Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Una mentira piadosa”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 


¡Qué tiempos tan duros estamos pasando en el mundo con todo esto del Coronavirus! Cuánto dolor está experimentando el mundo entero. La vida que conocíamos ya no es la misma, pero déjenme ver, pequeños irreverentes, si puedo alegraros con un recuerdo de esa vida que ya no existe más.

Me gusta ser una persona transparente. Creo que la honestidad es un camino maravilloso hacia la libertad. Por eso cada vez que escribo algo para ustedes intento ser lo más honesto posible, aunque muchas personas puedan tildarme – con toda justicia – de meloso, supersticioso, pretencioso o lo que quieran. Siempre me muestro tal cual soy. No todo el mundo me va a querer ni a todos les voy a gustar. Ni que fuera miel de abeja vertida sobre George Clooney, pero al menos siempre les seré sincero. Me querrá la gente correcta.

Naturalmente hay momentos en mi día a día en los que no siempre puedo ser tan franco. Cuando tengo que decir alguna mentirilla es comúnmente inofensiva como: “te quise llamar, pero no tenía saldo” o “no te ves gorda con ese vestido, te ves… ¡power!” y cositas así.

Déjenme compartir con ustedes una de esas mentiras piadosas que dije en una situación absolutamente inédita.

Cuenta la historia que había conocido por Internet a un chico muy agradable e inteligente. Decía leerme todos los días religiosamente y me hacía sentir muy bien. Se le podría describir como una persona muy gentil. Era generoso y medio pícaro al momento de responder. Me sentía muy contento con sus inquietudes ante mis relatos. Parece que sus curiosidades iban un poquito más allá. Un día decidió escribirme un mensaje privado.

– Hola, Ítalo. Quisiera saber si podría invitarte un Starbucks. Quisiera conversar un poco contigo. El día que tú puedas. Espero que no te incomodes.

Acepté el café. No tenía nada de malo y además el muchacho me parecía súper buena onda y gracioso. Que haya propuesto un lugar público también me daba tranquilidad. Cerramos para un sábado a las nueve de la mañana.

Cuando llegué lo encontré muy nervioso y trataba de hacerle bromas y contarle algunas cosas escondidas que nadie más sabía sobre los textos que había comentado en mis redes sociales. Quería que se sintiera contento porque yo también estaba pasando un buen rato. Todo estaba simpaticón hasta que mi destino jacarandoso hizo lo suyo. Después de media hora saltó la nutria.

– Que graciosas son tus historias, Italo. Me gusta saber más… aunque quisiera saber por qué nunca hablas de sexo.

[OK… destino mío, yo sé que eres pendejerete y palomilla, sin embargo me parece un poco achorado de tu parte que me envíes gente tan random. Dime una cosa: ¿soy yo el problema?, ¿doy las señales equivocadas? Ayúdame a ver la luz. Pare de sufrir]

– Ah bueno, jajajajajaja… siempre juego un poco con el tema, pero trato de no ser taaaaan concreto. Pienso que es bonito ser sugestivo sin necesidad de ser explícito.
– A mí me gustaría que escribas más sobre sexo. No tiene nada de malo hablar de sexo.
– Mmmmmm…. Podría ser una opción para más adelante. Oye, qué linda mañana he pasado, pero tengo que irme ahoritita. Tengo otro compromiso… ¡otro desayuno!
– No has terminado tu café. ¿Te he incomodado con lo del sexo?

[Decía “sexo” una vez más y me iba a reír en su cara pelada antes de lanzarme el frapuccino de caramelo en la cara]

– No, no… todo paja con lo del sexo, solo que debo irme. El café… mmmmm… me ha aflojado un poco el estómago creo… Y bueno… gracias por todo…. mmmmm…. Adiós.

Salí disparado del local sin mirar atrás. El gentil lector tuitero (ya que ese obsequio fue de Twitter) me dejó de seguir y no volvió a leer mis historias o al menos no las ha comentado nunca más.

Si lees esto, querido Gerónimo, lamento haberte mentido con lo del segundo desayuno falso y la diarrea. Me pusiste muy nervioso. Quizá la podamos seguir en otra oportunidad, pero tratemos de no hablar del Kamasutra o de consoladores tan temprano. Un consejito: cuando quieras hablar de eso invítate un vodkita, porque con el café no te va a dar buenos resultados y eso va para todos ustedes, pequeños mañosines.

La próxima historia será sobre sexo a ver si me liga una cita nueva. Sexsho compro, sexsho vendo, sexsho arriendo.
Sexsho Sexsho.

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