Walter Ventosilla Quispe

Les platanes à Céret (1920)-Chaïm Soutine
El escritor peruano, Fernando Morote, destaca que sus escritos no son ni poesía ni narrativa, rechazando así una clasificación genérica; sin embargo, esa confesión de desapego a estructuras poéticas y literarias narrativas conducen, literariamente en su composición, sutilmente al lector hacia una escritura introspectiva que tiene como núcleo la filiación familiar, la cual se va revelando en párrafos a través de una especie de monólogo interior íntimo en voz alta, el que se concatena hábilmente con expuesta lírica de vida; esto es, al momento en donde el creador recurre a la fijación de sus recuerdos familiares, los que han determinado su existencia y que ahora se plasman en la realidad verbal del pretexto creativo que trasciende la autobiografía, para exponerse en la sinceridad de una lectura de confesiones compartidas que el autor le ofrece a sus lectores.
Para ello hace uso técnico de recursos textuales, rítmicos, aunados a un versado tono conversacional, el cual recorre los textos con cierta sutil ironía mientras va describiendo su entorno familiar, muchas veces con el empleo de metáforas que describen rasgos físicos, caracteres psicológicos, relaciones consanguíneas, atmósferas familiares y, aún, mundos interiores de todos esos referentes parentales que se fueron formando como parte de su hábitat, desarrollo cultural y social, así como madurez emocional, relacionando esa condición humana enmarcada por nexos geográficos de un entorno regional; esto es, ciudades o pueblos que conectan su mundo interior con el pasado inmediato de cada uno de los miembros de su adquirida familia, el cual queda impreso en el pálpito afectivo que subyace a lo largo de la lectura de “Torrente sanguíneo”.
Toda esta construcción significativa, poético-narrativa, se erige gracias a un lenguaje accesible, decodificable, sin perder su densidad simbólica, semántica o figurativa en los testimonios expuestos página tras página; y que no quedan, a través de todos los párrafos que conforman su sanguíneo torrente, en apenas una enumeración de hechos familiares temporales, sino en una progresión discursiva del texto que adquiere, paso a paso, un carácter casi novelístico mientras nos va mostrando una saga, la suya, que terminó construyendo esa personal existencia que el lector encuentra latiendo palmo a palmo en el gran logrado libro.
Los textos, construidos con versos de recurrencias sonoras que encajarían en una rítmica narrativa poética, van hilvanándose a lo largo de toda la construcción literaria, entre lo explicativo y lo evocador, entre lo denotativo, como imagen, y lo connotativo como atmósfera emocional; de tal manera que, por citar una de sus vertientes estructurales, un pueblo o ciudad termina siendo un familiar, y allí se destaca esa conexión terrenal, de raíces telúricas, como sustituto del paradigma familiar. Lo expuesto lleva a encontrarse con el leitmotiv, o espina dorsal, de todo el libro: abordar la adopción, o una paternidad asumida desde la íntima aceptación maternal, en principio y en detrimento de cualquier conflicto que fije deterioros emocionales insalvables en el tiempo; y, de ocurrir, solo pueden ser salvados por la literatura, ese exorcista de los demonios interiores de todo escritor.
De tal manera que el yo narrativo no expone culpas, sino que, a partir de la labor creativa, construye o reafirma su identidad afectiva, reconstruyendo sus relaciones y universo humano desde la exposición de versos que amalgaman sus raíces humanas y sociales, equilibrando gratitud por la vida con cierta ironía e incluso melancolía. En suma, en medio de la construcción de los textos, se encuentran emociones complejas expresadas con lenguaje sencillo, y allí radica la habilidad narrativa en la construcción literaria de Fernando Morote, cuando compone textos en tono confesional imbuidos de un gran sentido humano, dosificado en la exposición verbal y en la adjetivación que no gira en ningún momento hacia un desfogue o deshago emocional que convierta al texto en una letanía; por el contrario, se elevan como si se tratase de cantos poéticos que muestran hábilmente lo más sublime de la estirpe humana a partir del enfoque que hace de su familia y de cada uno de sus componentes.
“Torrente sanguíneo”, transparente en realidades verbales, posee una gran fuerza literaria y emocional, donde el afecto del yo narrativo construye pertenencias sólidas afectivas por encima de las sanguíneas del yo narrador. Siendo uno de sus más grandes aciertos el no convertir en tan solo una biografía al yo narrador, sino en la exposición de la asunción del sujeto que narra en la construcción del vínculo paternal de manera consciente, dejando a la ficción del mundo objetivo la responsabilidad de lindar con la semiótica realidad del tamizador de su propia vida a partir del reflejo de cada uno de los miembros del hogar, sin que realmente haya sido un hogar en toda la extensión de la palabra. Es ese el momento en donde la buena, la magnífica literatura cobra inmanencia humana para trascender en el tiempo como obra artística. En otras palabras: la literatura funciona como un filtro mediante el cual el autor transforma su experiencia vital en una realidad literaria. Fernando Morote parte de una genealogía incierta para construir en “Torrente sanguíneo” una genealogía afectiva cierta.
Otro aspecto para resaltar es que se perciben los versos como latidos del alma de una estirpe que el escritor recrea buscando reconstruir la paternidad que el destino le ha dejado, en donde la verdad de una sangre incierta se contrapone a una sangre ricamente simbólica, permitiendo que el afecto se reinvente sobre los escombros de la indecisión existencial. Facultando que en los pequeños rasgos expuestos el narrador muestre sus mayores virtudes para la construcción de un firmamento familiar a través de la versificación de la ficción narrativa, y que, como ya he mencionado antes, termina edificando la universalidad de un libro que a todas luces posee esas dimensiones literarias que le permiten, a toda excelsa obra literaria, trascender al creador y su entorno para trascender en el tiempo y en todos.
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Walter Ventosilla Quispe (Lima, 1959) es un actor, director, narrador y dramaturgo peruano. Ha publicado novelas, cuentos y obras teatrales .
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