La genealogía de la represión sexual: “La mujer de tu prójimo” De Gay Talese (1981)

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

Hace ya cuarenta años, el periodista norteamericano, Gay Talese, publicó una de sus obras más importantes llamada “La mujer de tu prójimo”. Este es un libro periodístico que a pesar de la lejanía de su primera edición, aún podemos desentrañar verdades actuales en las diversas historias verídicas que cuenta ahí. Es el trabajo de nueve años de investigación que Talese nos ofrece. No oculta la identidad de los personajes de las historias narradas. Lo que nos dice es tal cual como los personajes lo vivieron. Es así que tales testimonios contienen vivencias crudas sobre lo que significó su sexualidad para ellos. Más aún, si tomamos en cuenta que estas se encuentran desarrolladas entre los años 50’s y 70´s se nos hace más enriquecedor el conocerlas, pues la sociedad estadounidense aún luchaba por determinar cuál sería la moral pública predominante. Es esta restricción, represión, conservadurismo y religión que genera una amplia variedad de escenarios donde individuos desde diferente posición social, intentan ejercer su libertad sexual.

Talese observa que a pesar de la revolución sexual de ese entonces, sus cambios sociales y científicos relacionados con ella no eran suficientes para que las tradiciones y la vida familiar cambiaran. No obstante, esto solo era superficial, pues en privado se cuestionaban. Ese panorama ofrecía un cambio de conciencia que luchaba entre los que deseaban romper con lo tradicional y los que anhelaban volver al conservadurismo de los años cincuenta aun sabiendo que eso sería difícil de lograr.

Para mostrarnos tal lucha, el libro refleja un tire y afloje entre la libertad de la vida sexual personal que es destruida y reconstruida bajo nuevos criterios que los hacen repensar en ella y la disputa para que las instituciones puedan permitir el goce y la exploración sexual sin restricciones. Por un lado, vemos capítulos enteros donde nos cuentan la vida íntima de personajes como Hugh Hefner o Diane Weber, en las que nos revela sus pasados para que podamos comprender esa rebeldía sexual que los llevó a ser personajes icónicos de la sexualidad norteamericana. Por el otro, somos testigos de la historia de la restricción a la libertad de prensa por parte de las autoridades norteamericanas al castigar severamente a los editores que publicaron textos obscenos en revistas o libros.

Si debemos mencionar nombres, Talese hace una radiografía de Anthony Comstock, un puritano nacido en Connecticut que desde su juventud en el año 1860 y como miembro de la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) manifestaba su preocupación por proteger a la juventud de “influencias corruptoras”. Presionando a las autoridades para que se hicieran cumplir las leyes contra la inmoralidad y la expresión sexual. Leyes que tenían origen en la Inglaterra victoriana, en la que a la par existían las prácticas para curar la masturbación, la persecución a las prostitutas, adúlteros y a los acusados de ser pornógrafos. En el año de 1868, se restringía cualquier cosa que pudiera ser poco apropiada para los niños, así para el Fiscal del Reino inglés, la obscenidad se definía como “todo cuanto podía depravar y corromper a aquellos cuyas mentes están abiertas a estas influencias inmorales y en cuyas manos puede caer una publicación de esta naturaleza”.

Anthony Comstock era aquel que con su actuar reforzó las raíces puritanas de los EEUU, y que si bien había logrado independizarse del Reino Unido, aún mantenía esas cadenas morales heredadas. Él formó la Sociedad de Nueva York para la Supresión del Vicio, y gracias a esta, se inició una serie de arrestos, procesos y encarcelamiento a cualquiera que difundiera, vendiera o promoviera publicaciones catalogadas como lascivas e inmorales. Las prácticas de Comstock para acusar y encontrar pruebas eran tramposas. Atentaba contra una serie de libertades constitucionales de su país. Talese nos narra el emblemático caso de Comstock contra el editor y escritor D.M. Bennet donde se desarrolla criterios morales y legales acerca de la distribución de material sexual por el correo.

Sin embargo, luego de la muerte de Anthony Comstock, la persecución siguió. Se crearon Ligas y Sociedades en Chicago que buscaban fiscalizar el juego y los burdeles. Es en el inicio del siglo XX que se heredaba una situación que “la gran inmigración irlandesa de mediados del XIX había importado a Chicago una rama radical del catolicismo que se basaba en el refrenamiento sexual y la ortodoxia; poco a poco, la ciudad había empezado a reflejar política y socialmente estos valores haciéndose menos tolerante con el pensamiento y comportamiento heterodoxos. Incluso cuando los irlandeses aún no controlaban la alcaldía –lo que sí hicieron regularmente a partir de los años veinte-, la visión católica de moralidad y censura sexual se vio reforzada por la cantidad de legisladores estatales, concejales, jefes de distrito, fiscales, policías y curas con contactos políticos, todos ellos de extracción irlandesa y católica”. Ese panorama nos estaba dando las pautas de lo que sería la lucha por la expresión sexual en la sociedad norteamericana de ahí en adelante. Dicho escenario de represión y exigente moralidad conservadora, es donde muchos de los personajes que Talese nombra en esta investigación hallan una fuerte base para mostrarse más radicales en la búsqueda de su libertad sexual.

Como se mencionó con anterioridad, la principal manifestación de que la sociedad norteamericana quisiera soltar esas amarras morales restrictivas fue la publicación de revistas con contenido erótico y sexual. Poco a poco Talese nos va contando cómo estas publicaciones fueron perfilándose, sobreviviendo y litigando contra las autoridades hasta llegar darle el camino casi libre para que Hugh Hefner y su mítica revista “Play Boy” alcance los niveles de libertad sexual que aún perduran. No sin antes recalcar que durante las décadas de los sesenta y setenta retó a la sociedad norteamericana con el ensalzamiento de la vida sexual plena. Porque lo que representó el imperio Hefner no solo fue el develar una sexualidad que la sociedad escondía, sino que esta debe vivirse plenamente y estar orgullosa de ella. El éxito personal y económico, y el sexo estaban de la mano según el mítico editor.

Emblemático también es el caso de Samuel Roth, otro editor que desafió a las leyes conservadores publicando libros como “El jardín perfumado”, una obra árabe ilustrada que mostraba poses sexuales. También publicó párrafos del “Ulises” de Joyce aunque evitando las escenas sexuales, “El amante de Lady Chaterley” o el “Kama Sutra”. Ese desafío le costó bastante tiempo en prisión.

No solamente se retaron los convencionalismos sexuales mediante las publicaciones, sino también existieron individuos que decidieron experimentar a nivel personal toda esa cantidad de matices que les ofrecía la vida sexual. Entraron al debate y la práctica los intercambios de pareja (swinging), las playas nudistas o las comunidades donde se ponía en entredicho los convencionalismos sexuales de la época. Es relevante mencionar que estas posturas fueron influenciadas con estudios que analizaban la rigidez sexual de los individuos y entre ellos estaban los trabajos del psiquiatra austriaco Wilhelm Reich. Él planteaba que “se oponía al doble código sexual y a la represión general de las mujeres, como el medio que tenía la sociedad para conservar la unidad familiar que consideraba indispensable para el mantenimiento de un Estado fuerte. En un mundo dominado por los machos, sugería Reich, había “un interés económico” en preservar el papel de la mujer como “proveedora de hijos para el Estado” y la ejecutora sin paga de las tareas domésticas. Debido a la dependencia económica de la mujer ante el hombre y a su menor importancia en el proceso de producción –observó Reich en una ocasión-, el matrimonio es una institución protectora para ella, pero al mismo tiempo ella se ve explotada por esa misma familia”. Así Reich describe que el condicionamiento social y aceptado de la mujer es de “negador del sexo” o “tolerante ante este”. Por eso es que este comportamiento, “en opinión de la moralidad conservadora propugnada por los gobiernos e instituciones religiosas”, permitía que las esposas sean más fieles pero “no necesariamente más osadas amantes”. Ante tal circunstancia, el hombre en comparación de la mujer, gozaba de mayor libertad. Él para preservar esa unidad “moral” familiar, podía satisfacer su lujuria con otras mujeres que la sociedad las tenía en baja estima, como a las prostitutas.

Reich, también estudió el cuerpo humano. Comprendía que la rigidez física manifestada en la musculatura, postura, las articulaciones o algunos rasgos faciales mostraban “los acontecimientos históricos y las turbulencias de toda una vida”. Que el cuerpo como una “armadura” se había desarrollado para resistir el dolor y el rechazo, por lo que de esa manera este había “bloqueado su capacidad para el placer y el éxito; sentimientos escondidos demasiado profundamente podrían ser liberados sólo por actos de autodestrucción o perjudiciales para los demás. Reich estaba convencido de que la privación y la frustración sexuales motivaban gran parte del caos y las guerras del mundo actual (el lema de los años 60, “Haz el amor, no la guerra” con respecto a la guerra de Vietnam reflejaba de algún modo el pensamiento de Reich)”. Más aún, Reich afirmaba que las personas que carecían de una vida plena sexual terminarían considerando cualquier expresión de esta como “viles y degradantes”. Así explicaba el concepto de “pureza religiosa” de muchos líderes religiosos y su animadversión a cualquier expresión de placer físico.

Luego del fallecimiento de Reich en 1957, ya en los años 60s, la vida y obra de este autor fue de interés. La sociedad norteamericana le echaba más atención y ya no solamente los académicos disidentes o los jóvenes del “movimiento beat” como Kerouac, Burroughs o Ginsberg. Manifestaciones públicas de El Movimiento por la Libertad de Expresión de Berkley en 1965 (Freedom Under Clark Kerr – Fuck) y las de las protestas de los grupos que defendían los derechos civiles y los antibelicistas crearon toda una corriente juvenil de desafío a las autoridades gubernamentales y religiosas. Sin embargo, no solamente los jóvenes rebeldes fueron los que despertaron de esa represión sexual, sino también la clase media acomodada, que con un inicial perfil bajo ya valoraban el placer como el principal objetivo del coito. Los estudios de los investigadores Masters y Johnson ayudaron a comprender la dimensión de estos deseos y su importancia como terapia sexual. De esta forma, personajes como John Williamson y su esposa Barbara Cramer, decidieron ir más allá, pues se percataron que aún si bien el cuerpo se liberaba, aún la mente se encontraba reprimida por el sistema. Entonces ellos imaginaron construir una comunidad que alterara el sistema sociopolítico por medio de la experimentación sexual. Querían “demoler las antiguas normas del doble código sexual, liberar a las mujeres de sus papeles de dependencia y crear un medio sexualmente libre en el que no habría necesidad de ser posesivo, celoso, culpable o mentiroso”.

Gay Talese nos cuenta este proceso de construcción de una comunidad transgresora desde diversas aristas que al final convergen. Por un lado, narra las vivencias íntimas de la pareja Williamson, en cómo es que estas personas siendo hijos de su tiempo, logran concebir esta idea y de igual forma, al también adentrarnos en la historia del matrimonio Bullaro, miembros de dicha comunidad llamada Sandstone, nos percatamos cómo es que esta forma de desafiar a los convencionalismos sexuales de su época, altera la rutina, sentimientos, prejuicios y convencionalismos de los individuos a un nivel muy íntimo.

Paralelamente, las disputas legales entre editores y los tribunales norteamericanos le dan un contenido argumentativo valioso al libro. Las circunstancias, los alegatos tanto de defensa como en contra de las publicaciones eróticas de esos años, perfilan los conceptos sobre la moralidad que se han ido definiendo en el transcurso del tiempo. El caso Redrup fue emblemático. Al declarar el Tribunal Supremo en 1967 que pequeños libros como “Pozo de lujuria” o “Agente de vergüenza” no eran obscenos, abrió el camino para que distintas publicaciones como “El Lamento de Portnoy” de P. Roth o las obras de Norman Mailer, Williem Styron o John Updike fueran editadas sin temor a la censura o que sean enviados los editores a prisión. No obstante, las objeciones fueron fuertes de la C.L.D (Ciudadanos por una literatura decente), que había ejercido una fuerte influencia para que cerraran librerías y salas de cine pornográficas e iniciar varios procesos legales contra editores, y volvieron a mover sus influencias debido a la liberalidad sexual del Tribunal Supremo al permitir la publicación de tales obras. En otro proceso, el editor de revistas eróticas, William Hamling, que asumió la defensa en el caso Redrup, decidió publicar y distribuir el informe ilustrado de la Comisión Presidencial sobre la Obscenidad y la Pornografía que había sido creada en el gobierno de Richard Nixon y que había concluido que “el comportamiento criminal no era resultado dela pornografía (…) y por esta razón la mayoría de Lockhart (presidente de la Comisión)recomendaba que el gobierno de los Estados Unidos –que anualmente invertía millones de dólares provenientes de los contribuyentes en perseguir y acosar a los pornógrafos, con resultados cuestionables-, debería abolir todas las leyes tendientes a privar a los adultos del derecho a ver o leer el llamado material pornográfico.” Informe que el presidente William Lockhart había pedido que las opiniones dadas en él, jamás sean reveladas al público o funcionarios políticos porque tenía “la impresión de que formaba parte de un proyecto de investigación potencialmente incendiario, y que si se lo manejaba mal o se revelaba de forma prematura y fragmentaria a la prensa antes de que la Comisión hubiera completado e interpretado su investigación, podría producir una gran confusión y una polémica que menguarían el impacto y la importancia del informe final y sus recomendaciones.” La decisión de Hamling de publicar este informe hasta escandalizó al propio Hugh Hefner que decidió no reseñar la publicación, así el editor, Nat Lehrman le escribió: “Nosotros no podemos escribir una crítica felicitándole simplemente por haber reunido una gran cantidad de pronografía con un texto sobre lo inocua que es esa pornografía.” Vale la pena aclarar que este informe fue acompañado de imágenes que describían lo que la comisión analizaba y que habían sido vistas por ellos. Por ende, Hamling no agregaba nada. Sin embargo, lo que fue cuestionada fue la manera de publicitarla, pues el folleto que envió por correo a sus potenciales lectores para ofrecer el libro era el que fue puesto en cuestión ya que estos si bien incluían las imágenes que aparecían en la publicación, este no las describía. Ese hecho “había ofendido a una docena de ciudadanos y que se habían quejado oficialmente”. El juez Thompson, el encargado del caso, declaró culpable al jefe de Ediciones de Hamling, Earl Kemp, recibiendo una condena de tres años, así como a otros subordinados con libertad provisional por cinco años. Este caso hizo que el Tribunal Supremo alterara la definición de obscenidad que anteriormente les había dado cierta libertad para publicar sus ediciones eróticas. Así, se había quitado de la ley la frase “completamente sin valor de redención social”. Una expresión que los editores usaban en las apelaciones para que el caso fuera a su favor. Esta nueva ley dada en 1973 permitía que cualquier fiscal pudiera prohibir una obra sexual porque ya no tenía que probar que “carecía completamente de valor” sino que carecía de “un serio valor literario, artístico, político o científico”. Con esa nueva norma, las tendencias liberales quedaban anuladas.

En “La mujer de tu prójimo” encontramos una disputa constante, no solamente de los hombres contra las instituciones, sino también de ellos mismos contra su moral. Gay Talese, como el gran periodista que es, hace un acercamiento real. Él no solamente relata estos hechos desde la frontera sino que él mismo se involucra con todos los protagonistas de estas historias. Son nueve años a los que les dedicó esta investigación, entrevistando, visitando, mimetizándose con lo que quería describir. Siendo partícipe de una sociedad con la que él también interactuaba y de la que no se puede ser ajena. En cada dato y hecho que nos ofrece, nos hace un mapa genealógico de cómo se llegó a esa situación. Estudia su sociedad histórica e íntimamente y que a pesar de haber pasado varios años, podemos leer en ella bastante actualidad.

Es emblemático uno de los pasajes finales, donde un Gay Talese que se pasea desnudo en una playa nudista divisa al otro lado, en unas barcas, a unos sujetos vestidos con trajes de baños o pantalones cortos que saludan a los nudistas y estos también le devuelven el ademán. Aunque observa en ellos que son desvergonzados voyeurs porque muchos tenían prismáticos y telescopios. Así despide Talese este magnífico libro. En que con una figura nos muestra a los liberados y al otro lado a los que anhelan serlos. La sexualidad como un bastión a conquistar y que aún nos faltan muchas luchas para entender que vivir con nuestro sexo a plenitud es una condición natural de la humanidad.

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