Lugares abandonados (II): “El peatón fantasma”

Carlos E. Luján Andrade









El peatón fantasma es aquel al que le seguimos los pasos del pasado. Yendo detrás de él, volvemos a pisar los espacios perdidos tomados por el futuro. Es el que trasgrede el tiempo cuando lo divisamos al voltear una esquina y nos permite apartarnos de la dimensión lineal de la vida real para viajar hacia atrás y contemplarse uno mismo circulando en lugares desaparecidos.

Cada década de existencia nos otorga un peatón fantasma. Estos circulan calles olvidadas que contemplan inconscientes un mundo irreal. La bifurcación del tiempo que nos genera la mente, aparta la existencia propia hacia una dimensión segura y predecible. Si por algún milagro del destino nuestra conciencia tomara el lugar del fantasma, habitaríamos una ciudad perfecta, no por la armonía y paz siempre exigida, sino porque sabríamos que pasara lo que pasara, saldríamos con vida de ella. Siendo un intruso de ese mundo ajeno, las acciones como los pensamientos serían anticipados si hemos sido atentos a los devenires del destino. Rondar con los recuerdos, abrir viejas puertas o asomarse a través de ventanas polvorientas es pisar suelo seguro porque sabemos que de ese pasado sobrevivimos y estamos aquí para recordarlo.

Un individuo debe supervivir un buen número de años para que ese peatón fantasma aparezca. Antes no convive con nosotros, solo se nos muestra cuando el miedo a la muerte da sus primeras señales en la conciencia. El ser humano alerta, reacciona ante tal imperativo. Se rebela y quiere manifestar su voluntad y decirle al mundo y a sí mismo sobre su paso por el mundo, mencionando una y otra vez: “Yo estuve aquí, esto ha cambiado. He sido testigo de las variaciones de una realidad que avanza descontrolada.” Los libros de memorias desbordan testimonios de los peatones fantasmas. Podemos leer en ellos cómo idealizan el pasado y lamentan el presente como su futuro. Todos aquellos desean vivir en el pasado seguro donde no hay vorágine ni descontrol. En una realidad en la que creen que la existencia era más placentera, aunque lo cierto es que tal idea sea porque ellos sobrevivieron a esta. Los que no, ¿qué podrían decir? En una realidad espectral, ¿le refutarían con vehemencia?, ¿reclamarían por otras épocas? No habría peatones fantasmas porque ellos lo serían.

Rememorar los espacios idos es una potestad única de cada individuo porque los peatones fantasmas tampoco se cruzan entre ellos. Cada uno recorre sendas que nunca se intersectan con otras porque los recuerdos son personales que no se encuentran guiados por hechos sino con sentimientos. El peatón fantasma es un ser sensorial pues viaja en el tiempo guiado por las emociones de su emisor. La melancolía y la nostalgia es su alimento.

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