Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¿Te mojo la cabeza?”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

Siempre me ha perseguido una peculiar escena. Una especie de estigma. Un karma que debo haber adquirido con el peso de mis vidas pasadas. Le derramo – por accidente – algún tipo de trago a las personas… no en cualquier lugar. Encima de la mera cabeza.

[En la maceta. En la mitra. En la chirimoya. En la azotea. En el penthouse. En el cráneo. En el coco. Arribita]

Una de las oportunidades que más recuerdo fue en “La Mueca”. Era una especie de café-teatro en Miraflores donde presentábamos la obra “Baño de Señoritas”. Yo acompañaba al elenco y trabajaba con ellos de jueves a domingo. Que cosas no he vivido en el mundo de las tablas. Cuánto aprendí y cuánto la cagué al mismo tiempo.

Cuenta la historia que este local miraflorino tenía un segundo piso y la brevísima participación que tenía en esta polémica obra de teatro iba al final de la segunda parte – solía reemplazar al entonces mediático Faric Ome en el personaje del congresista “Carmelo López” cuando al dichoso figuretti no le daba la gana de aparecer para la función –.

Durante toda la primera parte de la obra yo solía irme solito a un solitario segundo piso a ver el trabajo de mis compañeros porque los dos camerinos que usábamos eran muy pequeños y estábamos 15 personas arrinconadas en esos cuartitos alfombrados cambiándose y maquillándose muertos de calor y peleándose el espejo. Era bien incómodo, la verdad.

En una de esas tantas veces subí, como siempre, y me compré una jarra de cerveza para que me haga compañía y la puse en el piso. Esos altos estaban inhabilitados para el público por tanto yo me sentía en total libertad. Me sentaba en el suelo y tenía una vista privilegiada de todo el escenario.

Recuerdo que estaba la encantadora actriz Irma Maury en escena en un soliloquio particularmente gracioso y aunque me lo sabía de memoria lo disfrutaba mucho. Ella llegó al elenco cuando Mabel Duclos decidió partir tras los escándalos que protagonizaban las vedettes que eran convocadas al elenco.

Cuando Maury estaba en su mejor parte haciendo gala de su talento me dio uno de mis famosos ataques de risa y, sin querer queriendo, con el pie empujo el jarro de chela que se voltea por completo y la cerveza empieza a caer como lluvia del segundo al primer piso mojando la cabeza de varias personas del público.

[Desastre. Vergüenza absoluta. Ahorita me sacan de la Mueca a patada limpia en el inmaculado rabo. Todo olía a trago espantosamente]

Las demás actrices en escena junto a Irma subieron la mirada y no pudieron evitar reírse al verme con cara de pánico tratando de secar la cerveza con mi polo – que sin roche alguno me quité – intentando con muy poco éxito que la lluvia alcohólica se siga chorreando –.

Mis compañeros estaban muertos de risa, pero el público estaba naturalmente enfadado a morir. Uno de los señores empezó a gritar:

– ¡Qué clase de teatro es este!, ¿Cómo pueden tolerar esta falta de respeto? – Se lo llevaba el diablo. Ha querido subir las escaleras pero todo estaba muy oscuro y no era un teatro normal sino un bar acondicionado para espectáculos y no supo por donde subir.

Yo pensaba que me iba a sacar la mierda. Que me iba a encontrar calato tirado en el piso y que iba a desfogar su ira contra mí.

[“Cómo te decía, llegó tambaleándose…” la escena continuó y el barullo cesó. Estaba a salvo¨]

He bajado cuando ya tenía que entrar sí o sí. El público no notó que había un pendejo de cincuenta kilos sin polo oliendo a cantina arrastrándose por su lado izquierdo para ponerme la camisa y empezar mi línea con voz de macho alfa que se respeta.

– “Atrás, atrás carajo o empiezo a echar plomo” – era mi primera línea y todas las actrices debían estar asustadas en escena pero eran casi todas bailarinas sin formación actoral por tanto no podían contener la risa por el olor tan fuerte que expedía y mirar al tío mojado sin sospechar que había sido mi culpa que lo rondaran las moscas.

Gracias a Dios ese día el director de la obra no había ido a esa función y me medio libré del escándalo pero me sancionaron en administración y me prohibieron ir al segundo piso a ver la primera parte de la obra. Terminé la temporada en el camerino de dos por dos con mis compañeros casi sentados unos sobre otros.

Ahora me río del momento pero en esa noche me quería lanzar al primer piso tolaca y morir ahí frente a todos de forma trágica, a manera de disculpa.

Así como esa anécdota hay varias más. Una vez le tiré trago en la cabeza al abuelito de mi mejor amiga que encima de todo me detestaba a muerte… déjame que eso te lo cuento cualquier otra mañana.

Ya saben, en cualquier momento les mojo la cabeza o se las pongo tiesa. Les mojo la cabeza. 🎵

Considérense advertidos, irreverentes míos.

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