Más allá de los límites: “El alcohol despeja la mente (y la cortesía arruina al hombre)” de Fernando Morote

Soledad Hessel

Autorretrato (1912)-Otto Dix






Para cualquier lector, es una gran tentación asociar textos escritos en primera persona con la vida del escritor, buscar indicios de la vida del autor en esos escritos ficcionales. ¿Cuánto de realidad y cuánto de imaginación hay en esas narraciones que hablan de un personaje que se parece en mucho a lo que sabemos de aquel o aquella que plasmó esa historia en el papel? La mayoría de los y las escritores/as responderían que “todo es ficción”, aunque también reconocen que la realidad “es una gran fuente de inspiración”.

Pero en lugar de jugar a los detectives, elijo pensar que todo es ficción, maravillarme, abochornarme y hasta enojarme con los personajes a los que Fernando Morote da vida en los cuentos reunidos en “El alcohol despeja la mente (y la cortesía arruina al hombre)” (Ediciones Erradícame, 2021), personajes lanzados al terreno de la literatura para que vivan y relaten aventuras que hacen equilibrio en el delicado límite que existe entre la realidad y la ficción.

Hombres de todas las edades -de niños a ancianos- habitan y se entretejen en estas páginas, ufanándose en muchos caos de sus aventuras que incluyen fumar siendo un preadolescente, amenazas, amores, amistades, venganzas, crímenes de todo tipo (desde el robo al asesinato), como si cada una de esas acciones fueran lo más natural del mundo (incluso el amor y la amistad sincera no son hechos tan cotidianos como nos gustaría creer).

En este libro, el autor y la editorial compilaron gran parte de la cuentística de Morote, realizando una re edición conjunta de “Melodías en la orquídea” (publicado en 2017, y que reúne veintiún textos) y “Brindis, bromas y bramidos” (editado en 2013 y compuesto por veintiséis textos organizados en siete secciones) en la cual se reúnen los cuentos escritos por Fernando Morote desde finales de la década de 1980 hasta el año 2017. Casi cuarenta años de escritura que nos permite acompañar al autor en su recorrido creativo, comparando hechos y puntos de vista desde los cuales escribe y ser testigos de aquellos temas que a lo largo de estos años han permanecido como punta de lanza a la hora de escribir.

“(…) no me interesa mucho cuidar o guardar las formas sino revolverlas” dice uno de los protagonistas, al igual que al autor romper con lo estipulado y lo esperado es parte de su forma de ser -o de escribir-. La irreverencia de estos textos nos permite mirar a la literatura de otra forma: sacarla del estante canónico donde muchos quieren ponerla y mantenerla, para bajarla al llano, para que se codee con el día a día de los lectores.

Fernando Morote abre de par en par las puertas de su escritura, da la bienvenida a cada texto, aunque luego uno como lector pueda desear ser expulsado de alguno de esos espacios creados por el autor, aquellos que revuelven las tripas. Nos invita a leer, a entrar en cada historia, a reflejarnos en los ojos de los personajes, a mirar por la cerradura y sentirnos parte de cada historia. Las puertas están siempre abiertas, para entrar, para salir, para regresar, para espiar.

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