LOS VIAJES DEL GUERNICA

Pedro A. Curto

 

 

 

Según John Berger en su libro Fama y soledad de Picasso, “Al pintar Guernica, Picasso se sirvió de la imaginería privada que continuaba llevando en la mente y que ya había aplicado a un tema”, que, “Guernica es una pintura acerca de cómo él imagina el sufrimiento”, que, “así en Guernica lo que pinto fueron sus propios sufrimientos al recibir todos los días noticias de su país.” Berger determina en su análisis sobre la obra picassiana: “Cuando Picasso encuentra tema, produce una serie de obras maestras.” Y el tema del sufrimiento y la masacre de su pueblo, unido a una de sus técnicas habituales, la imaginería personal de su entorno, habrían de confluir en la realización del Guernica. Es de las pocas veces donde se forma un icono en el que se funden, la propaganda, el arte y el compromiso, sin abandonar esa categoría de obra maestra a la que se refería Berger. Y además se consiguió esa magia, donde la obra sale de su marco, para tener vida propia, se muestra con cuestiones como sus “viajes”.

En la exposición “Picasso el viaje del Guernica”, de Caixa Forum, podemos encontrar una parte de esa historia que va desarrollando una gran obra, cuando en cierta manera se emancipa de su padre creador y que en este caso es un espíritu viajero, propio de las razones por las que nació.

Hay pocas cosas que no se conozcan de la gestación y realización de esta obra, como fue encargada antes del bombardeo de la ciudad vasca por el gobierno republicano para la Exposición Internacional de París, como el bombardeo dio a Picasso el tema del que hablaba Berger, como se alquiló un apartamento en Grands-Augustins de París, que el cuadro no se pudo poner de pie porque la pared era menor a su tamaño y Picassso lo debió pintar inclinado, los cuarenta y cinco bocetos que dibujó previos, las fotografías que hizo Dora Maar mientras el pintor creaba la obra, autentico documento histórico, incluso las técnicas que uso, lápiz, carboncillo, guache y oleo, que décadas después el pintor Antonio Saura consideraría como materiales pobres. La exposición de Caixa Forum, con documentación escrita y visual, nos cuenta sus andanzas, tras haber estado en la Exposición Internacional de París, ejerciendo el papel de militante agitprop de lujo. Empezó por la fría Escandinavia, para seguir por Inglaterra, uno de los estados de la no intervención, señalándole que frente al horror es imposible mirar a otro lado; y es que en ocasiones el arte es capaz de llegar donde no lo hace la política tradicional. Cruzaría el Atlántico para bajo la Campaña de Ayuda a los Refugiados Españoles, recorrer Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Chicago. En Estados Unidos le sorprendería la derrota republicana y buscaría refugio en el MOMA de New York; era otro exiliado más, pero su grito se alzaba contra todo tipo de barbarie.

Aunque habitando en el MOMA de forma permanente durante más de cuarenta años, realizaría pequeñas escapadas, como en 1953 a Sáo Paulo y en 1955 una gira europea volviendo a París, después Múnich, Colonia y Hamburgo, más tarde, Bruselas, Ámsterdam y Estocolmo. Finalmente es conocida su venida a España, donde curiosamente nunca había estado y hoy se puede visitar en las salas de un museo madrileño. Aunque es posible nunca haya dejado de ser un exiliado.

En la vida de una obra como el Guernica se crean una serie de interrelaciones que la exposición nos descubre, igual que si la obra fuese una criatura viva. Así nos encontramos con una carta del poeta Juan Larrea, uno de los comisionados que realiza a Picasso el encargo, se dirige al pintor en 1947, desde su exilio mexicano: “Pero además el miliciano Larrea tiene algo que pedirle al miliciano Picasso.” Y no es de extrañar ese tratamiento camaraderil, pues el poeta escribió dos libros imprescindibles, Visión del Guernica y Guernica, que son la plasmación literaria de la obra. Y sobre los destinos del Guernica habla el ministro republicano Julio Álvarez del Vayo, en una carta a Luis Araquistáin: “De todos modos, no dudo, ni por un momento, que este amigo, si algún día recuperamos la República ratificará la donación que hiciera del Guernica, al gobierno republicano.” Unas previsiones que no se cumplirían; el arte puede ser la música para transformar el mundo, pero para hacerlo se necesitan otras cosas.

Hay otros “viajes” de que también se habla en la exposición, el Guernica convertido en símbolo, cuyos trazos y figuras se multiplican en carteles y pasquines, que se instala en murales, el que señala con el dedo guerras y barbaries, injusticias, que hace de esta obra algo vivo, imposible de institucionalizar. Ahora mismo la mujer llorando, la madre, el caballo herido, el toro… viajan náufragos, refugiados de nuestro tiempo, de todas las épocas. Es el otro “viaje” de los Guernicas que siguen existiendo por todo el mundo.

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