Lugares abandonados (IV)

Carlos E. Luján Andrade






Cada espacio tiene sus propios caminos por donde llegar. Quizás estos sean los únicos que no varían con el pasar del tiempo. Los edificios son derruidos, las casas se deterioran y por un designio, renacen con otra identidad. Al regresar, siguiendo los viejos pasos marcados en los eternos caminos, nos encontramos con la ciudad nueva. En ciertas circunstancias debemos de sacudirnos del asombro y aceptar que lo perenne en nuestra memoria ahora ya solo posee un lugar en el recuerdo porque el mundo físico lo ha desaparecido. De esta forma, ya no se podrán rememorar hechos, anécdotas o emociones. Será difícil señalar hacia un rincón y confesarle a un amigo, que ahí, donde apunta el dedo, sucedió algo tan emocionante que se ha ganado el derecho de mantenerse en la memoria por varios años.

Por buen tiempo, he practicado el ejercicio de volver a un lugar para traer al presente la experiencia pasada. Cerrar los ojos y construir con esfuerzo lo que ya no existe. Imagino a las personas ya idas, rejuvenecidas que me ven y me hablan de sus pasiones y miedos. A lo lejos, el horizonte poblado de individuos con vestimenta ya en desuso hace más de veinte años. Puedo ver alrededor y sentirme seguro de que en aquel mundo no pasará más de lo que yo pueda permitirme. Esa es la ventaja de la imaginación. Sin embargo, tal ejercicio no es gratuito. Para que eso suceda tal lugar no debe estar contaminado con experiencias posteriores. Ese espacio debe haber sido testigo solo de un hecho trascendente para uno, y no volver a ser ocupado por otras vivencias. De no ser así, la conexión se pierde y se transforma en una atmósfera ruidosa y nublada como si garabateáramos un dibujo encima de otro.

Aunque tal suceso a veces es inevitable, pues cuántas veces no podemos escapar de aquel lugar donde sucedió aquello que no deseamos olvidar: la habitación donde nuestra madre nos acariciaba, ahora es el mismo lugar en el que año tras año sucede la cotidianeidad. ¿Cómo mantener puro un recuerdo cuando la vida misma lo aplasta día tras día?

Es difícil activar la nostalgia cuando el cuerpo no se aleja de aquello que uno desea olvidar. Es por eso que no nos percatamos de nuestro envejecimiento porque todas las mañanas vemos nuestro reflejo. Solo cuando observamos una vieja fotografía es que nos damos cuenta del tiempo transcurrido. A veces pensamos que para amar algo aún más, es necesario abandonarlo y luego regresar para que la nostalgia nos ayude en tal cometido.

El sencillo ejercicio de regresar a los viejos lugares nos convierte en seres humanos completos. Se vuelve a cada etapa de nuestra existencia, desciframos lo antes olvidado y comenzamos a reconstruir el origen de la tristeza propia. El regresar implica pena, pues aun sabiendo que la vida futura es donde puede estar la dicha, nos aferramos a las imágenes que se resisten a perecer.

La destrucción de una ciudad, la pérdida de lugares emblemáticos o la quiebra de locales comerciales que cobijaron la cotidianeidad pasada, facilita el olvido. Llegará un momento que para rememorar la vieja dicha deberemos no solo reconstruir una experiencia, sino también el espacio que ahora está desaparecido. Es así que poco a poco comenzaremos a renunciar a ello y lo olvidaremos. Solo vendrá tal recuerdo cuando alguien lo nombre y nosotros haremos el esfuerzo por volver, aunque sea en nuestra mente, a ese lugar del que ya le perdimos el rastro.

Es cierto que lo que no dejaremos de tener presente son los senderos que nos llevaron hacia esos espacios abandonados. Son las raíces o ramas de nuestro árbol existencial. En esa ruta está formada la estructura de la personalidad. Conforme pase el tiempo, ese árbol estará seco y sin hojas, la frondosidad ya habrá tiempos que se esfumó, pero quedará como prueba la corteza gruesa de que algo germinó en ese proceso. Los viejos caminos ya no llevarán hacia ningún lugar material, solo tendrán como destino la visión imaginada que se apagará con nosotros al morir.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.