El Escape Infantil: “Celestino antes del alba” De Reinaldo Arenas (1967)

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

Un libro que representa la libertad individual, la oportunidad de escapar de lo más horrendo y vulgar para encaminarse hacia la fantasía en donde lo ruin puede transformarse en situaciones alucinadas. Y qué mejor manera de lograrlo con la imaginación de un niño atrapado en un mundo rural hostil donde su abuelo salvaje y furioso anda sujeto a un hacha amenazante. Una abuela abusadora y su madre, enloquecida, desea morir al no poder soportar la desobediencia de su hijo. Su huida es la desventura de Celestino, el único personaje que podríamos considerar puro y en el que él mismo niño se refleja, e intrigándose durante todo el relato su necesidad compulsiva por escribir poemas por todas las matas de los árboles.

Reinaldo Arenas, con prosa por momentos desconcertante, narra las alucinadas interpretaciones de su personaje donde trastoca lo fantasioso con lo real. Donde los fantasmas de brujas y de duendes salen de la imaginación e invaden su entorno. Una infancia tremendista y desgarradora en el que lo candoroso de la inocencia se resiste a la brutalidad familiar en la que está inmerso y atrapado. Y de ahí la alegoría con la realidad que le tocó vivir al autor, ya que para un niño, su familia lo es todo y de esa no hay escape a menos que imagine un mundo mejor que solo pueda existir en los sueños.

Fragmento:

“Mi propia madre, que algunas veces se porta tan furiosa, hay algunos momentos en que parece distinta… Y todavía me acuerdo que un día, cuando yo venía del pozo con las dos latas de agua al hombro, ya casi llegando a la casa, di un resbalón y me caí. Entonces me entró una tristeza tan grande que lo único que pude hacer fue revolcarme contra el charco de fango que se había hecho en el suelo, y empezar a llorar. Y mi madre, que me estaba mirando desde la puerta de la cocina, vino caminando hasta mí y yo me dije: “Ahora seguro que me cae a trompadas”. Pero no lo hizo. Sino que se agachó sobre el fanguero y me pasó la mano por sobre la cabeza muy despacio como si quisiera alisarme el pelo –que siempre lo tengo tan revuelto, que abuelo dice que parezco una escoba al revés-. Yo me quedé muy sorprendido. Miré a mi madre, y, no sé, porque todavía era muy temprano y había mucha neblina, pero me pareció como si estuviera llorando… Desde entonces, cuando me caigo con las latas de agua en mitad del patio, me quedo muy tranquilo, esperándola. Aunque algunas veces me equivoco y en vez de pasarme la mano por la cabeza lo que me pasa es un garrote. Pero de todos modos yo ya no podré sacármela de la memoria así como así. Y siempre me la imagino agachada junto a mí en el fanguero y pasándome la mano por la cabeza, mientras sus ojos comienzan a brillar y a brillar a través de la neblina enorme que cubre estos lugares por las mañanas…”

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DATOS

Novela premiada en La Habana con la primera mención en el concurso nacional de novela (Alejo Carpentier encabezó el jurado) en 1965. 238 páginas

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