quince días después, encontré un pequeño estudio (así lo llamaban), cerca de la puerta de Clichy. No estaba mal, un poco caro en realidad, pero Paulette se […]
William Faulkner VII Desde algún sitio más allá del corredor iluminado le llegaban las voces: una palabra suelta; de cuando en cuando las ásperas carcajadas burlonas de un hombre dispuesto […]