Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Mi madre sueña en francés”

Ítalo Costa Gómez








“—Esa terraza me salvó la vida, ¿puedes creerlo?
—Puedo —me espanté—. ¿Segura de que estás bien?
—Al caer puse la mano y se me dobló la muñeca.
—Dios mío, mamá…
—No te preocupes, ya no me duele.


Visualicé la escena. Vi a mi madre pequeña y delgada, su cabello negro atado en una tensa coleta. Su cuerpecito flotando en uno de esos buzos de ejercicio, flojos y coloridos, que se pusieron de moda los años noventa: la tela silbaba y crujía, como si fuera de aluminio. Luego la situé en el desierto montañoso que se elevaba cerca de mi casa perdida, ese paisaje lunar de senderos, recodos y precipicios donde tantas veces había jugado a las escondidas con los chicos del barrio. Donde había besado a mi primera enamorada, refugiados en una caverna desde la que podíamos espiar las olas, las mismas que aterraron a mi madre con sus promesas. Sentí el chasquido de la piedra, el derrumbe inmediato, el cuerpo etéreo. Segundos después, intolerables segundos de urgencia muda y suspensión de la gravedad, el duro impacto, el crujido del hueso, el dolor súbito, insoportable, que ahora mi madre negaba, lo mismo que siempre había hecho con todos sus dolores.”

*Extraído del libro “Mi madre sueña en francés”
(ALFAGUARA)



Una de las canciones más impactantes que escuchaba una y otra vez durante mi infancia se llama “Escápate con un libro”. Las voces de Almendra Gomelsky y Mónica Santa María coreaban que “un libro es como un viaje del que no quieres volver”. A ese tipo de mensajes me llevaba mi mamá en la niñez. Así me enamoré de la lectura. Es una de las cosas que agradeceré a mi mamá hasta el último de mis días. Siempre buscó verme con un libro en la mano y algunos de ellos me dejan una huella maravillosa. Me hacen ver las cosas diferentes para siempre.

No es de extrañar que los libros que encierran el alma de una madre me toquen de forma especial. Tengo la fortuna de que uno de esos sellos espirituales sea el de “Mi madre sueña en francés” del escritor Luis Hernán Castañeda (Lima, 1982).

La historia de Juan con su madre no es melosa. Desde un punto de vista muy personal la novela logra que vayas revisando varios aspectos de tu propia vida con sentido del humor por más oscuro que este pueda llegar a ser. Por ejemplo, el lazo que puede existir entre una madre y su hijo, más cuando el padre está ausente.

Una vez el gran Gustavo Rodríguez me comentó acerca de esta historia: “¿Cómo superas el inicio de una mujer embarazada que busca ser atropellada mientras su marido duerme? Luis Hernán te mantiene en vilo con paciencia y artesanía: yo le agradezco el lenguage, la creatividad con que sublima sus neurosis y hasta la advertencia fantasiosa de lo que Trump desató en Estados Unidos.”

No se equivocó. Esta es el noveno libro publicado por Hernán Castañeda y se puede ver su madurez y cómo se adaptó a los tiempos sin perder la elegancia de sus anteriores publicaciones.

Si eres de aquellos que confían en que la literatura, el aprendizaje de las letras, pueden cambiar el mundo – tu mundo, al menos – entonces no hay manera en que “Mi madre sueña en francés” no te marque y no te haga cuestionarte sobre tu vida y la manera en la que afrontas tus pérdidas, obsesiones y relaciones filiales. Logra que revivas el primer amor, desde el más luminoso hasta el más oscuro.

Me hice varias promesas al terminar el libro. Una de las que puedo confesar es que no postergaré una historia propuesta por Ludo y que debía recomendar esta en particular en el espacio que tan gentilmente me ceden.

Quienes ya la hayan leído sabrán por qué merece una vista particular y si alguien se anima a leerla por estas líneas seré un privilegiado y les aseguro que no se arrepentirán.


Every breath you take
And every move you make
Every bond you break, every step you take
I’ll be watchin’ you
Every single day
And every word you say
Every game you play, every night you stay
I’ll be watchin’ you.

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Mi madre sueña en francés”

  1. Las madres. ¡Cuánto nos aman las madres! Y cómo velan por nosotros, hasta cuando ellas son las enfermas.

    Cómo se ocupan y se preocupan de que nos formemos, de que seamos alguien, de que seamos al menos, su triunfo, porque su gran amor lo somos desde que nacemos.

    Que nos imbuyan el amor a las letras, a la literatura, al arte, a la cultura en general. Sí, también es un enorme regalo para agradecerles de por vida, más allá de su amor incondicional.

    Has hecho que me apetezca buscar ese título. Me llamó la atención en su momento, cuando publicaste la dedicatoria que te hizo el autor, hace unos días. Porque, después de muchos, muchos años relacionándome a diario con el enorme y complejo mercado editorial francés, sí, yo también he soñado en francés muchas noches, pero seguro que de un modo diferente al que esta novela relata en sus páginas.

    Feliz segundo aniversario, amigo mío. Y muchas gracias por compartir esto. Un abrazo.

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