Apuntes gramaticales sobre “LA VIDA EN MICRO (efectos de una aVerración salBaje)” de Fernando Morote


Procopio Zevallos









Es cierto que, a primera vista, genera confusión y desconcierto, induciendo a un natural error de apreciación. Pero la verdad es que Fernando Morote utiliza deliberadamente las faltas de ortografía en “averración salbaje” como un recurso artístico de ironía y provocación.

En el subtítulo original de su obra «LA VIDA EN MICRO», el intercambio de la “b” por la “v” es un acto de rebeldía estética muy alineado con la literatura sucia e irreverente que él desarrolla.

Este sutil sabotaje gramatical responde a intenciones estilísticas bien definidas.

El libro reúne 60 microhistorias inspiradas en los atropellos, peleas y anécdotas delirantes que se viven dentro de los vehículos de transporte público informal del Perú (popularmente llamados “micros” o “combis”). Al escribir mal a propósito esas palabras, Morote mimetiza el lenguaje de la calle. Juega con la falta de educación o el descuido de los letreros pintados a mano en las combis urbanas, donde este tipo de errores ortográficos son sumamente comunes.

El autor también utiliza el subtítulo para incomodar a la sociedad limeña tradicional, a la que él mismo define como pacata o cucufata. Para un purista del lenguaje, ver “averración salbaje” impreso en la portada de un libro es una aberración en sí misma. Morote, como es habitual en sus trabajos previos, se burla de las normas solemnes y de la rigidez académica a través de esta provocación visual.

Por otro lado, muchas de sus reediciones completas y publicaciones se agrupan bajo el sello de Ediciones Erradícame. El propio nombre de la editorial ya sugiere una intención de destruir, tachar y romper con los cánones establecidos de la alta literatura. Romper la ortografía en el título es su declaración de principios antes de que el lector abra la primera página.

Si el libro habla sobre los efectos de una experiencia “salvaje” y “aberrante” en la cotidianeidad urbana, el título debe verse deformado, salvaje y aberrante. La tipografía y la ortografía rotas actúan como un espejo directo del desorden que narra en su interior.

En resumen, puede decirse que en “averración salbaje” no hay error ortográfico, hay provocación estética.



Procopio Zevallos. Profesor de Lengua y Literatura


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