CINE EXPRESS: “Yul Brynner, el sueño inquebrantable”

Helena Garrote Carmena

 

 

Los títulos de crédito que aparecen al final de las películas, emergen normalmente de un fondo negro, como una siniestra entidad, una aparición fantasmal que viene con su interminable lista de nombres desconocidos y oficios más desconocidos aún, a ponerte en la realidad, a revelarte el truco, despertarte del sueño, a fin de cuentas, a romperte la magia; por eso yo nunca me quedaba a leerlos, era ver el The End , levantarme de la butaca y marcharme apresuradamente mientras seguían sonando los violines finales, porque quería mantener mi sueño intacto; marchándome de aquel modo, podía llevarme a casa cada personaje, tal como yo me los había creído, y así poder recrearlos en mi memoria una y otra vez, para que el cuento nunca acabara, pero ese día, lo vi, algo retrasó mi escapada y allí estaba, en texto centrado y saliendo de lo más oscuro:

Ramsés II ………..….. Yul Brynner

Como lo oyen. Resulta que aquel faraón, con tocado de rico paño y cabeza de culebra, ni se llamaba Ramsés, ni era hijo de Seti ni de Tuya, ni vivía ceca de Luxor, ni era faraón, ni nada de nada. Se llamaba Yul Brynner, (Yuliy  Borísovich Bryner, para más señas) y había nacido en Vladivostok, allá por el Extremo Oriente, era hijo de Borís y Marusia y era un actor. Adiós a mi príncipe inmortal, de sandalias de cuero, de muslos firmes y torso brillante de color de sol, de cabeza despejada, mirada noble y poderosa, dueño y señor absoluto del Valle de los Reyes.

Pero yo, que con la edad, me resisto a menos cosas y dudo de muchas más, sigo creyendo que Yul Brynner era en realidad Ramsés II, nacido a orillas del Nilo, criado entre algodones y disciplinado para la batalla, el poder y la gloria. No puede ser que un simple mortal, venido de las nieves y el frio siberiano, que empezó como acróbata y aparte de actor, fue fotógrafo, escritor, guitarrista, cantante, y que además fumaba como un carretero, levantase semejante imperio.

Muchos han sido los que afirman haber visto a Ramsés en otras películas, dicen, que hasta en una del oeste! una, donde siete magníficos pistoleros repartían leña y hacían justicia, (imagínense hasta dónde puede llegar la imaginación del ser humano) pero yo no lo creo, porque por muy poderoso que fuese el egipcio, por muchas fortalezas y templos que levantase y siervos que tuviese, el viaje desde África al Salvaje Oeste se me antoja muy largo, por muchos esclavos que tirasen del carro y aún cuando el clima acompañase. Sí, seguramente estarán equivocados, dentro de poco dirán que Rita se llamaba en realidad Margarita, que Espartaco aun vive o que mi amor de preadolescencia, mi repeinado y sonriente Cary Grant posiblemente fuese homosexual, y por ahí, no paso.

El cine es un gran mago, que puede manejar a su antojo realidad y fantasía, crear sueños o romperlos, tiene ese poder, pero cada uno de nosotros tenemos el derecho de elegir con que parte del cuento quedarnos, y en este caso, yo siempre me quedaré con la emoción y el honor de haber podido conocer en todo su esplendor y en primera persona al faraón más prolífico y bíblico que ha dado la historia y el cine, porque así me lo contaron, y así me lo voy a creer, aunque los títulos de crédito, ese día, se empeñasen en lo contrario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.