Por una ética de la crítica artística y literaria

Carlos E. Luján Andrade






La promoción de obras culturales siempre trae como principal obstáculo sortear la opinión de aquellas personas que tienen el poder de imponer el criterio estético oficial. Sean obras literarias, teatrales, pinturas, esculturas, películas o cualquier otra manifestación cultural con afanes estéticos, están expuestas a la opinión de los especialistas. Si los artistas obtienen la bendición de aquellos, su imagen se consolida como representante de aquel arte o de lo contrario se les tilda como proyectos inconclusos a los que todavía les falta madurar. No hay duda que tales opiniones son una carga difícil de llevar si es que se desea llegar a un público masivo que poco o nada entiende de estas actividades, pero sí la consumen, y finalmente serán los que crearán la mal llamada fama. Una que les facultará ponderar con gran nivel sus trabajos y por ende obtener más fondos que les permitan subsistir de dicha profesión.

Ahora, lo que entra en discusión es si tales opiniones son legítimas. Es decir, si efectivamente son objetivas y si se sustentan en criterios sólidos y que pueden ser corroborados por cualquier otro especialista o conocedor. Lamentablemente eso es de difícil comprobación ya que por la escasez de espacio en donde se pueden leer tales críticas o comentarios es imposible determinar el origen y conocer los conocimientos pre-existentes (léase bagaje cultural) de cada opinante y más aún, sus intenciones. A pesar que las redes sociales dan más espacio que el formato escrito, aún todavía no tiene el impacto deseado. Hasta se podría aventurar que la crítica dada en la internet y que no sea una mera reproducción del formato escrito, sino los que actualmente son generados por los “influencer”, tampoco nos da demasiada garantía sobre su honestidad, porque lo dados por ellos son contenidos en sí mismos. Vale decir que lo que aparece en sus comentarios, podcasts o videos tienen la intención de captar más público que dar una opinión seria y rigurosa sobre lo que critican.

Exponer las razones por las cuáles es necesaria la crítica literaria y artística sería ocioso porque aquello ya ha sido expuesto en varias oportunidades por diversos especialistas. Es así que se acepta su existencia ya que esta es la que consolida la obra en la memoria colectiva del público al que desean llegar. Y aún si existiera algún artista o literato que plantee que sus obras son realizadas para sí mismo, el hecho de exponerlas ya está implícitamente reclamando la atención del resto. Pues se considera poco sincera y seria la idea de que lo realizado sea solo para uno si lo que se anhela es vivir de aquello. Lo que sí se considera válido es que algún trabajo esté basado en esta premisa, pero no toda una carrera literaria o artística.

Así, todo trabajo que sea expuesto en lugares públicos deberían ser valorados por personas con conocimientos ya que la oferta es abundante y la calidad poca; ayudándonos a tener alguna idea o criterio sobre todo lo que se nos muestra, consolidando la idea de que el oficio de comentar es una actividad seria y determinante para el desarrollo de la literatura y el arte en toda sociedad.

Por esta razón se reclama una ética del comentarista literario o artístico para así consolidar el respeto de los artistas por esta. Para eso es necesario diferenciar una mera opinión surgida del capricho o antojo, de aquella que nace de un deseo de encaminar o categorizar las tendencias artísticas de nuestra época.

Ensalzar una obra porque tiene un gran respaldo editorial o de un círculo social con el cual no queremos enfrentarnos no es profesional. Lamentablemente, el compadrazgo con el que está inoculado el mundo artístico local impide que dichas apreciaciones críticas sean tomadas con seriedad. Es moneda corriente leer o escuchar opiniones extremadamente favorables sobre trabajos mediocres que no merecen la excesiva adjetivación positiva. Eso ocasiona que aquello a lo cual se ha halagado se vea sobredimensionado, arriesgándolo a que cuando caiga en manos del lector o espectador, la decepción sea muy grande y lo que parecía ser un favor, se transforme en una masiva opinión desfavorable.

Un paso para crear esta ética de la opinión literaria y artística es despojarse de todo aquello personal que lo vicie, sean prejuicios, amistad o simplemente gusto (aquella opinión meramente personal se puede exponer en los espacios adecuados para ella). Aunque también sería válido que se sinceren los criterios, por ejemplo; exponiendo claramente que el valor que uno le da no es artístico, sino mercantil, decir expresamente y sin menoscabar su calidad que dicha opinión se fundamenta en esa previa observación. Además, el otro paso lo debe de dar el artista o literato, como el aceptar dicha opinión siendo consciente de dónde es que proviene.

Y es aquí donde va el siguiente punto. Que trata sobre cuáles son las circunstancias que generan esa opinión. Ya que lo justo sería escuchar el criterio de aquél a quién uno ha preguntado. Si ponemos un ejemplo claro de cómo se organizan los medios de comunicación con respecto a este tema, nos encontramos que en el caso de los libros estos son entregados a la mesa de redacción para que sus comentaristas escriban algún artículo sobre él. 

Si uno mismo o la editorial envía un texto a un crítico expresamente le está pidiendo su opinión sea cual fuereMás aún, al hacerle llegar a determinadas personas uno está aceptando que aquellos poseen los criterios que uno considera necesarios para opinar sobre su obra. Por consiguiente, el autor deberá aceptar de buena manera aquello que se diga.

Una circunstancia diferente es si de propia voluntad el crítico escoge el libro o cualquier obra de arte y luego hace un comentario al respecto. En este caso, el autor no le ha pedido su opinión y aquél crítico deberá ser más mesurado en aquello que tenga que decir. Aunque sería recomendable que de encontrar poco o nada de su agrado en dicha obra, lo correcto es no opinar y pasar a una que sí tenga según su criterio un atributo que destacar.

En un principio, la ética debe basarse en el respeto por ambas profesiones. Entre aquél que destina esfuerzo, dinero y tiempo en un trabajo artístico o literario y por quién también usa sus conocimientos para ponderar una obra de la cual le han pedido una opinión.

La crítica artística o literaria debería replantearse o ser aplicada con mayor rigor. Más aún, poner en práctica una ética que permita al público lector o espectador, educarlo debidamente sobre la manera recomendable de valorar y apreciar una obra.

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