El Realismo Onírico: “Fábula de los cuerpos calientes”, De Gimena Vartu

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

George Steiner afirma que “la crítica literaria debiera nacer de una deuda de amor para con la obra comentada” reconociendo que de todo aquello de lo que se habla es porque despierta un interés personal. La lectura de un libro determinado produce una relación en la que podremos sentirnos compatibles o rechazados. En uno y otro lado, la intensidad es lo que cuenta. Es decir, si el libro causa interés positivo o negativo siempre vamos a querer dar nuestra opinión, y si ese sentimiento no llega a despabilarnos, también puede provocar indiferencia.

Comentar un libro es expresar una idea sobre aquello que se nos acaba de revelar, dialogar con lo leído y así equilibrar la relación que se ha establecido con la lectura. Quedarse callado ante lo que nos impresiona podría ser tomado como un acto de desagradecimiento por lo que se nos ha conferido. Y eso me trae a la mente la historia de El burro y los libros de la fábula de Esopo, donde se narra la historia de aquel ingenuo animal que creía que devorando literalmente los libros podía acceder a los conocimientos ahí escritos. Relato que me hace pensar en los lectores que pasan de un libro tras otro sin hacer la digestión y terminan empachados de ideas ajenas. Yo opto por ser un lector rumiante, esos que mastican una y otra vez con paciencia y constancia lo leído. No todo lo que se lee se puede comentar ya que como dije líneas arriba, algunos textos nos son indiferentes o son demasiado reveladores para siquiera dar una opinión al respecto. No sin antes aclarar que la indiferencia por un texto determine que sea malo, al contrario, puede ser muy bueno pero no despertar en uno algún interés particular ya que no se ha establecido con él una conexión emocional y por el contrario, ser tan malo que genere rabia incontenible.

El libro Fábulas de los cuerpos calientes justamente es de aquellos que despierta la necesidad de decir algo por agradecimiento. Donde uno encuentra la conexión con las emociones y el inconsciente propios. Las historias que contiene el presente trabajo son el preámbulo de algo mayor. Cada relato nos narra diferentes sensaciones con las que un lector intenso se pueda identificar. La exploración narrativa de la autora, Gimena Vartu, comprende desde el placer, el deseo, la inseguridad, el rechazo, el miedo, y en todos ellos se percibe un halo onírico o como la autora le llama, un realismo onírico. En su lectura encontraremos la gravedad de la vida sintetizada en episodios concretos. La introspección conjugada con el diálogo hacen verosímil los sentimientos de los personajes. Un detalle que no podemos dejar pasar por alto es la incertidumbre y la sorpresa. No porque las historias nos estallen en la cara, sino porque las emociones retadas en los cuentos, son resueltas no con dramatismo ni forzadas moralejas, sino con actitudes muy humanas porque lo vivido y contado en este libro, es tan introspectivo como mundano a pesar de lindar, en muchos casos, con lo fantástico. Y es que el ser humano está formado con sus propias contradicciones. Ante los dramático, nuestro conclusión es ser un individuo resignado, ante lo aborrecible, lo rendidamente justificado, y ante lo imposible, el ferviente deseo.

La certeza no es parte de esta Fábula de los Cuerpos Calientes. Y si nos dejamos llevar por el título de este libro, no encontraremos las moralejas o las sentencias de cómo debe ser la vida que nos tienen acostumbradas, quizás con ingenuidad, las fábulas.

Por comentar algunos de los relatos, podemos mencionar la primera historia que le da el título a la obra. Aquí, hallaremos una muestra de que la vida es más compleja que todo el malditismo adolescente. “Todos los Colores”, en el que el deseo intenso se disipa en un coctel de emociones juveniles para transformarlos en primeras imágenes poéticas. “Chiquita”, donde nos adentra en una angustia femenina onírica o “La pasión es algo, la amistad es todo”, que nos reta a quebrar los convencionalismos sentimentales con un dinámico diálogo revelador.

Todas las historias contienen escenas intensas en la vida de los personajes, que indudablemente, de vivirlos, nosotros diríamos que fue el momento en que dejamos ciertos paradigmas para optar por otros.

Aquí me detendré para mencionar lo escrito para el prólogo del presente libro:

En la búsqueda de lo que nos deslumbre como seres humanos, elaboramos mundos ideales e irreales. En ellos fantaseamos, nos alojamos y convivimos con las imágenes de ensueños recurriendo a las expectativas de un destino controlado en el que podamos determinar dónde colocar las sombras y la luz o sobre quiénes caerán las condenas o las absoluciones, siendo jueces de lo que imaginamos que debería ser la vida. Sin embargo, en ese proceso personal al que sometemos nuestra existencia y las de otros, nos condenamos a nosotros mismos al desamor y a la nueva visión del mundo al que debemos adaptarnos. En Fábula de los cuerpos calientes encontraremos la presencia de esa ruptura, de la visión sensible aferrada a una identidad certera de los personajes para transformarse en otros más complejos. Aquellos a los que los sentimientos ignorados se les presentan reveladoramente para cambiar el rumbo de sus anhelos y miedos.

Esta obra contiene siete relatos donde no falta la introspección constante, la duda permanente y la revisión intensa de lo que en ese instante les sucede a los individuos principales de cada historia. Si queremos buscar una palabra que aglutine dichos argumentos podríamos decir que es la interrogación, para luego ser testigos del inicio de probables resignadas respuestas.

La autora hace interactuar a los personajes con sus cuestionamientos. Las tramas son los detonantes de aquello que de por sí ya silenciosamente incuban. Son las válvulas que se abren para liberar aquello que se encontraba maniatado por aún desconocer la crudeza de una realidad violenta, pero no en el sentido físico, sino en el emocional. Sin embargo, en varias de estas historias, la realidad no se presenta clara. Ella está afectada, trastocada, imaginada y ensoñada. Por eso nos es exhibida con una iluminación tenue que alcanza para sentir las fuerzas vivas de su lenguaje y por lo tanto, a pesar de lindar con lo onírico, las pretensiones de cada narración son claras.

Las historias de Fábula de los cuerpos calientes muestran de soslayo la contundencia de la liberación de la conciencia llevada por los deseos estrellados contra un mundo que no se puede dominar. Es así que Gimena Vartu con el lenguaje de la poesía natural, fabrica caracteres reales pero a la vez contrapuestos con escenarios íntimos, privados e incompletos. El libro en general son retazos intensos de historias más complejas, y lo que nos muestra y de lo que somos testigos son indudablemente lo determinante para que tales personajes cambien un destino aparentemente ya fijo y que no temen destruir.

Para finalizar, vuelvo a mencionar que si nosotros deseáramos encontrar la moraleja de esta fábula en dicho libro, no la encontraríamos. Sin embargo, eso no quiere decir que la autora no nos quiera decir algo al respecto. Es así que luego de la experiencia de la lectura de estos relatos, encuentro en la necesidad de contarnos tales historias un indicio a tan añorada moraleja fabulesca y la hallo en un libro anterior, su poemario Cura de Sueño, donde en su texto “Onto fulmina” concluye:

“(…)
El hecho el asunto la cosa urge el grito
Es inherente al capricho del mundo
Nada asusta más que la existencia
O lo explícito del verso
Es urgente gritar
Saltando las vallas o cambiando de camino
Creyendo en los máximos dioses o en el rechinar de las puertas
Siendo puro secreto, mentira o monte de parnaso
A cada arcabuzazo o paso de pellejo
O lágrima de cielo y sol inhiesto
Mirando hacia arriba
El abajo del centro al adentro
Grito
La vida te encara sus insectos en el rostro
Ese jardín tan vasto para crearse, tan indómito.”

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