Tuvo

Miguel Rubio Artiaga

 

Tuvo todos los charcos
de estrellas en las manos.
Fue jinete de los tiempos
y de las auroras.
El látigo de color blanco
que brutal y sádico
con un ansia desatada
devastó la negra Africa

Fue el manantial
que estucó el impresionismo.
El escriba del evangelio
de María Magdalena,
el tuareg mariscal
de todos los bereberes
de la desértica arena.

Le dijeron de ser sabio
y dijo siempre que no.
Fue la montaña
y la cueva del anacoreta
siémpre llena de pensamientos,
escondida y secreta.
Tuvo todos los sueños
de los niños en las manos.
Creó un ejército de insumisos
y objetores de conciencia.

Fue la silicona pendenciera
en la cerradura de los bancos.
La versión enmudecida
de los vencidos en las guerras.
Fue espada cristiana
y cimitarra árabe, fue alfanje.

Fue Atenas y Esparta.
La Odisea y La Ilíada.Helena de Troya.
Fue el acordeón
infinito de las olas,
la versión de Don Quijote
según Dulcinea.

Tuvo todos los amores
primeros en las manos.
Fue viento
dentro de los vientos. Veleta.
Montó un tenderete
de sonrisas en El Rastro
y vendió el velamen roído
del buque del Holandés Errante.
Sangró como uno más
de los niños minamutilados
El solista mudo
de un orfeón vanguardista.
La nota mas desgarradora
de un chello.
Fue clítoris de niña
en ablación desgarrado.

Tuvo todo y tuvo nada en sus manos.
Pero por allí, soy testigo de ello, pasaron.

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