Juan Alberto Campoy

Hernán Cortés y sus huestes entrando a Tenochtitlán (2020)-Augusto Ferrer Dalmau
Una cosa es que no podamos conocer las causas, sino sólo sus efectos, como sentenciaba David Hume, y otra cosa es que las causas no existan. Naturalmente que existen. Todo lo que ocurre en este mundo tiene un porqué. O, dicho de otra manera (no sé si más filosófica o más pedante): «nada ocurre en el mundo sin una razón suficiente», que dijo el bueno de Santo Tomás (supongo que David Hume también sería bueno, pero no tengo la completa certeza, sin embargo, ¿quién sería tan osado de dudar de la bondad de un santo?).
Así que, si aquí en Guatemala, en vísperas de la final del mundial de fútbol, se ven muchas más personas luciendo camisetas a rayas azules y blancas, en apoyo de la selección argentina, que camisetas rojas, en apoyo de la selección española, debe ser por algo. Algo que es fácil de imaginar, pero que yo me resistía a admitir.
Con la intención de salir de dudas, le pregunté a una vendedora del mercado de artesanías, quien me respondió: «pues está claro, ¿no?, por la Conquista, ¿por qué iba a ser si no?». A continuación, se echó a reír, cómo si su respuesta fuera una mera broma, una humorada debida solamente a sus ganas de pasarlo bien y de chincharme un poquito. Pero, como diría mi madre (y ella nunca se equivoca): «entre broma y broma, la verdad asoma».
En fin, que parece que España, en lugar de la «madre patria» sea la «madrastra patria». Todavía no han pasado nada más que unos 500 años desde la Conquista. Yo creo que cuando pasen otros 500 años ya se habrán limado todas las asperezas y apenas habrá nada que enturbie nuestra relación con los países hermanos de allende los mares. En cualquier caso, es una alegría saber que los guatemaltecos y los argentinos se tienen tanta simpatía. Tal vez no sea ajeno a ello el hecho de que compartan un mismo idioma, una misma cultura y una misma religión. Como decía al principio, no podemos saber la causa, pero ahí adelanto mi conjetura…
