Paz Errázuriz: “Cuerpos a la intemperie”

Pedro A. Curto

Paz-Errázuriz

Contemplo una fotografía publicitaria en la marquesina de un autobús, un cuerpo leve, en una situación idílica, imitando, vestido incluido, una escena griega clásica, creando un clima paradisíaco. Supongo que para conseguir una fotografía así, son necesarios retoques, que  han preparado el escenario en búsqueda de la perfección. La chica tiene una mirada profunda y perdida, un rostro fino que se adapta a la escena igual que un objeto más. No me importa que anuncia, pero es una de esas marcas que todo el mundo identifica. Supongo que es eficaz. Me quedo mirando la fotografía mientras subo al autobús, pero una vez que ha partido, la imagen, a pesar de su belleza, se diluye.

 TravestiContemplar las fotografías de Paz Errázuriz es una experiencia que exige de la observación, de buscar en lo que se ve, de indagar, de reconocer cuerpos que nada tienen que ver con el publicitario de la marquesina. Hay un viaje extraño de esa fotografía, a las otras. Aunque las de Erráuriz estén en una impoluta sala de exposiciones (la exposición de la Fundación Mapfre), nos arrojan a un lugar perturbador. No es agradable para nuestra educación visual posmoderna, contemplar las imágenes y en especial, los cuerpos de la fotógrafa chilena. Porque estamos acostumbrados a ver fotografías e imágenes, en especial televisivas, de gentes situadas en eso que llaman los márgenes, pero las de Paz Errázuriz son diferentes. No hay conmiseración, piedad, ese situarse en un escalón superior frente a las personas que vemos. Aunque se trata del Chile que va de la dictadura a la democracia, de mundos que pueden sernos lejanos, esas gentes componen microhistorias de lo que fue sucediendo en ese país, que no suelen aparecer en los grandes titulares, ni en los libros de historia. Es la visibilidad de lo invisible, de lo que en muchas ocasiones no se quiere ver, pero que al ser atrapado en una instantánea fotográfica, al dibujarse en una cartulina, esas personas adquieren un protagonismo que no va ligado exclusivamente a una condición social.

Son prostitutas y travestis, en pose o capturadas, en la intimidad con sus clientes y una, muy curiosa, una nave en un descampado, con un cartel que reza “La casa de las muñecas”, de un glamur degradado, puede contener tras sus muros, lo que representan aquellos mundos. Es lo que podemos ver en cualquier lugar y que tiene un lenguaje universal, pero queremos ignorar o etiquetar con tópicos. Son muñecas de carne que no reniegan de su condición, sino que la muestran. No hay degradación en esas imágenes, no se adhieren a la construcción ideológica de lo “lumpen” como habitualmente se hace, como mucho sentimos un extrañamiento en su contemplación.

ancianosY con muñecas y otros objetos infantiles vemos a unas ancianas, en una especie de regreso a la ternura primigenia. En otras se muestran cuerpos desnudos de la etnia fueguina, que alejados tanto de la sensualidad como del naturalismo, se sitúan en un lugar incomodo, que no somos capaces de amoldar mentalmente. A simple vista, con una mirada momentánea y rápida, los arrojamos de la belleza que, en la educación visual a la que nos han acostumbrado, estaría en la fotografía de la marquesina. Pero esos cuerpos imperfectos, pieles gastadas,  en lugares con apariencia inhóspita,  sirven para que retengamos la mirada, para que nos perturbe. La realidad es la ausencia aparente de contradicción. Lo maravilloso es la contradicción que aparece en lo real. Donde pierde sus derechos lo maravilloso, comienza lo abstracto. Y la abstracción puede ser la belleza técnica de la fotografía de la marquesina. Porque Errázuriz habla otro idioma. La del cuerpo como ejercicio de resistencia frente al tiempo, frente a la enfermedad, frente a las deformaciones, el cuerpo como una manera de ganarse la vida. Así otros cuerpos desnudos, femeninos y masculinos, en pareja, de personas maduras, pieles mostrando sensualidad o ternura, orgullo incluso, combatiendo el paso del tiempo. Y otros, tumbados en la calle como una forma de caída, mudos en su degradación, el silencio gris en blanco y negro. El cuerpo es debilidad y fortaleza al mismo tiempo. Lo vemos en unas fotografías de un circo ambulante y en particular las de boxeadores o de lucha libre: exhiben su fuerza física, pero a la vez se percibe su fragilidad.

boxeadorEn las poses de enmascarados, en los boxeadores, en los de prostitutas y travestis, en los de ancianos… se dibujan crónicas, historias, relatos, hacen que la fotografía sea algo más que técnica, que montaje, creando un arte que se abre a diferentes interpretaciones.

 Las más de 170 fotografías de Paz Errázuriz, la mayoría en blanco y negro, son ese tipo de imágenes que si se sabe mirar, no se borran de la retina, no desaparecen cuando se aparta de la mirada.

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