Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Un hombre no debe llorar”

Ítalo Costa Gómez








Para sensibles que me llamen. Yo mismo soy. Admito que disfruto ser tan emocional porque me permite sentir el sabor de los momentos bonitos de la vida de manera más intensa. Lo que a las demás personas les pude parecer rutinario o nimio pues a mí me sabe extraordinario. Saboreo mucho mejor los ratos lindos. Naturalmente los duros también son más pesados de sobrellevar. No es tarea jodida lastimar mis sentimientos, pero si sopesamos la característica es más lo bueno que lo malo, por lo tanto, vale la pena.

El colegio en el que estudié desde Kinder era muy estricto, grandote, frío, católico y apostólico. Además, era un plantel solo de varones, lo cual lo hacía más ajeno para mí. Me emocionaba mucho en varios momentos. Me quebraba cantar las canciones de misa, me quedaba pegado en las clases de pintura y me afanaban demasiado las seis ramas del curso de Literatura que llevábamos. Todo lo demás me valía dos cacahuates, sobre todo el deporte. Los psicólogos del colegio estaban muy pendientes de mí. Me imagino que con las mejores intenciones. Los niños más grandes podían ser muy crueles si se trataba de sus bromas y eso me bajoneaba y entristecía. Recuerdo una de esas conversaciones con uno de los doctores del cole de forma peculiar.

[Doctor psiquiatra, ya no me diga tonterías. Doctor psiquiatra, quiero vivir mi propia vida. Doctor psiquiatra, yo no le pagaré la cuenta. Doctor psiquiatra, ya no me mi, ya no me mi, ya no me mire más las piernas. No. No. No. No. No. No. No estoy LOCA]

Cuenta la historia que esperaba a la movilidad para que me lleve a casa una tarde a la salida. Yo veía como a muchos de los otros niños los recogían sus papás y a mí me entristecía no ser uno de ellos. Me ponía muy sentimental. Se acercó uno de los psicólocos – que no tenían el tino del coco loco de científico loco, sino otro hubiera sido el cantar – a hablar conmigo con su cara de huevón y su voz horrenda que aún recuerdo.

– Otra vez te veo llorando, Costa. Ya te van a venir a recoger. – Fastidiado (presumo) y fastidioso también.
– Ya sé. No lloro por eso. – estaba a la defensiva, siempre me sentía como atacado por el sistema educativo.
– ¡Los hombres no lloran!, ¿Entiende?, ¡No lloran!

La frase me retumbó en la mente porque me la dijo con tal seguridad y contundencia que se grabó el momento en mí. Dejé de llorar automáticamente por dignidad. Me reprimí de inmediato además porque ya bastante distinto era como para seguir acumulando diferencias.

Quizá fue en ese momento en el que aprendí a esconder un poco de mi real esencia en el colegio. No sé si fue dañina o no aquella represión emocional, pero si les digo que muchas veces pedía permiso para ir al baño y me sentaba en el Coliseo a defogar. Recuerdo que creía ocultar muy bien esos momentos, pero era un niño perdido y ansioso de un poco de cariño.

Años después un amigo muy querido del mismo San Agustín (muy grande el Paul, súper recio y noble como él solo) me dijo el día de su matrimonio que me recordaba como “un niño un poco triste” y que le alegraba ver cuánto había cambiado y verme tan contento. Nos abrazamos y nos pusimos a llorar.

Al final el psicólogo malo tenía razón. Un hombre no debe llorar… escondido.

[Debe ser lluuuuuuuviaaaaaa… Goooootas de lluviaaaaa… Se siente como lluviiiiiiaaaaaaa, saliendo de mis ojos. No puedeeeeeen ser lágrimas… Un hombre no debe lloraaaaaaar].

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Un hombre no debe llorar”

  1. Un hombre no debe llorar.
    Enorme la falacia de aquel “psicoloco”, sí. El ser humano nace con glándulas lacrimales por algo, so pendejo, debiste decirle. Pero, ah, eras un pequeño un poco triste, sí, como te recordó con el tiempo tu amigo.
    Crecemos de a poquitos y todas las vivencias nos hacen como somos. Por eso siempre las botellas están medio llenas y nunca medio vacías. Pero eso también se aprende con el tiempo.
    Llorar limpia los ojos, con lo que vemos mejor todo; limpia el alma, con lo que vamos por la vida más ligeros, y despeja la mente, por lo que los pensamientos se vuelven más limpios también. Lloremos ya, ea, y abajo todos los “psicolocos” que aún queden por ahí.
    Otra cosa es lo que le venga a uno a la cabeza después de unas elecciones. Ahí, ya, si eso, cada uno sabe lo suyo…
    Abrazote, chaval. Te cuidas y mucho.

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