CALABAZAS EN EL TRASTERO (32): “COLECCIONISTAS” de VV.AA.

Francisco José Segovia Ramos






Nueva selección de relatos dentro de la colección Calabazas en el trastero, con el tema Coleccionistas como eje central.

Tras el prólogo de Enrique Ferrer Pérez nos encontramos con trece relatos. Principia la antología con “Órobo Sur”, de Germinal García Ramírez, una historia de libros y bibliotecas que gira sobre sí misma para turbación del lector. “La biblioteca”, de Diego Salcedo, nos envuelve en una atmósfera atípica de un bibliotecario y su particular biblioteca.

“¡Hazte con todos!”, de Miguel Martín Cruz y Gema del Prado Marugán nos trae otra vez a Solo, quién si no, para que se enfrasque en la resolución de otro de sus casos paranormales, pero mucho más relacionado con las tecnologías modernas. “Sile, sile, nole”, de Curro Estévez, nos enseña que en eso del coleccionismo hasta las mentes más infantiles son capaces de lo más perverso. “Karera wa betsuuri”, de Carlos Páez S., nos traslada al Japón en una búsqueda más aleatoria que decidida de objetos para colección, y en como el protagonista conoce una peculiar y siniestra historia.

Darío Lozano, en “Coleccionando a Marie”, nos sumerge en una historia de silencios y abandonos, de soledades y dolor en donde el final es el objetivo del coleccionista. “Gabinete de curiosidades”, de Aitor Solar es una historia que se enhebra dentro de la tradición anglosajona de aristócratas amantes del coleccionismo y la aventura, y también de lo oscuro. “Lote 421”, de Javier S. Donate y Lisardo Suárez es una suerte de recreación imaginaria-real de ciertos elementos, objetos e instrumentos con un pasado cuando menos misterioso.

“Un cromo de Bud Skiawoszcky”, de Martín Salegui, es un relato atrevido y que tiene varios giros en su trama que sorprenderán seguro al lector desprevenido. “El coleccionista de plurales”, de Daniel Andueza Gay, es una historia retorcida, como su personaje principal, que no deja lugar a la sensiblería ni a la indiferencia.

“Vidas quebradas”, de Armando Boix, o cómo el afán coleccionista de otra persona puede hacer ver la faceta de escritor de su protagonista como un peligro más que como una forma de vida. “Pieza única”, de Miguel Matesanz, es otra historia de escritores benditos –uno de ellos es citado sin nombrarlo- y advenedizos que actúan sin pensar en las consecuencias. “El corazón que tiembla”, de Óscar Muñoz, cierra la antología con otra forma de coleccionismo que, queramos o no verlo, es demasiado recurrente en el mundo actual donde las relaciones amorosas son más que eso, o mucho menos.

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