Entre la fe y la locura

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

¿Qué hiciste para vencerme?, le pregunta un hermano perfeccionado genéticamente al otro, nacido de forma natural con problemas cardíacos y una esperanza de vida de treinta años, en una escena de la película Gattaca, cuando recordaban una competencia infantil por quién llegaba más lejos en el mar. El otro le responde: “es que yo no guardé nada para el regreso”. El determinismo de la perfección de este individuo le llevó a calcular su energía para ir y regresar. El otro, en cambio, en su “normalidad”, no lo hizo. Se dejó llevar por sus ansias de victoria para lograr vencer al hermano perfecto a pesar de que en ese esfuerzo podía morir ahogado. ¿Qué podríamos decir ante eso? ¿Fue un acto de fe o locura lo que motivó tal hecho? ¿Fue un acto irracional?

Podríamos comenzar diferenciándolo de la fe desde el punto de vista religioso o cristiano porque este se encuentra de alguna forma regulado y predeterminado por la Iglesia. En sí, la fe religiosa no es irracional porque está basado en dogmas. Aunque si nos vamos más allá, llegaremos a reflexionar sobre el impulso o deseo injustificado acerca de algo que del todo parece ser imposible. Porque la fe nos lleva hacia la creencia en un algo que difícilmente se podría sostener con criterios lógicos.

La locura y la fe andan hermanadas por una delgada línea que por momentos se mueve para uno y otro lado. Si sostienes ese impulso en una creencia en un dios, sería como afirma Erasmo, buscar una lógica en la locura. La fe como necedad podrá ser vista ante los ojos racionales de aquel que asume que todo acto humano debería estar justificado en pruebas y hechos que demuestren su eficiencia y efectividad. Sin embargo, esta idea podría ser puesta en cuestión si es que estuviéramos en la época donde el teocentrismo guiaba los actos humanos porque Dios era el fundamento último de la razón, el que le daba las respuestas a todo. Al llegar la modernidad, con el racionalismo de Descartes o Spinoza, el mundo guiado por el teocentrismo sería reemplazado por el antropocentrismo. El ser humano es con el que se podría alcanzar la certeza y la verdad, pero este también encuentra sus límites ya que no puede ocupar en toda su dimensión lo que abarcaba la creencia en Dios. Así estos filósofos hayan creído lo contrario. Entonces, en un actual contexto, la fe reta a la lógica al igual que la locura.

¿Podríamos llegar a alguna certeza con la locura? De ser así, ¿de qué verdad estaríamos hablando?, ¿una personal? Es preciso definir este concepto. La locura para uno mismo no lo es. Esta tiene una lógica particular. El loco no sabe que lo es. Así que la labor de su definición está en quienes están fuera de ese mundo orate. Al igual que la fe, esta no puede definirse entre quienes no la tienen. Para el que calcula, un acto de fe es más una convicción, es decir, que su actuar está basado en una argumentación, pues según el materialismo filosófico esta tendría una explicación racional. La certeza de la locura o de la fe, según el dios al que uno siga, estará en el acto de valentía que esta conlleve. Borges, en una entrevista, citaba a Shakespeare mencionando la siguiente frase: “el cobarde muere mil veces, el valiente una vez”. Para él, el cobarde es un individuo complejo, mientras que el valiente no, más bien vive con inocencia pues no se imagina la muerte.

Todo acto de fe es un acto de valentía. Es vivir en una utopía donde lo imposible se hace posible. Las creencias aferradas a un deseo ocupan la totalidad del criterio. En base a estas se construyen argumentos supuestamente lógicos que determinaran los objetivos futuros. Si es que estos son considerados porque hay que tomar en cuenta que si se obra con fe hasta se pone en cuestión y bajo sospecha aquello determinado por la razón. Tal objetivo futuro podría ni siquiera ser tomado en cuenta porque este solo tendría un sentido si es que es construido en base a lo que ya consideramos racionalmente. O en todo caso, el futuro es tan irracional como el presente que lo ha llevado a actuar prescindiendo de la razón. Es preciso remarcar, como se dijo anteriormente, que la única diferencia entre la locura y la fe estará determinada por la deidad a la que uno se encomiende. Si es un dios, el que lo abarca todo y lo responde todo, que contiene un mundo sólido que ha construido, entonces podríamos hablar de una fe. Pero si este no está presente sino que la creencia irracional está sostenida en su propia condición de ser humano, entonces podríamos referirnos a la locura, porque el hombre no puede responder todo aquello que pone en cuestión la razón. Aunque se puede afirmar que la aparente locura no es metafísica, no es una vaga abstracción, sino que como dice Heidegger: “es una forma de ser y estar en el mundo” es hacer algo con nuestro ser porque el solo ser no alcanza. El mundo al que se aferra está constituido por sus motivaciones particulares bajo necesidad individuales. La locura es sostener la existencia en la ambigüedad de la condición humana.

Podríamos graficar a la fe y la locura en la escena final de la película El Cid. Cuando castellanos y moros se enfrentaron en una batalla donde el mundo occidental y el islámico ponían a prueba su fe intentando vencerse invocando sus creencias. Basado en una leyenda, vemos a Rodrigo Díaz de Vivar ya fallecido, encima de su caballo, que al pasar entre los almorávides, las huestes de Ben Yusuf, los atemoriza porque vieron que aún estaba “vivo” cuando ellos ya lo creían muerto. Más aún, los compañeros de batalla del Cid engañaron a su propia tropa y fingieron que este aún estaba con vida para no minar su ánimo y sobre todo su fe. En esta figura, la creencia de que el hombre representaba la voluntad de su dios se afirmaba, ya que era menester vencer a la otra creencia impía sosteniendo su valor en un absurdo. Así, el cadáver del Cid Campeador trotaba hacia la victoria mientras los demás caballeros lo seguían cegados por su fe.

El héroe no podría sostener por sí solo sus creencias. El ejército de Castilla no podría ser convencido solo con la imagen del Cid. Él representaba sus más leales anhelos divinos. Así que lo hicieron inmortal con su cadáver. En la locura de esa empresa encontraron el camino de la fe que los llevó a la gloria.

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