¿Dónde empieza el escritor y acaba el cinéfilo?: “El antídoto del neurótico” de Fernando Morote

Miguel Rubio Artiaga

Nighthawks (1942)-Edward Hopper

 

Cuántas veces una pantalla por donde solo pasean los blancos y negros nos ha hecho ver la vida en colores. Fernando Morote lo ha vivido en plenitud y nos lo transmite en su libro “El Antídoto del Neurótico”: esa sensación que todo artista siente ante una obra acabada y que ya pertenece también a la Rosa de los Vientos y su impredecible señalar nómada.

Al principio nos dice el autor como los libros son convertidos en películas con frecuencia, pero no al revés. Deja claro que su sueño es conseguir como escritor eso mismo. Que sean las películas, muchas veces auténticas joyas de arte, las que, como tales, provoquen la aparición de un libro. Fernando como quien no quiere la cosa lo ha hecho. Literatura y cine.

Siendo consecuente con sus ideas, es así como está planteado el texto. Un texto que bien podría ser el guión de una película de muchas, la película de las películas. Es muy fácil, para los que conocemos a Fernando, verlo presentar en pantalla las cintas que escoge para exponerlas y hablar sobre ellas.

Los entusiastas del cine entramos en un mundo siquiera imaginable cuando, de forma tan parecida al autor, pasamos de los cines de barrio con sus vaqueros, comedias grotescas y romanos a los cines llamados de Arte y Ensayo ¡Con subtítulos! Las películas, prácticamente todas en blanco y negro, nos enseñaron que la vida podía ser en colores, como lo es en realidad. Más cuando vives en una dictadura que pregonaba el gris como forma de existencia.

Por suerte, los ávidos censores eran tan miserables como imbéciles. No eran lo suficientemente inteligentes para ver cómo cintas de Países del Este, Rusia a la cabeza, como alemanes, franceses, holandeses, italianos, japoneses, hindúes, estadounidenses, árabes y tantos otros te estaban contando unas formas de vivir y pensar que no podías ni soñar, al mismo tiempo que te identificabas con los personajes y la trama, con una sencillez que te calaba por dentro y te hacia ver que el Mundo se mueve entero por las mismas cosas.

El cine que nos enseña Morote abarca y crea complicidad desde el abuelo al nieto. La gente bajaba despavorida esas enormes escaleras, huyendo de la masacre, caía un coche de niño a su suerte, saltando de escalón, con la madre desesperada e impotente, cuantas veces homenajeada esa escena después desde 1924 cuando fue creada muda por Eisenstein, así creaba ese genial director. Qué decir de la sonrisa irónica al ver cualquier versión de LOS SIETE MAGNÍFICOS cuando has admirado en éxtasis LOS SIETE SAMURAIS de Akira Kurosawa rodada en 1954. Son muchas las escenas del cine clásico que encierran tanto, desde sentido del humor a metafísica. Cuántas tenemos grabadas en el cerebro como estampas que nos remueven por dentro, y es que las tenemos interiorizadas para siempre.

Fernando Morote no escribe de cine, es cine cuando escribe. Después de leerlo , es de esos libros que se lee solo, nadie diga que no hay un sendero sencillo, profundo y ameno para iniciarse y comprender el arte cinematográfico.

¿Dónde empieza el escritor y acaba el cinéfilo? Eso solo lo puede saber él, puesto que en las dos cosas es un maestro.

Como él mismo dice……… su sueño es conseguir como escritor eso: Que sean las películas las que provoquen la aparición de un libro.

Quien mejor que él.

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