Envidia

Helena Garrote Carmena

Ciervo acosado por una jauría de perros (1637-1640)-Paul de Vos






Se llama Francisca, pero en el barrio la conocen como “la pantera”.

Pasa de los sesenta aunque se empeña en mantener un aspecto grotescamente juvenil a base de melena, colorete y abalorios de mercadillo.

Tiene cuatro hijos, pero les perdió la pista hace años. Nunca habla de ellos, excepto de su Antoñito, que era guapo a rabiar y se lo mataron con diecisiete. Fue por envidia. Lo repite siempre con el segundo coñac, antes de empezar a remungar y pedir que le apunten la copa.

De hombres no quiere saber nada. Les devuelve desdén e indiferencia, pero si alguno la invita, acepta con un empalagoso “gracias caballero”, mientras se empina nuevamente al taburete.

Cuando termina recoge las bolsas y se marcha del bar embutida en sus mallas de leopardo. Parece un animal extraño y deforme. Los chicos la silban cuando pasa; ella estira el gaznate y los ignora.

Una vez salió por televisión. El joven reportero la abordó en la calle y ella accedió coqueta. Tras alabar su elegante aspecto, le preguntó su opinión sobre el inminente desalojo y derrumbe de la barriada para construir un moderno bulevar. Ella contestó:

Pues no me parece bien. Yo llevo viviendo aquí cuarenta años y divinamente. Los políticos deberían dedicarse a otras cosas. Lo que hay es mucha envidia. ¿Cuándo ponen esto?

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