EQUISEY: “Sobre la intolerancia”

Carlos E. Luján Andrade






Y: Hay cosas que ni sorprenden

X: ¿Sobre?

Y: Leo y escucho la opinión de muchas personas sobre determinados gustos musicales, literarios y de posiciones políticas en los que percibo intolerancia desmedida, una necesidad de expresar su disconformidad de una manera muy agresiva, con adjetivos altisonantes y discursos discriminadores. Hasta podría decir que son fascistas.

X: ¿Fascistas?, eso sí está fuerte…

Y: Quizás exagero porque no hay consecuencia en su opinión. No es ideológica sino que se basa en prejuicios.

X: Comprendo. Critican porque sienten que existe una tendencia mayoritaria a preferir algo que a ellos les desagrada o que quieren que les desagrade.

Y: Eso creo, y lo menciono porque lo que critican hace mucho que existe. Solamente se pronuncian una vez que resalta de la medianía en la que creen que deben estar esos gustos alternos. No hay tregua, son furibundos sus ataques y los más despistados se exponen y desnudan lo que los juiciosos cuidan: el resentimiento, el sentimiento de inferioridad, la discriminación, etc.

X: Es comprensible, si tienes algunos de esos sentires es muy poco probable que trances. Y te diré que esas opiniones son el pilar de su personalidad, como decía Heinrich Boll, que los ateos no hacen otra cosa que hablar de Dios y eso los hace insoportables, es como si al Ku Klux Klan le dijeras que los negros son iguales a los blancos. Quizás no odien la idea misma de que eso sea cierto sino que les quitarás su razón de existir, como los barristas de un equipo de fútbol. Claro, los ejemplos que te doy son casi extremos. En el caso de las opiniones aisladas, que brotan de vez en cuando, son porque sienten que su gusto puede ser destronado por otro que consideran inferior. Es algo distinto.

Y: Lo desconcertante lo encontramos en la autoridad que se arrogan los que critican lo ajeno, y de manera contraproducente huyen del debate donde probablemente sean desnudadas sus falencias conceptuales, su desinformación y la deformación en sus postulados. Es casi imposible hallar en estos críticos alguna apertura en lo que afirman, pues sienten que si no se le da una idea que fortalece lo que dicen, nada es válido. No pretender hallar una verdad, sino sustentar su parecer.

X: No olvidemos la ironía, esa peculiar manera de manifestar nuestro desacuerdo con situaciones absurdas, burlándonos de la posición ajena, disfrazando la intolerancia con humor; más peligroso aún, porque así se convence a quién disfruta del chiste sin realizar ningún ejercicio reflexivo pues se sostiene en prejuicios. Eso pasa cuando nos reímos de un chiste de negros, judíos o cholos. Quieren ganar adeptos que se dejan llevar por un estímulo más que por la razón. El humor es necesario pero como siempre se advierte, uno nunca sabe en dónde este recaerá.

Y: Es el riesgo del humor irónico para disfrazar la intolerancia. Cómo respondes a eso, ¿con otra broma? Algo difícil por esas cuestiones de espacio tiempo; entonces prácticamente es una forma de expresión de un solo lado. El humor canaliza una disconformidad momentánea, la que no necesita reflexión y con el tiempo uno podrá cambiar de opinión pero para ese entonces ya la broma es sólo un recuerdo. Así esta no busca una aclaración de lo que parodia sino una ovación por la ocurrencia.

X: Eso que mencionas de la ovación me recuerda lo dicho por Schopenhauer acerca de que en general los hombres no tienen opinión propia o capacidad para apreciar aquello que valga la pena y que se guían por una autoridad ajena y aquellos que están de acuerdo son por la autoridad en que sustenta dicha opinión, que por lo general la mayoría es sorda y que se deja llevar por aquél primero que aplaude preguntándose si estos saben que esos primeros que ovacionan son individuos sobornados para hacerlo; yo me atrevo agregar que esa es la razón de lo furibundo de los críticos y opinantes intolerantes, pues anhelan ser esos primeros, aquellos que los demás verán y repetirán sus postulados porque su forma de expresarse, con contundencia y bilis, les crea una imagen ficticia de autoridad.

Y: Veo que también estás leyendo a Schopenhauer… y es así, eso creo, y se aprovechan del espíritu que posee su tiempo porque en una sociedad como la peruana, la urbana, se saca lo peor de ella, la envidia y el egoísmo contribuyen a que esta intolerancia se mantenga. Somos una sociedad friolenta, la crítica airada es como la leña que da calor, nadie hará nada porque se apague porque nos moriríamos de frío, recurrimos a la opinión furiosa para equilibrar nuestro estado emocional. Nos sostenemos en el no diálogo porque sabemos que si sucumbimos a la opinión ajena encontraremos resquebrajaduras en los pilares de nuestra formación.

X: Aunque no debemos subestimarlos, para mí simplemente son gente que ha perdido el pudor, no le temen parecer imbéciles a unos pocos si pueden parecer sabios a todos esos que comulgan con lo que dicen, así sean tan imbéciles como ellos. Estar del lado de una mayoría le evita la vergüenza, por eso la intolerancia no es algo que en ese nivel tenga algo que ver, simplemente no la entienden.

Y: No hay duda, la lucha por la razón pasa por caminos irracionales, motivados más por el estómago que por el cerebro.

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