La extensa duda: “Libertad” de Jonathan Franzen

Carlos E. Luján Andrade

 

 

Libertad de Jonathan Franzen es un libro extenso, que se lee con facilidad gracias a la destreza del escritor por ofrecernos una vida familiar en la que desmenuza los sentires más personales de una familia norteamericana que se deteriora justamente por la irresolución sentimental de sus personajes. Desencanto presente en toda la novela, entre lo que ellos desean ser y lo que son, mostrando la lucha constante no solamente en lograr aquello que quieren sino que si en realidad merecen lograrlo. Walter Berglund, intenta alcanzar sus objetivos ambientalistas como la protección de un ave en extinción y que para eso debe aliarse con empresas mineras que en parte lo hacen dudar de si en realidad es el mejor camino para obtener su meta; Patty, su mujer, relata en una mini biografía, que escribe en tercera persona, su vida algo ensimismada sobre sus problemas sentimentales por el amor hacia Richard Katz, el amigo músico de su esposo, y sus disquisiciones sobre ser una buena madre y esposa. El desarrollo de la historia está ambientada durante el gobierno de George W. Bush, es así que ocurren los atentados de las Torres Gemelas y la guerra en Medio Oriente, razón por la cual le da motivos a Franzen de mostrar sus ideas políticas sobre esos hechos.

Si bien la novela es ágil, no se puede pasar por alto que se pretenda mostrar una y otra vez los pensamientos dubitativos de los personajes: seres irresueltos, inmaduros e inseguros, donde todo lo ocurrido es frustrado y boicoteado por ellos mismos. Quizás Franzen intenta darnos unos personajes adolescentes a pesar de su edad y que se toman demasiado en serio sus mundos interiores. No hay olvido de uno mismo, siempre están presentes sus pensamientos arraigados a traumas muy fuertes, llegando la impresión que uno está leyendo una novela para señoras, una especie de Diario de Bridget Jones, en los que al final de la historia todos comprenden el error de su inmadurez y anhelan corregirlos.

Pero es demasiado tarde, las seiscientas hojas no alcanzan, tal vez Franzen se cansó de escribir esa novela, los personajes no evolucionan si es que la vida no los patea. Todos tienen que pasar por situaciones límite para salir de la espiral de angustia que vemos en cada página. La historia no concluye, no hay un final satisfactorio, solamente nos convence porque al igual que su creador, el lector se cansa de la misma novela.

Fragmento:

“Porque vemos el mismo problema en todas partes. Pasa en Internet, o en la televisión por cable: nunca hay un centro, nunca hay un acuerdo comunitario; sólo hay un billón de pequeñas fracciones de ruido que nos distrae. Nunca podemos sentarnos a mantener una conversación sin interrupciones; todo es basura de tercera y urbanismo de mierda. Todo lo real, todo lo auténtico, todo lo honrado, está extinguiéndose. Intelectual y culturalmente, no hacemos más que rebotar de un lado a otro como bolas de billar lanzadas al azar, reaccionando ante los últimos estímulos producidos al azar”.

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