Cartas y escritos inéditos [Fragmento] (I)

Raymond Chandler






(Sobre la novela policial)

Abril 9, 1939
A George Harmon Coxe

Gracias por su carta y muy reconocido por sus observaciones sobre el problema del cuento detectives o en general. Me imagino que si uno es lo suficientemente bueno en eso, puede ganarse estrechamente la vida, muy estrechamente. Con todo, yo ya estoy acostumbrado… Knopf parece pensar que, si surge alguien que puede escribir tan bien como Hammett, debe tener el mismo éxito que Hammett. Siendo Knopf un editor debe conocer su negocio, pero yo me palpito que podría surgir alguien que escribiera infinitamente mejor que Hammett y que, sin embargo, no obtuviera nada semejante al éxito de Hammett. Pero por supuesto esto es absolutamente impredecible.


Junio 27, 1940
George Harmon Coxe

Lo que la guerra ha hecho con el escritor como escritor es bastante malo. Lo que ha hecho con el libro me imagino que tanto usted como yo lo descubriremos bien pronto.
Yo me adhiero aún a la opinión de que, en tiempos como estos, un cuento de detectives bueno y sólido, es un regalo del cielo. Sólo porque usted me lo recomendó leí And Then There Were None, de Agatha Christie, y en seguida de leído hice un análisis, ya que se le había hecho bombo como el perfecto cuento de crimen… Como pasatiempo me gustó la primera parte y, sobre todo, el comienzo. Pero la segunda empalidece… Lo que particularmente me molestó fue la concepción básica del libro. He aquí a un juez, un jurisconsulto, un hombre con un toque de sadismo pero al mismo tiempo con pasión por la justicia perfecta, y este hombre condena a muerte y asesina a un grupo de gente sin tener por evidencia más que rumores. En ninguno de los casos tenía él ni sombra de real prueba de que alguno de ellos había cometido realmente un crimen. En todos y cada uno de los casos se trataba simplemente de la opinión de alguien, o de una posible, quizás probable, inferencia de las circunstancias. Algunos de ellos admiten sus crímenes, pero esto se da sin excepción después de que los asesinatos han sido planeados, los juicios iniciados, las sentencias pronunciadas.
Pero estoy muy contento de haber leído el libro, porque de una vez por todas ha quedado resuelto en mi cabeza un problema en el que, por lo menos, subsistían algunas dudas. El de si es posible escribir una obra de misterio de tipo clásico rigurosamente honesta. Es imposible. Para lograr complejidad se urden las pistas, la distribución del tiempo, el juego de coincidencias; se da por seguro lo que sólo tiene un 50 por ciento de probabilidades. Para obtener el asesino-sorpresa se inventa el personaje. Esto es lo que me fastidia más que nada, pues el personaje tiene para mí un significado especial.


Enero 26, 1944
A James Sandoe

… Ciertamente usted no es el único que desea que “se pudiera hacer algo acerca de las desventajas de la segregación con la luz roja que se hace contra las historias de detectives en las reseñas”. Muy de vez en cuando el autor de historias de detectives es tratado como un escritor, pero muy raramente. Creo, sin embargo, que para esto existen unas pocas pero buenas razones. Por ejemplo: a) la mayoría de las historias de detectives están muy mal escritas; b) se venden mayormente a bibliotecas que se mantienen con un servicio de lectura paga y que no prestan atención alguna a las reseñas; c) creo que el mercado del cuento policial está mal encarado. Es absurdo esperar que la gente pague más por esto que para ver una película; d) se ha hecho una investigación tan a fondo de la historia de detectives o policial como forma de arte que ahora los escritores tienen un real problema: el de evitar escribir una novela policial cuando se cree que la están escribiendo. Sin embargo, ninguna de estas razones —sean ciertas o falsas— modifica la causa esencial de molestia para un escritor. Éste tiene la certeza de que no importa todo lo bien que escriba una historia policial; igual será comentada apenas en un párrafo, mientras que un relato de cuarta categoría, mal construido, medio en serio y medio en broma, sobre la vida de un puñado de recolectores de algodón allá en el sur recibirá una columna y media de respetuosa atención. Los franceses son la única gente que conozco que piensa que escribir es escribir. Los anglosajones piensan primero en el contenido y luego, si es que lo piensan, en la calidad.


Julio 17, 1944
A Charles W. Morton

Sanders, mi representante en Nueva York, me hizo saber hace algún tiempo que usted podría tener interés en que yo escribiera un breve artículo para el “Atlantic” sobre la novela moderna de detectives. Naturalmente, me sentí halagado a la vez que interesado.
La última vez que tuve la oportunidad, intenté hacer un esquema preliminar de un artículo tal, pero me di cuenta de inmediato de que no tenía la menor idea de cómo hacerlo. La dificultad pareció residir en parte en que yo no había leído historias de detectives en número suficiente como para hacer gala, como es usual, de un gran despliegue de erudición, y en parte en que realmente yo no parezco tomar el elemento de misterio de la novela de detectives tan seriamente como debiera. El cuento policial que yo conozco y que a mí me gusta es el intento no demasiado exitoso de combinar los atributos de dos tipos de mente distintos: la que es capaz de producir un rompecabezas fríamente resuelto es incapaz, por regla general, de encender el fuego y el vigor que son necesarios a un arte vivo.


Diciembre 16, 1944
A James Sandoe

… No lo verifiqué, pero esporádicamente tengo la vaga impresión de que jamás se me ha bajado el tono con mayor suavidad. No ignoro que tenían que poner tijera, porque el asunto estaba demasiado largo, y está muy largo aún como quedó. Un principio muy bueno que tenía fue eliminado porque no tenía mucho que ver realmente con las novelas de detectives. Era simplemente una expresión general de desprecio por lo que se conoce como escritura significativa… Me queda material suficiente como para escribir otra cosa. Pero pienso que la mayor parte de la crítica que se escribe son pamplinas y la mitad de ella es deshonesta… y no tiene sentido que yo me agregue a ella. De cualquier manera, es un atajo al olvido. Pensar en términos de ideas destruye el poder de pensar en términos de emociones y sensaciones.


Octubre 13, 1945
A Charles W. Morton

… En cuanto a la referencia a Hammett en tiempo pasado, espero que no haya que hacerlo así. Hasta donde yo sé está vivo y bien, pero se ha pasado tanto tiempo sin escribir —a menos que se cuenten un par de trabajos para el cine— que me entran dudas. Fue uno de los muchos tipos que no pudieron aceptar Hollywood sin tratar de expulsar a Dios de su sitial. Me acuerdo de un episodio que me contaron cuando Hammett ocupaba una suite en el Hotel Beverly-Wilshire. Una persona deseaba hacerle una propuesta y fue a verlo casi al mediodía. Fue introducido en la sala por un sirviente de Hammett y, luego de una prolongada espera, se abrió la puerta y el gran hombre apareció en ella, envuelto en una costosa bata, con un pañuelo formando elegantes pliegues en torno de su cuello. Permaneció en silencio mientras el hombre hablaba. Al final dijo cortésmente: “No”. Se dio vuelta y se retiró, la puerta se cerró, el sirviente le mostró al tipo el camino de la puerta, y se produjo el silencio…
Si usted vio alguna vez a Hammett, comprenderá la dignidad y el patetismo de esta breve escena. Es un hombre de una apariencia muy distinguida, y se me hace que podría decir “no” sin el menor rastro perceptible de acento de Brooklyn. A mí me gustaba muchísimo. Es una gran pena que haya dejado de escribir. Jamás he sabido por qué. Supongo que quizás se le hayan agotado los recursos en un estilo determinado y le haya faltado profundidad intelectual para compensarlo intentando algo diferente. Pero no estoy seguro…


Noviembre 9, 1945
A Erle Stanley Gardner

… Hace unas semanas me fui a Big Lake a reponerme de un estado de completo agotamiento que usted, como incansable que es, jamás conocerá. Lo único que pude leer son los cuentos de Perry Mason. Había varios de ellos que no había leído, no sé por qué. Quizás mis gustos hayan cambiado, quizás mis constantes batallas legales por cuestiones de contratos me hayan convertido en un enamorado de la ley. Sea como fuere, leía uno por noche y me encantaban. Fue interesante también observar que a medida que pasaba el tiempo se volvían mucho más pulidos y más expertos.


Enero 29, 1946
A Erle Stanley Gardner

… Me dirijo ahora a la Corte, con permiso, con referencia a un pretendido autor de obras policiales, un tal Gardner. Intelectualmente el público lector es, en el mejor de los casos, adolescente, y resulta obvio que lo que se llama “literatura significativa” podrá ser vendida a este público con exactamente los mismos métodos empleados para venderle pasta dentífrica, laxantes o automóviles. Es igualmente obvio que este público, puesto que se le ha enseñado a leer por la fuerza bruta, en los intervalos de su lucha con el último best seller “significativo”, desea leer libros que sean entretenidos y estimulantes. Así, al igual que todos los públicos de todas las edades que han recibido una educación a medias, se vuelve con alivio al hombre que les cuenta una historia y nada más. Decir que lo que este hombre escribe no es literatura, es como decir que un libro no puede tener nada de bueno si hace que uno quiera leerlo.
Cuando un libro, cualquier clase de libro, alcanza una intensidad determinada de ejecución artística se vuelve literatura. Esa intensidad puede ser una cuestión de estilo, situación, personajes, tono emocional, idea o una media docena de cosas más. Puede ser también el perfecto control sobre la evolución de una historia, similar al control que un gran pitcher tiene sobre la pelota. Eso es lo que para mí usted tiene más que nada y más que nadie… Cada página me arroja el anzuelo para la siguiente. Eso es lo que yo llamo una suerte de genio… Perry Mason es el detective perfecto porque emplea el método intelectual de una mente jurídica y posee al mismo tiempo, la inquieta cualidad del aventurero que nunca permanecerá en un sitio.
Por lo tanto, acabémosla con ese barullo acerca de que “como literatura mis cosas aún hieden”. ¿Quién dijo eso? ¿William Dean Howells?


Diciembre 9, 1946
A Howard Haycraft

… Como casi todas las antologías… ésta omite algunas cosas que el lector piensa que debían haberse incluido inevitablemente: por ejemplo, el artículo de Somerset Maugham publicado originalmente en el “Saturday Evening Post”o la maravillosa parodia de la obra de misterio sin corazón de Perelman… El gusto es una cosa extraña. A diferencia de mí, usted tiene lo que se conoce como gusto universal, pero no debe tomar de manera demasiado literal algo de carácter polémico como mi artículo del “Atlantic”. Pude haber escrito con la misma facilidad una pieza de propaganda en favor de la novela de detectives inglesa. Todo escrito polémico es exagerado. En el preciso instante en que se admite que las dos partes en una controversia pueden tener razón, se echa a perder toda la polémica…


Setiembre 4, 1948
A Cleve F. Adams

… Yo no inventé la historia de asesinato sin corazón, y jamás ha sido un secreto mi opinión de que el mayor o casi todo el mérito corresponde a Hammett. Todos imitan al principio. Lo que Stevenson llamaba jugar el papel del “mono hacendoso”. Mi opinión personal es que un intento deliberado de levantar los trucos personales de un escritor, su stock a la venta, sus manierismos, su método de aproximarse al material, puede llevarse demasiado lejos —hasta el punto donde se torna una suerte de plagio, y de la peor especie porque el derecho no lo castiga. La ley no reconoce plagio, salvo el del argumento básico…
Como Hammett no ha escrito para publicar desde 1932, algunos me han escogido como el representante máximo de la escuela. Esto se debe probablemente al hecho de que la corriente de la superproducción en las películas de misterio no se inició, aunque debió haberse iniciado, con El Halcón Maltés. Se originó, en cambio, con Double Indemnity y con Murder, My Sweet. Y a mí se me asoció con ambas. El resultado es que todo el que solía ser acusado de escribir como Hammett puede ser acusado ahora de tratar de escribir como Chandler.


Octubre 17, 1948
A James Sandoe

The Franchise Affaires un verdadero hallazgo y yo me siento inmensamente agradecido. La disfruté línea a línea y me gustaría conocer mejor a la señorita Tey. ¿Por qué será que las mujeres escriben este tipo de libros mucho mejor que los hombres? ¿Son más pacientes y observadoras?
No hay trabajos críticos de primera calidad sobre la novela de crímenes o de misterio, esté o no basada en los hechos. Ni en este país ni en Inglaterra hay reconocimiento por parte de la crítica de que se encierra mucho más arte en los mejores representantes de estas obras que en cualquier cantidad de gruesos volúmenes de macaneadora historia o de basura con significado social. Nunca se ha escarbado qué base psicológica tiene la enorme popularidad, entre toda clase de gente, de la novela de asesinatos, crímenes o misterio… Y si hay que obtener significados… es muy posible que las tensiones de una novela de asesinatos sean el modelo más simple, y sin embargo el más completo, de las tensiones con las que vivimos en esta generación.


Marzo 11, 1949
A Bernice Baumgarten

… De vez en cuando recibo una sacudida al verme a mí mismo a través de otros ojos. En el último número de la “Partisan Review”, dice alguien refiriéndose a Our Mutual Friend: “Es posible que el problema de la conexión con lo real no se presentara y que los contemporáneos de Dickens hayan aceptado su sombría visión de Londres y de Inglaterra con la misma facilidad con que ahora aceptamos la California de Raymond Chandler, con su pandilla bestial y neurótica de asesinos y pesquisas…” etc. Otro escritor se refirió a mí en esta revista avant garde como a un “Catón de las Crueldades”. Aparte del halago obvio de que me presten alguna atención los intelectuales refinados que escriben para estas publicaciones —y debo entenderlos bien, pues fui uno de ellos durante años—, no puedo comprender dónde dejan su sentido del humor. O para expresarlo mejor: ¿Cuál es la razón de que los norteamericanos —el pueblo que con mayor rapidez cambia de estado de ánimo— no perciban el profundo elemento de burlesco que existe en lo que escribo? …
La materia del escritor de obras de misterio es el melodrama, que es la exageración de la violencia y del miedo más allá de lo que uno normalmente experimenta en la vida. (Digo normalmente: jamás ningún escritor se acercó a la vida de los campos de concentración nazis.) Los medios que utiliza son realistas en el sentido de que cosas así le suceden a la gente como ésta y en sitios como éstos. Pero este realismo es superficial; el potencial de emoción esté sobrecargado, la comprensión de tiempo o incidente es una violación de lo probable, y, a pesar de que tales cosas suceden, no suceden ni tan rápidamente ni en una estructura lógica tan compacta a un grupo de gente entrelazada de manera tan estrecha.


Abril 14, 1949
A James Sandoe

Leí The Moving Target de John Ross Macdonald y me ha impresionado muchísimo, de una manera singular. En verdad, podría utilizarla como trampolín de un sermón sobre Cómo no ser un Escritor Sofisticado… Lo primero que me choca en el libro (y supongo que no estaría escribiendo sobre él si no sintiera que el autor posee algo) es una impresión bastante repulsiva. No hay dónde agarrarse; he aquí a un hombre que ambiciona para la novela de misterio un público con su primitiva violencia y que ambiciona, al mismo tiempo, que quede claro que él, como individuo, es un ser de enorme cultura y sofisticación. Un auto tiene “el acné del óxido”, no manchas. Los garabatos en la pared de los baños son “graffiti”; uno habla del “ósculo del podex” (latín médico también, ¿no somos una porquería?). “Los segundos se amontonan tan precariamente como una torre de fichas de póker”, etc. El símil que no sale del todo es porque no entiende cuál es la finalidad del símil.
Las escenas están bien manejadas, se nota algún tipo de experiencia detrás del libro, y no me sorprendería descubrir que el nombre era un seudónimo de algún novelista de cierto talento en otra área. Lo que me interesa es si con esta pretenciosidad en la frase y en la elección de palabras se persigue escribir mejor. De ninguna manera. Se podría justificar esto sólo si la historia también fuera ejecutada en el mismo nivel de sofisticación, y si esto fuera así, no se llegarían a vender mil ejemplares. Cuando se dice “manchado por el óxido” (o corroído, y yo casi me pronunciaría, aunque con reticencia, por “granos de óxido”) se comunica una simple imagen visual. Pero cuando se dice el “acné del óxido”, se traslada violentamente la atención del lector de lo que se describe a la actitud del autor. Éste es, por supuesto, un ejemplo muy simple del mal uso estilístico de la lengua, y pienso que algunos escritores están constreñidos a escribir con frases rebuscadas a manera de compensación por la ausencia de algún tipo de emoción animal natural. No sienten nada, son eunucos literarios, y por lo tanto, para probar su individualidad, caen en una terminología oblicua. Es el tipo de actitud que mantiene vivas las revistas avant garde, y resulta sumamente interesante ver el intento de aplicarla a este tipo de literatura.


Abril 16, 1949
A Alex Barris

… ¿El mejor autor de obras de misterio? No puedo contestar. Demasiados tipos. Por las ventas, Gardner y Christie. No puedo leer a Christie, Gardner estrecho amigo personal. Carter Dickson no lo puedo leer, pero otros lo adoran. El mejor autor de personajes y suspenso de una consistente aunque no amplia producción, Elisabeth Holding. El que más suda con los detalles, Freeman Wills Crofts. Para las mejores citas del latín y del griego, Dorothy Sayers. El autor de mayor encanto natural, Philip Macdonald. El escritor que mete más miedo: ninguno, a mí no me asustan. Pero Dorothy Hughes asusta a casi toda la gente. El personaje más fascinante que se me ocurre de momento, el M. C. en Wall of Eyes, de Margaret Millar (M. C. quiere decir Maestro de Ceremonias). El de las mejores ideas: Cornell Woolrich (William Irish), pero hay que leerlo rápido y sin analizarlo mucho; es demasiado apasionado.
Esto es un completo disparate. Ustedes se tienen que poner de acuerdo sobre normas y definiciones. Hasta tienen que mantener el mismo humor. Tienen que decidir si van a juzgar por la producción total o por un solo libro que por casualidad sea un éxito.


Abril 21, 1949
A Bernice Baumgarten

… Dorothy Sayers intentó pegar el salto desde la novela de misterio a la de costumbres y llevarse el misterio consigo. Trató de apartarse, con equipaje y todo, de la gente que es capaz de crear un argumento pero no puede escribir para acercarse a los que pueden escribir pero, con excesiva frecuencia, son incapaces de crear un argumento. Pero no tuvo éxito, porque la novela de costumbres a la que ella aspiraba era algo demasiado ligero en sí mismo como para ser importante. Sólo se trató de la substitución de un tipo trivial de producción popular con otro. No me causa satisfacción el que esto no pueda lograrse, aunque quizá alguna vez, en alguna parte, quizás no ahora y sin que sea yo el autor, pueda escribirse una novela que, perteneciendo ostensiblemente al género de misterio y conservando el aroma a misterio, resulte realmente una novela de caracteres y atmósfera con resonancia de violencia y temor.


Mayo 14, 1949
A James Sandoe

… A pesar de que me lo mencionaste repetidas veces, sólo ahora acabo de descubrir a Michael Innes. Opino que es maravilloso y estoy por comprarme todos los libros de él que aún no estén agotados. Aun cuando sus argumentos fueran pésimos, sería con todo un placer entrar en contacto con un espíritu tan cultivado, lleno de un humor socarrón y una risa de tonos medios. Lo que un adicto a la típica novela de misterio puede sacar de él, sólo Dios lo sabe. Muy poco, me imagino; a mí me cae de medida, y hace sonar a todos los chicos depalabras-de-una-sílaba como niñitos de-cerebro-rengo-vía-muerta.


Mayo 20, 1949
A James Sandoe

… El problema de nomenclaturas que usted plantea es peliagudo. Estoy de acuerdo en que tiene que haber un uso convenido de la terminología, pero los tres términos del inglés me parecen tontos. Tec pertenece a esa clase de jerga idiota del inglés (como ripping, posh, wizard, grisly) a la que le falta imaginación y, por lo tanto, significado. Thriller y shocker implican una actitud limitativa que no viene al caso, aun cuando se justifique en este momento.
Enfocando mi desordenado pensamiento sobre este campo tal como yo lo veo, puedo decir sólo lo que las diversas frases me parece que significan. Novel or tale of detection [Novela o cuento de detección] implica que se trata fundamentalmente de hechos físicos y sensoriales, de su descubrimiento, organización, elucidación, de hacer de ellos un diagrama. Esta clase de urdimbre deriva su interés de un proceso, una técnica (la de observar al hombre en acción); utiliza el personaje lo mejor que puede, la emoción lo menos posible. Casi todo el género es de alguna manera fraudulento, pero en tanto no lo sea es la forma clásica y tiene derecho a uso del vocablo detección.
Mystery [Misterio] es realmente un término desafortunado. Tomado genéricamente, es el mejor término, porque incluye lo más y excluye lo menos, pero la dificultad está en que lo necesitamos también para un fin más específico: designar ese tipo de creación en la que lo que se busca no es un criminal específico, sino una raison d’être, un significado en los personajes y en la relación, qué diablos pasó más que quién lo hizo. La historia puede ser violenta o apacible, brutal o elegante, pero el énfasis recae siempre en las personas, no en los hechos, y siempre hay algo que tiene que ser descubierto antes de que la cosa cobre sentido, en lo cual se diferencia totalmente de la:
Novel of Suspense [Novela de suspenso]. En ésta hay quizás misterio, y quizás un detective; pero éstos forman parte de la presión externa. En este tipo de novela hay siempre alguien en un atolladero, y la historia se cuenta desde su punto de vista. Hay una forma espúrea en la que el detective está en el atolladero, pero no cuenta con mi apoyo…
Inverted Detection Tale [Historia de detección inversa]. Es, como usted dice, un crimen ejecutado con el mayor cuidado y detalle seguido de una dilucidación y descubrimiento aún más detallados.
Idioteces como La Dama Fugaz o ¿La Estrangulará en la escalera?, son una variante espúrea de la novela de suspenso…
The Chase [La Cacería]. Supongo que ésta es, en realidad, una subclase, pero tiene tanta vitalidad cuando está bien hecha, especialmente en el cine, que parece merecer una gaveta para ella sola. La sustancia de su eficacia parece muy cercana a la de la novela de espionaje narrada desde el punto de vista del espía. El suspenso reside en el hecho de que el héroe o la heroína no recurren a las armas, sino a la fuga y al sigilo. Ser apresado significa sencillamente ser derrotado; de ahí que los incidentes del caso constituyan la historia completa…
El Psycho-thriller es una falsificación, y creo que está en decadencia. Y normalmente resulta una lata. No tiene base sólida (en general, tampoco la tiene la psiquiatría), y cuando logra atraparte, no se debe casi nada a la forma en sí misma.
Novel of Murder [Novela de homicidio]. Creo que no tiene nada que hacer aquí. An American Tragedy, por ejemplo, no tiene mayor relación con misterios o detección que The Lost Week-End. El mero asesinato no incorpora a una novela a la categoría de novela de detectives o misterio.
¿Se le ofrece algo más?


Junio 16, 1949
A James Sandoe

… Mientras anoche leía al azar The Art the Mystery Story, me asombró la poca calidad de la crítica de las obras de misterio. Toda la discusión se mueve en el plano de los valores de menor cuantía y hay una constante impaciencia por no permitir el ingreso de la novela policial en la literatura.
La clase de gente educada pero semiculta con la que uno se encuentra hoy en día… me dice siempre más o menos esto: “Usted escribe tan bien que estoy convencido de que podría hacer una novela seria”. Con probabilidad se sentirían insultados si uno les hiciera notar que la distancia que va de una novela de misterio realmente buena a la mejor novela seria de los últimos diez años es apenas mensurable en comparación con la distancia entre la novela seria y cualquier trozo representativo de literatura ática del siglo IV antes de Cristo.
No puede haber arte sin que haya un gusto en el público, y no puedo haber un gusto en el público sin que exista un sentido de estilo y calidad que abarque la estructura por entero. Y, curiosamente, este sentido de estilo parece tener muy poco que ver con el refinamiento o aun la humanidad. Puede existir en una época sucia y salvaje, pero no puede existir en la época de la Coca-Cola… en la época del-Libro-del-Mes y de la Prensa Hearst. No se lo puede tener en una época cuya nota dominante es una vulgaridad eficiente, una pelea completamente inescrupulosa en pos del dólar, una época en que la familia típica de clase media (en California, por lo menos) parece subsistir para el mantenimiento de un enorme auto, vistoso y caro, que como obra de ingeniería no es más que hierro viejo.


Octubre 14, 1949
A James Sandoe

Me gustaron sus observaciones sobre Peter Cheyney, especialmente porque acababa de recibir de la gente de Penguin, en Inglaterra, un paquete con cinco de sus libros. Uno de ellos, Dark Duet, me parece bárbaro… Ahora estoy leyendo So Little Time de Marquand. Si no me acuerdo mal, se le hizo muy mala crítica cuando salió, pero a mí me parece lleno de una gran agudeza de ingenio y de vitalidad y que es, en general, un trabajo más satisfactorio que Point of no Return.
De cualquier manera, yo siempre me equivoco en mi gusto por los libros. Y en mi gusto por las películas. Y en mi gusto por la gente. Y tengo la mala costumbre de empezar un libro y de leer sólo lo indispensable para estar seguro de que quiero leerlo, y de dejarlo luego de lado mientras voy rompiendo el hielo de un par de libros más. De esta manera, cuando me siento aplastado y deprimido, lo que me pasa con demasiada frecuencia, sé que tengo algo para leer de noche tarde, y no esa horrible sensación de vacío de no tener con quién hablar o a quién escuchar.
En cuanto a las obras de misterio, no hay salida. No parecen valer el esfuerzo. Sería algo estupendo el que ahora se le ocurriera a alguien escribir una buena novela de misterio, analítica y desapasionada, al demonio con el suspenso y el diálogo ingenioso, y nos permitiera buscar la frescura en los elementos básicos. La forma total anda desencaminada, el énfasis se han trasladado a cuestiones irrelevantes.


Diciembre 13, 1949
A Hamish Hamilton

… Este Austin Freeman es un maravilloso artista. No tiene igual en su género y es también mucho mejor escritor de lo que uno podría pensar, si uno sintiera inclinación por lo superficial, porque, a pesar de la inconmensurable placidez de lo que escribe, termina por lograr un suspenso parejo que resulta por completo, inesperado. El conjunto de cosas que compone sus obras apunta al aburrimiento, pero él no es aburrido. Hay hasta un encanto de “luz de gas” en sus amores Victorianos y en esas maravillosas caminatas por Londres que llevan a cabo las largas piernas del Dr. Thorndyke como si fuera un paseo por el jardín, en compañía del Dr. Jervis, su jovial y pavote Watson, a quien nadie en su sano juicio contrataría para una operación legal o médico legal que requiriera mayor precisión que contar los dedos de los pies a un cadáver.
A Freeman se lo ha distinguido tanto como artesano, que se puede olvidar fácilmente que, dentro de su tradición literaria, es un escritor de primera. Fue él quien inventó la novela de detectives inversa. Fue él quien demostró la posibilidad de falsificar huellas dactilares y de detectar la falsificación mucho antes de que se le ocurriera a la policía. Su conocimiento es inmenso y absolutamente real. La gran escena hubiera sido una batalla en una corte de justicia entre Thorndyke y Spilsbury y, por mi alma, Thorndyke hubiera vencido con las manos bajas.


Octubre 13, 1950
A Hamish Hamilton

… ¿Se publica en Inglaterra a Elisabeth Sanxay Holding? Apuesto lo que sea a que es la mejor autora de suspenso del mundo. Ella no se larga a toda velocidad y te hace sentir irritado. Sus personajes son maravillosos; y tiene una especie de calma interior que me parece de lo más agradable. Si no los has leído todavía, te recomiendo Net of Cobwebs, The Innocent Mrs. Duff, y The Blank Wall.


Dic. 7, 1950
A James Sandoe

He acabado de leer un libro llamado La Bestia Debe Morir, de Nicholas Blake, el seudónimo de Cecil Day Lewis. Nuevamente me ha impresionado, por no decir estremecido, el efecto devastador que tiene en la novela el ingreso del detective Nigel Strangeway, un amateur con la esposa pisándole los talones —esposa que es una de las tres más grandes exploradoras del mundo, lo que la coloca en el mismo grupo distinguido, y en mi opinión absolutamente tonto, al que pertenece la esposa artista del Roderick Alleyn de Ngaio Marsh—. Hasta ese punto la novela es estupenda y muy bien escrita, pero el detective amateur no hay caso, no anda. No andaba ni aun cuando su hermano era duque y él poseía un título y era un estudioso del mundo clásico de considerables dotes. Y no anda ni mejor ni igual como Nigel Strangeway. El pesquisar es confesadamente una exageración, una fantasía. Pero, por lo menos, es una exageración de lo posible.


Abril 16, 1951
A Bernice Baumgarten

… Creo percibir que Eric Ambler ha caído entre dos señuelos y ha sucumbido al peligro que afecta a todos los intelectuales que intentan lidiar con la materia del thriller. Yo sé que en mis libros tengo que combatirla constantemente. No es tarea fácil mantener a los personajes y a la anécdota funcionando en un nivel que sea comprensible para un público semiletrado y dar al mismo tiempo, implicancias de orden intelectual o artístico que ese público ni busca ni pide, o reconoce realmente, pero que de alguna manera inconsciente acepta y disfruta. Mi teoría fue siempre que el público ha de aceptar el estilo, siempre y cuando no se lo llame estilo, ni con palabras ni, por decirlo así, tomando distancia para admirarlo.
Me parece que hay una enorme diferencia entre escribir apuntando al público (algo que siempre termina en fracaso) y escribir lo que uno quiere de la manera que el público aprendió a aceptar. El asunto no es tanto que Ambler se permitió volverse intelectual como que se hizo evidente que estaba siendo un intelectual.

Enero 16, 1952
A James Sandoe

The Handbook for Poisonerste está por llegar de vuelta. La mayor parte de las historias de Bond las he visto antes. Me gustó muchísimo la introducción, en particular la descripción clínica de los efectos de la mordedura de víbora en el guardián del zoológico de Chicago. Pero hay por cierto una enorme cantidad de venenos que Bond omite, teniendo en cuenta todo lo que debe haber investigado y leído.
Me hubiera gustado que, en su exposición de los venenos, Bond se hubiera explayado sobre antídotos, y aportado algunos hechos interesantes, como por ejemplo (si es que realmente son hechos): que en todo el campo de los venenos existen realmente sólo dos antídotos, la atropina y la muscarina, que son antídotos mutuos; que la morfina circula a través del estómago y que algunos casos de envenenamiento con morfina pueden curarse con constantes lavajes estomacales; que el arsénico se acumula en el hígado y circula a través de allí al corazón y que a veces mata al afectar los músculos del corazón; y que el envenenamiento por cianuro, que pasa por ser tan súbito e irrevocable, puede superarse en algunos casos por medio de la respiración artificial, siempre que se la aplique con la suficiente presteza y se la mantenga por el tiempo necesario, ya que el veneno mismo oxidiza bastante rápido. Bueno, no se lo puede tener todo en setenta y dos páginas.


Octubre 1955
A Hillary Waugh

… Aquíno se me considera un autor de obras de misterio, sino un novelista norteamericano de cierta importancia. No voy a decir de cuánta importancia porque los porcentajes varían.
Un autor de thrillers en Inglaterra, si es que es bueno, es tan bueno como cualquier otro. No existe para nada ese esnobismo que hace a un novelista serio de cuarta categoría, sin estilo o sin real talento, superior por definición a un escritor de obras de misterio que pudo haber colaborado en recrear toda una literatura. La gente —gente inglesa de buena crianza— se llegan hasta mí en este hotel exclusivo, se presentan y me dan las gracias por el placer que mis libros les han dado. No creo que en los Estados Unidos las cosas sean jamás así. Seguramente no durante mi vida. Lo que me temo es que nuestro instinto de clasificación es demasiado fuerte. Me temo también que nuestra ignorancia intelectual de base es demasiado grande. Si no es un best-seller de poca monta o el elegido de un club del libro, que se vaya al diablo.
… No discuto que un gran número de obras policiales son mediocres, pero gran número de libros de cualquier género son mediocres, si el patrón se pone alto. Pero no admitamos el punto de vista de que las obras de misterio las escriben mercenarios. El peor de nosotros derrama su sangre en cada capítulo. El mejor empieza de cero con cada nuevo libro. Los mercenarios son gentes que hacen con facilidad algo que ellos saben no vale la pena hacer, pero que lo hacen por plata. A ningún escritor de obras policiales que yo haya conocido se le cruzó jamás por la cabeza que lo que hacía no valía la pena hacerlo; lo único que deseaba era poder hacerlo mejor.
Yo tuve la suerte de ser uno de los afortunados y, créame, hace falta suerte…

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