CARTAS CHILANGAS (VII)

Juan Patricio Lombera








V

Miércoles 18 de diciembre de 2019

Estimado amigo:

Es importante que un país conserve sus tradiciones al tiempo que sea capaz de generar nuevas. Las tradiciones, en definitiva, son las custodias de la idiosincrasia de una nación. Cuando un pueblo pierde sus costumbres o no es capaz de generar nuevas, se estanca para pasar a ser una colonia cultural de otra nación. Sé que me vas a decir que mi país ha adoptado con gran entusiasmo festejos de la nación norteamericana tanto en su comida como en sus fiestas. De hecho, pese a la vigencia del día de muertos, no solo México sino todo el mundo occidental ha adoptado el dichoso halloween y ni siquiera España ha podido evitar que sus niños pidan regalos a Santa Claus. En ese sentido las costumbres son diques culturales. Por eso, no me extraña que en España se patrocine la cabalgata de los Reyes Magos. Pues bien, aquí en México tenemos las posadas; fiestas que rememoran la huida a Egipto de María y José y que inician el 16 de diciembre. Con ellas, los misioneros españoles pretendían sustituir el culto azteca por el advenimiento de Huitzilopochtli o Huichilobos como lo llamaba, fruto de su defectuoso oído, Bernal Díaz del Castillo. Una posada inicia con la reunión de los invitados a las puertas donde se va a celebrar la fiesta. Empieza entonces un diálogo musical entre los de afuera, que piden posada, y los de dentro, que la niegan temerosos de que se trate de un ardid de un tunante. Finalmente, los de dentro ceden y los de afuera entran cantando “Entre santos péregrinos, péregrinos/ por aquí pueden pasar”. El resto de la fiesta se desarrolla de forma similar a cualquier otra con baile, comida y bebida, aunque debe de haber ponche que entra muy bien con el frío. Ten en cuenta que la fiesta puede ser al aire libre, ya que el final del evento consiste en romper la piñata. Pensarás que se trata de una labor fácil, romper con un palo o bate de béisbol una maceta cubierta de papel y llena de dulces en su interior, pero te equivocas. Los niños son los primeros en intentarlo. Se le pone un pañuelo en los ojos al que va a hacer el intento y se le da varias vueltas con el fin de marearlo. Luego, el resto de los asistentes le van dando pistas de la ubicación de la piñata que se moverá de arriba a abajo ya que esta está atada a una cuerda que pasa por encima de una rama o viga. Al otro lado de la cuerda, una persona jala de ella o la suelta, con el fin de dificultar el contacto del palo. Hay que decir que esa labor es arduo peligrosa, ya que no son pocas las ocasiones en que la piñata acaba intacta y el que tira de la cuerda descalabrado. Las posadas concluyen la víspera de nochebuena. Ahora bien, estas fiestas son esenciales para que se pueda llevar a cabo todos los años el maratón Lupe-Reyes. Este evento deportivo, que es toda una tradición moderna, consiste en una interminable sucesión de fiestas que inician el 12 de diciembre día de la Virgen de Guadalupe y concluyen el día de Reyes. En mis años mozos conseguí completar la prueba un año. Hoy en día, el simple hecho de participar en ella me produce escalofríos. Tras las posadas y la cena de Navidad los jóvenes suelen irse a la playa para proseguir su agotadora competencia. De esta forma, consiguen dejar atrás la primera faz del Dios Jano. Ahora bien, los días 2, 3, 4 y 5 es cuando verdaderamente sientes que las fuerzas te abandonan. La relación espacio-tiempo deja de existir y el competidor entra en una especie de limbo en el que actúa como autómata. Aquellos que hemos cubierto toda la ruta quedamos marcados emocional y físicamente para el resto de nuestros días. Cómo te decía al principio de esta misiva, es bonito que un pueblo cumpla con sus tradiciones. Sé que esta temática no tiene relación directa con lo que me has solicitado y te imagino extrañado por esta perorata. La respuesta es sencilla. Hoy no he podido ir al mercado como tenía proyectado porque estaba agotado del ruido que hicieron mis vecinos anoche. Y lo peor no es que se divirtieran con la música a todo volumen, sino que los muy villanos no tuvieron la gentileza de invitarnos. ¡Qué Juventud!, Dios mío.

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2 Respuestas a “CARTAS CHILANGAS (VII)

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