Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Cuando perdí el temor a decir “no sé”.”

Ítalo Costa Gómez







Yo empecé a trabajar muy jovencito. Siempre he estado rodeado de personas mayores que yo – en la vida y en la chamba -. En todos los rubros en los que he trabajado ( el teatro, la radio, la tele, el baile, el circo, etc.) me acompañaban personas más grandecitas y que sabían mucho más que yo.

Eso me hacía sentir muy mimado pero también muy inseguro por momentos porque sentía que mi punto de vista no tenía el mismo peso entonces cuando me preguntaban algo que yo no sabía en lugar de decir la verdad decía la primera pichulada que se me venía a la mente. Alguien hablaba de algo que yo no entendía y respondía “claro, claro… estaba por aportar algo muy similar, estamos conectados” y me moría de miedo.

Era justo lo que iba yo a decir. El Chapulin pink version.

Así no solamente vivía intranquilo, sino que también me cerraba las puertas a la posibilidad de aprender. Nadie me decía mucho sobre las cosas porque asumían que yo ya sabía del tema. Esa actitud equivocada terminó de una manera que recuerdo con infinita ternura.

Cuenta la historia que estaba en los estudios de Panamericana Televisión en el año 2003. El programa que visitábamos se llamaba “La Alegría del Mediodía” que era conducido por Jeanet Barboza. Había ido con un grupo de teatro para presentar una obra de la que formaba parte.

La juventud y la poca experiencia nunca se revelaban los cinco segundos que estaba al aire sino detrás. Cuando tenía que hacer trabajo detrás de cámaras. Yo estaba estudiando periodismo aún y se supone que debía saber algunas cositas como ayudar a dirigir a mi equipo desde el switcher a través del teleprónter. Ellos asumían que yo sabía y y no desmentía.

Yo ya había salido de escena y estaba con el recordado productor Fernando Guille y su equipo. Uno de los chicos me preguntó:

– Tienes tiempo en esto, ¿no, Italo? Tu viejo sigue haciendo televisión hasta ahora. El otro día lo vi en el dos.
– Sí… hace tiempo que no veo a mi papi pero sé que anda por ahí.

Yo sí pues, trabajando en esto ya tengo bastante tiempo. – no mentía pero exageraba un tantito en el “bastante”.

– Entonces quédate y dame la mano. Dirige tú a tu gente desde acá. Ellos te van a poder leer por aquí y escuchar por acá…. – empezó a hablarme en términos tecnológicos que yo no conocía y empecé a ponerme muy nervioso. Literalmente me temblaban las piernas como a Shaggy y a Scooby Doo cuando la momia esa sale del ataúd.

[¿No entiendes nada nada nada nada nada nada nada nada?
Que no. Que no.]

Estaba más perdido que esos brothers de Lost que nadie entiende mucho que coño pasó con su vuelo. Al menos yo no entendí porque la vi por partes y no sé si el avión ese pasó por el Triángulo de las Bermudas o algo así y de pronto estaban en la Isla de Guilligan. Una cosa de locos.

El chico empezó a notar que yo estaba tenso y mis movimientos eran torpes. No atinaba a apretar nada porque tenía miedo que explotara.

[Mismo Homero Simpson en la planta nuclear. Ouh! ]

– Italito, ¿Puedo darte un consejo? – me dijo el hombre de televisión con voz cariñosa. Como un papá.
– Sí. – tímido con la cara casi dentro de la chompita.
– Nunca temas decir que no sabes de un tema. No tiene sentido porque lo que tú quieres es aprender. Eres muy jovencito, no tienes por qué saber. Vas a pasar roche y lo que es peor nunca podrás aprender… Ven, mira, éste botón es el que te va a conectar con esta cosa de acá… Me hablaba en simple, me lo explicó con manzanas, y empecé a aprender.

No hice el trabajo solo, prácticamente yo lo asistí a él pero me hizo sentir que lo había hecho solito y no soporté las ganas de abrazarlo.

– Gracias, – le dije emocionado al mango – porque lo que hiciste hoy por mí lo voy a recordar siempre. Ha sido una linda lección.

Me regaló una sonrisa ancha y terminó el encuentro.

A partir de ese día cada vez que no entiendo algo o no sé de un tema le pregunto a la gente que sabe sin ningún tipo de ridículo pudor. Una de las frases que me sale con más facilidad y que me ha abierto un mundo de oportunidades es: “No sé, ayúdame a entender.”

En el único lugar en el que no digo eso es en la cama. Ahí me hago el pendejo, todo sé sho. ¿Sí o no? Claaaaaro.

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Cuando perdí el temor a decir “no sé”.”

  1. Yo también me he hartado de manzanas, con lo de las explicaciones digo. Y también tuve una etapa, cortita, todo hay que decirlo, porque las ostias volaban que ni las olías, sobre todo en la chamba.
    A la fuerza ahogan, si no aprendes a nadar rapidito, pero es lo que hay que hacer, ser super-recontra-pesado preguntando a quien sabe, aunque a veces te coma la vergüenza.
    El tiempo todo lo ubica si eres profesional y ya ves, en mis últimos años en el mundo del libro, acabé enseñando a muchos chavales, que también se ponían rojos por no preguntar.
    En esta vida uno no acaba nunca de aprender, no obstante. Cosas del niño chico que uno aún lleva dentro y que saca las orejas de vez en cuando, gracias a Dios. Cuídate, chaval, Abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .