LA DISTINCIÓN DE LA SENCILLEZ

Kabalcanty

Torres conversando (1959)-Antonio López y Francisco Carretero

 

 

Estefanía Farias Martínez (Cartagena, 1970) es una escritora cuya singularidad es la sencillez y eso queda sobradamente plasmado en su nuevo libro “El juego de las buenas intenciones”. Si hay algo que considero complicado en toda narrativa es que se presente a los ojos del lector con una naturalidad afectiva, como si desde las páginas del libro nos estuviera hablando un amigo. El ornamento es tan sólo lo  inusitadamente cristalino de su prosa y el aderezo lo entrañable de sus historias.

Esta colección de siete relatos que completan “El juego de las buenas intenciones” se abre con la historia que da nombre al libro. Una crónica escueta de un viaje en tren donde subrepticiamente se habla de soledades que habitan vidas. En “Las turistas”, segundo relato, vemos el ocultismo con la ironía de la cotidianidad. “La limusina” nos cuenta la amoralidad que sustenta un trabajo necesario. Destaca en “Cine de verano” algo que transita con exquisita delicadeza en muchos de los relatos: el deseo sexual como trasfondo de los pensamientos. Con “Teresa” bebemos agua de una fuente que conoce los entresijos de los que por ella pasan. Y llegamos a la narración clave de este volumen “De uno en uno o de cuatro en cuatro”, la crónica del mundo despiadado de la minería en boca de un ingeniero. La forma de narrar en este relato se hace más extensa y la escritora la fragmenta en varias partes que complementan un marco realista nutrido de esplendorosas curiosidades. Para cerrar el volumen “El loco de la frontera”, al que considero una comedia perfectamente manejada sobre la vida de unos granjeros centroeuropeos en la segunda guerra mundial.

“El juego de las buenas intenciones” se lee con relax, dejando que la escritora te cuchichee los detalles de sus historias mientras cierras los ojos y te desplazas a los lugares donde te lleva. Su prosa no pretende nada excepto entretener, acomodarte únicamente en el deleite de leer buena literatura sin necesidad de buscar cómos y por qués. Estefanía Farias pretende dejarnos la mente en blanco en el breve interludio de sus relatos y nos invita a darnos un paseo o echar una cabezadita antes de adentrarnos en la siguiente historia. Su fe en el empirismo, y así se trasluce en el poso de sus relatos, pone boca a unos personajes que se manejan por la vida que tenemos frente a nosotros y que acuden al sexo, a imaginar la vida del de enfrente, a peregrinar fuentes, a minimizar fronteras o a recordar la mina como telón de fondo de su existencia como cualquiera de nosotros lo puede hacer en cada circunstancia. Los siete relatos nos distraerán y embellecerán esos huecos perdidos que hallamos en cada jornada con esa naturalidad pasmosa que da la sencillez de una narradora que sólo pretende contarnos para que escuchemos. La singularidad es la sencillez tangible que la escritora derrocha en cada página de este breve volumen de relatos. Si usted presiente que su mesilla de noche anda desangelada no lo dudé: llénela con “El juego de las buenas intenciones”.

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