Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”

Ítalo Costa Gómez





Todos me preguntan, qué es lo que quiero ser. Cuando sea grande ya lo decidiré…

Ay mi infancia. Fue compleja pero bien bonita. Guardo preciosos momentos de cuando era chiquito y si hubo malos ratos pues ya los olvidé o los estoy casi olvidando. Para mí un camino feliz está basado más en creártelo tú mismo que en los hechos. Ten eso siempre en mente cuando sientas que no tienes la vida que quieres o mereces. Vive bonito. Crea tu propio mundo y acércate a las personas buenas. Punto. No hay más secreto. Happy people everywhere.

Desde chiquito en el colegio me enviaban con psicólogos para que conversen conmigo. Me imagino que por el hecho de que me veían un niño muy delicado en un plantel exclusivo de varones en los que casi todos eran unos «loquitos de la aventura» que se peleaban, que pateaban la pelota y se sacaban la mierda en el gras de lo más felices mientras yo me sentaba a leer y a pintar. Prefería un baño de agua helada a las cinco de la mañana antes que recibir un pelotazo o un empujón. Odiaba ensuciarme. No es mi estirpe, cariño.

[Siéntate, charlemos de dibujos animados y te invito la mitad de mi galleta. Esa era mi nota. Es es mi nota.]

Cuando esos especialistas me preguntaban qué quería ser cuando sea grande siempre respondía algo distinto. Un día quería ser locutor de radio y al otro quería ser bailarín de Broadway. Mi camino siempre ha estado vinculado a comunicar y al vedetismo. La versión masculina y desnutrida de Mariella Zanetti pero haciéndose el cultito.

Yo quiero ser astronauta y a las estrellas llegar y a las estrellas llegar. Yo quiero ser almirante, los siete mares surcar, los siete mares surcar…

Cuenta la historia que uno de esos psicólogos a los que los profesores me mandaban con fe se empeñaba en descubrir tragedias familiares o hechos traumáticos escandalosos que me hayan hecho irme por la izquierda, desviarme un poquito. No había nada de eso. Era distinto a los demás niños y punto.
No lo recuerdo con tanto cariño y la verdad para que yo no te recuerde con aprecio tienes que ser un poquito mierdita o tenerla chiquita.

-¿Qué quieres ser cuando seas grande? – dijo el gordito, pues gordito era.
-Pintor.
-El otro día me contaste que querías ser conductor de televisión. Me mentiste.
-No le mentí. También quiero tener mi programa y pintar.
-Siempre respondes diferente. ¿Quieres pintar algo ahora?
-No.

[Contradictorio al mango. Que chiquito tan pesado. Con razón me odiaba]

-¿Por qué no juegas con tus amigos?
-Sí juego pero no a las cosas en las que me pueden pegar porque me da miedo y no me gusta.

[Aún no le agarraba amor al golpe, era chiquito pues. Material sano. Virginidad y pureza sobraban en esos tiempos. Ahora dime para una lucha cuerpo a cuerpo y te atraco en una. Dame tu mejor golpe]

-Piénsalo mejor… ¿qué quieres ser cuando seas grande? – La pita que se partió.

La pregunta me rondaba por todos lados y le agarré fastidio porque yo no lo tenía claro como todos mis demás compañeros. Yo quería estar contento. Me confundían mucho las enseñanzas del colegio y la forma tan estricta en la que me trataban cuando lo que un muchachito como yo necesitaba era amor. Me daban todo, la educación de primera, todos los deportes habidos y por haber, talleres, paseos recreacionales por montones, todo… menos amor. Ojalá el San Agustín haya cambiado para bien. Yo creo que sí.

Yo quiero ser un artista para pintar la ilusión, para pintar la ilusión. Yo quiero ser enfermero, para curar el dolor, para curar el dolor… Yo quiero ser inventor, para crear más amor, para crear más amor…

Tanto le dio el doctor que al final le respondí con un poco de cólera pero logró que le dijera la verdad.

-No sé qué quiero ser cuando sea grande. Quiero ser feliz.

No recuerdo qué me contestó pero recuerdo lo seguro que estaba de mi respuesta y lo orgulloso que me sentía de ella. Mentalmente nunca crecí y me siento muy contento de no haberlo hecho. De haberme quedarme soñador, de jugar a las escondidas y grabar audios cantando Parchís para que mis amigos se maten de risa.

Creo que soy feliz. Tengo mis momentos duros y tristes. Lloro, me debilito y a veces me recrimino muchas cosas también. Hay momentos en los que me siento solo y en los que pienso en mi futuro con miedo. Todo eso me pasa como seguramente te pasa a ti también, pero la mayor parte del tiempo estoy contento y trato de ver contentas a las personas que me rodean.

[Ustedes me rodean. Quiero verlos contentos.]

Esa pregunta que antes me hacía confundirme más es ahora mi caballito de batalla preferido en las reuniones de amigos porque entre copa y copa revivo al niño que tienen en su interior. Hablar de los sueños es darles vida. Provocar que sucedan.

El camino en esta valle de lágrimas es ancho y ajeno (como mi tesorito) y jodido también. Súper jodido pero mágico. Revivo ese momento y me siento a compartirlo con ustedes con una taza de café y pienso que logré ser lo que quería de niño y ahora solo me pregunto qué es lo que quiero ser cuando sea más grande y, como en esos tiempos, mi respuesta cambia todos los días y eso me hace sentir que voy por buen camino.

Y ustedes, ¿qué quieren ser cuando sean grandes?

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