LAS CAMAS, DE ONETTI A TOUS

Pedro A. Curto

 

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Una cama es un objeto, pero la personalizamos de tal forma, que la convertimos en algo particular, más allá de lo cognoscible, el lugar del refugio y el silencio, la muerte y el amor. Sin ella estamos entre los más desheredados, pero aún entonces necesitamos de algo que se le parezca, aunque sean unos cartones en el cajero de un banco. Sin embargo, como ocurre con las cosas esenciales, que se limitan a estar ahí, apenas reparamos en ellas. Por eso resulta curiosa la exposición, “Las camas deshechas” de Benjamín Tous en el Museo Barjola de Gijón.

Sobre una especie de escenario, una cama, simple, con las sábanas revueltas, frente a ella el lienzo de un pintor ausente, y colgadas de las paredes, las diferentes miradas sobre esa cama convertida en protagonista ignorando el entorno, los cuartos donde están, como mucho unas mesitas se cuelan en esa cosmovisión. Las camas de Benjamín Tous construyen un itinerario: “A modo de diario de un espacio personal, íntimo y cotidiano, cada cama marca un día concreto, un mes del año, una circunstancia personal, una etapa de su vida, una casa (propia o de alquiler), una ciudad (Barcelona o Gijón.)” Quizás nuestra vida sea una sucesión de camas, desde que abandonamos ese pequeño lecho que es una cuna y sin embargo, entre las sábanas, más que emanciparnos, regresamos al mundo intrauterino. Y esto suele ocurrir más en los momentos de debilidad, en los descensos, en la enfermedad que nos convierte en una parte del ejército de los tumbados. En los últimos años de su vida el escritor Juan Carlos Onetti pasaba la mayor parte del tiempo en la cama, pues decía era allí donde ocurría “todo lo importante”. Han quedado imágenes de Onetti en la cama, como si aquel fuese un planeta propio y unipersonal, en particular una en que con camiseta, fuma copiosamente y todo se envuelve en una cortina de humo, del que emerge, de una forma casi fantasmal, el propio Onetti. Quizás aquella cama fuese un pequeño trozo de Santa María. Es posible descubriese lo que decía Georges Perec: “El lecho es (…), el espacio individual por excelencia, el espacio elemental del cuerpo (la cama-nómada), algo que hasta el hombre más acribillado por las deudas tiene derecho a conservar (…) No, tenemos más que una cama que es nuestro lecho.” Y es que la cama se convierte en propiedad a base de humanizarla, convertirla en una extensión de nuestro cuerpo, aunque sea la camada-nómada que señala Perec. Porque a veces nos convertimos en extranjeros, por ejemplo ante una cama ajena como la de un hotel. Pero aún frente a ella, aunque sea por unas horas o días, tratamos de hacerla nuestra, de acoplarla a nuestro cuerpo. Es el itinerario de las camas, el viaje que construye la memoria. En ese particular sendero recuerdo los veranos castellanos, una casa con paredes de barro y paja, en la cámara una cama amplia y antigua, con apariencia hostil, generalmente deshabitada, como un instrumento abandonado. Y en aquella misma cámara, en un rincón, un pequeño cuarto con paredes que no llegaban al techo; la mayor parte de su espacio ocupado por una cama con un colchón algodonoso en el cual te hundías y perdías como en un refugio dentro del refugio. Porque la sucesión de camas que van formando nuestra vida configuran una memoria íntima que apenas somos capaces de percibir. La cama es sobre todo nocturnidades, el vehículo con el cual viajamos a través de las oscuridades diversas que nos acompañan y que señala Michelle Perrot en su ensayo Historia de las alcobas, sirve para ordenar cierto caos existencial: “En la cama pasamos más de un tercio de nuestras vidas. En ella se materializa el reparto de la noche y el día. Y es en ella donde se sella la sombría alianza entre el individuo y la noche.” La cama va dibujando el orden y el desorden (la cama hecha-la cama deshecha), lo efímero del tiempo, el deseo de abandonar el horario, entregarnos al vacío y la necesidad de regresar a ese horario y llenar ese vacío, la norma y la trasgresión de esa norma, habitan en el mismo lugar entre las sábanas. Como se dice en el catalogo de la exposición de Benjamín Tous: “Hacer la cama, pasar pagina, comenzar un nuevo día y dejar atrás los paisajes del sueño.”

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