El Amor Destructor: “El Diablo en el Cuerpo” De Raymond Radiguet (1920)

Carlos E. Luján Andrade

 

 

 

 

Raymond Radiguet se fue tempranamente a los veinte años y dejó en la novela “El Diablo en el Cuerpo” la totalidad de su madurez adolescente. Con un relato amoroso muy personal deja de lado lo candoroso del amor para centrarse en la autodestructiva visión amatoria de un joven apasionado. El personaje principal (narrado en primera persona) inicia una relación con una mujer casada y de más edad, detalle curioso porque él tiene quince años y la mujer llamada Marthe, diecinueve. Ellos inician un idilio furtivo aprovechando que el marido ha sido llamado a luchar en los campos de guerra.

El autor desaparece el contexto trágico de comienzos del siglo XX para remarcar la emoción absoluta del enamoramiento juvenil, donde el personaje llega a expresar que hasta lo más desgraciado para otros puede ser la dicha para uno: “Le debía a la guerra mi naciente felicidad; pero aún esperaba de ella su apoteosis.” Así, logra mostrarnos la conciencia, la moral y la razón de un individuo enamorado, entremezclados con actitudes que lo conducen inevitablemente al deseo. Extirpando los sentimientos para ser analizados con la razón pero al mismo tiempo siendo destruida esta por aquellos: “Hay que admitir que si el corazón tiene sus razones que la razón desconoce, es porque ésta es menos razonable que nuestro corazón”.

“El Diablo en el Cuerpo” es una historia de amor destructiva, aquella que se satisface a sí misma y se encuentra encadenada a la idea de una decepción latente.

(Fragmento)

Pensar en la muerte con tranquilidad sólo tiene valor si lo hacemos en solitario. La muerte en compañía no es la muerte, ni siquiera para los incrédulos. Lo que más duele no es dejar la vida, sino abandonar lo que le da sentido. Por eso, cuando nuestra vida se basa en el amor, ¿qué diferencia hay entre vivir juntos y morir juntos?”

“Un hombre desordenado que va a morir y no lo sabe, súbitamente empieza a poner orden a su alrededor. Su vida cambia. Clasifica los papeles. Se levanta pronto, se acuesta temprano. Renuncia a sus vicios. Sus allegados se felicitan. Y de esta forma su muerte repentina parece aún más injusta. Habría sido muy feliz.”

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