El último valle

Miguel Rubio Artiaga







Yo he plantado ciruelos de hoja roja
rodeados de girasoles amarillos
y almendros de flores blancas.
En mi valle huele a espliego
romero, azahar y tomillo
y siempre se oye el correr el agua
de un tranquilo riachuelo.
donde las adelfas se alternan
con las coloridas flores
en pico de La Flor del Paraíso
el verde singular de los azufaifo
resaltando las blancas calas.

En mi recóndito valle
he sembrado una llanura de trigo
para cuando baile con el viento
semejen ser olas y recuerde ese mar
donde crío , cubo y rastrillo, jugaba.
De noche callado, hablo con la Luna
y mi alma se llena de estrellas
es ese susurro nocturno extraño
que se oye al hablar entre ellas
hasta llegar la amanecida
con cielo azul y nubes blancas.

En mi valle no uso pluma ni papel
escribo mis versos en la rocas
usando un afilado cincel
y una pequeña maza
con ellos de cara al mundo
quedan escritas las palabras.
Vivo donde quiero morir
solitario y entendiendo
que la mano de la muerte
sostenga mi mano con el cincel
y la que sostiene la pequeña maza
me ayude antes de irme con ella
a escribir mi último verso
en la más elevada de las rocas
en la cima de la colina más alta.

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