Amores a la carta: la especialidad del chef

Helga Martínez Pallarés

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Ho Ryon Lee

Sentada en el extremo en sombra de una cafetería cualquiera, Carol -bolígrafo en mano- como una colegiala ante los deberes de matemáticas, pensaba y pensaba, suspirando. Garabateaba a cada rato, tachaba y corregía, llenaba la página de flechas, subrayados y palabras abocetadas, escritas a medias…

Se lo había prometido a su mejor amiga, la “mística” Mamen, aficionada a regalar recetas de hada madrina, y que a veces, quien sabe por qué, acertaba con las sugerencias, como si de verdad fueran antihechizos y ellas víctimas de alguna rara maldición del destino. Y algo parecido tenía que ser, aquella soledad pegajosa que llevaba últimamente Carol sobre los hombros como una losa, más allá de la frontera inimaginable de los “treinta y muchos” -camino de los “cuarenta y pocos” en realidad.

Mamen le había sugerido hacer una lista y le alertó: “No encuentras el amor porque no acabas de visualizar bien lo que buscas y confundes al destino, que no sabe bien cómo alinearse para cumplir tus deseos. Así que ayúdale un poquito: ponlo por escrito, cómo quieres que sea exactamente el galán de tus sueños. Y ya verás como justo entonces, aparecerá…”

A  Carol le parecía una broma todo aquella historia de las listas. Esa costumbre que empezaba a ponerse de moda de mano de los gurús, los coachs sentimentales y los libros de atoayuda para chicas… Siempre le parecieron un poco tontas aquellas recetas, casi como los juegos de cartas semiadivinatorios a los que jugaban de adolescentes (para saber cómo iba a ser su “futuro” con uno u otro chico fichado a su alrededor) Nada que pudiera tomarse más que como lo que era, un simple juego.

Pero el caso es que varias amigas comunes juraban haberse emparejado gracias al método “Infalible” de Mamen. Y mal no le iba a hacer tampoco, claro. Si acaso le supondría una pérdida de tiempo, y a lo mejor una nueva decepción, pero nada más. Aparte de todo, igual no le venía mal aclarar sus ideas, hacer una especie de balance, y quién sabe si conocerse un poco más a sí misma, que tampoco estaba de más.

Por eso estaba allí, con un café y en un lugar anónimo y tranquilo, concentrada como si estuviera con un sesudo informe de trabajo. Haciendo la lista. Su lista. Esa que iba a ejercer, según Mamen, de fórmula mágica para asegurarse, rapidamente, la felicidad…

(Primero lo evidente ¿no?)

LISTA DE REQUISITOS:

Un hombre guapo (a ver, con que sea normal me vale, que tampoco yo soy Claudia Schiffer).

Amable (tampoco exagerando, que no se pase, que no estamos en el siglo XIX, pero un poco de… urbanidad).

Culto  (bueno, tampoco soy tan exigente ¿no? No hace falta que sea premio Nobel)… que no sea muy inculto mínimamente “culto” (aunque solo lea el Marca, pero que sepa leer, por favor).

Elegante  (ni que yo saliera en el Hola… esto da igual, lo voy a quitar).

Educado (sí, eso sí. Al menos que no se comporte en plan Neandertal. Nada del tipo “Torrente” como el último, por favor).

Deportista  (vale, no hace falta que corra la maratón, pero que no le importe andar cincuenta metros seguidos o correr un poco si es necesario, digo yo).

Rico (cualquiera diría que soy una pija o excesivamente materialista, lo tacho)…

Que me invite de vez en cuando a… cenar un café (y que no me lo apunte en el haber para cuando tengamos la primera discusión, a ser posible).

Y con esto, Carol pensó que había cubierto mínimos…. Un momento. Todo eso, más o menos ya lo cumplían sus parejas anteriores, ¿no? La cuestión es que “ESE” no era el problema. El problema estaba en el “PERO”. O sea que la lista importante no era tan evidente. La lista importante era la de lo que NO podía ser.

Miriam pasó la página. Ya embalada con la teoría del hechizo, cada vez más contagiada por el ambiente mágico y la superstición, empezó una nueva retahila, para que el destino no confundiera por error los términos y le proporcionara lo que deseaba y lo que de ninguna manera podría soportar, todo junto en el mismo lote, lo cual sería terrible de verdad.

La nueva lista en una hoja diferente, con un enorme NO al principio. Vuelta a empezar.

Que no juegue al futbol más de una tarde completa por semana.

Que no coleccione armas de fuego de ningún tipo de armas en general. Que no sea coleccionista de cosas raras (mejor).

Que no tenga hijos (imposible). Que no tenga más de tres dos hijos (mejor).

Que no viva con su madre. Que no me ofrezca vivir con su madre. Que no me compare con su madre. Que no busque en mí a su madre (espero que el destino lo entienda).

Que viva a menos de 20…50… 100 kilómetros de aquí.

………………………….

La lista seguía y seguía, hasta casi llenar el cuaderno. Carol rellenó páginas y páginas, cada vez más deprimida.

Al enseñársela a sus amigas, aparte de lamentarse amargamente con ella de lo dura que estaba últimamente la tarea de encontrar pareja, le recomendaron que fuera un poco “más flexible” y que se planteara ser un poco “menos exigente”, para aumentar sus posibilidades de éxito.

Después de mucho cavilar, Carol tachó casi el 50% de la lista. Y la colocó, bien visible, en la mesita de noche de su fría, siempre solitaria habitación.

Tres meses después, por fin apareció. El hombre de sus sueños estaba ahí y cumplía absolutamente TODOS los puntos de la lista. Incluso algunos que ni siquiera había recordado señalar.

Era guapo, inteligente, educado y cariñoso. Tenía dinero, era elegante, viajero, culto, divertido. Y muchas cosas más. Había encontrado la pareja perfecta, que cumplía, punto por punto (tal como le había augurado Mamen) todos los requisitos de la lista.

Pero era tremendamente infiel. Y no la quería en absoluto.

Los dos requisitos que había dado por supuestos no los había escrito, así que no podría reprocharle nada  al destino, que había cumplido estrictamente con su solicitud… sin posibilidad alguna lamentarse o de reclamar.

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3 Respuestas a “Amores a la carta: la especialidad del chef

  1. Helga Martínez Pallares nos desnuda una vez más con su habitual originalidad y talento el alma sensible, tierna, entrañable que poseen algunas personas. ¡Estupendo relato!

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