Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Mis disculpas a Divina Lima”

Ítalo Costa Gómez

 

 

Cuando les cuento en cuento que yo leo todo lo que cae en mis manos pues no siempre es con un tono feliz. Muchas veces tengo que pelearme conmigo mismo para no abandonar una lectura a la mitad ya sea porque me resulta confusa – quizá el tema me sobrepasa ampliamente – o porque el contenido es más aburrido que contarle las plumas al gallo. Me obligo a pensar que el final va a ser fa-ba-la-sa y desplumo al jodido gallo.

[Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo, racatapum chin chin, el gallo sube. Mete su polvorete, racatapum chin chin, él se sacude]

Es por eso que le agarro mucho cariño (producto de la admiración) a los escritores frescos y lúcidos. Esos lapiceros indelebles que nunca pierden el ritmo mientras te cuentan su historia. Mientras te cuentan tu historia.

Dicho esto se entenderá mejor la fascinación que siento por los libros de Javier Ponce Gambirazio. Si has tenido la suerte de leer “Amapola”, “El chico que diste por muerto” o “El cine malo es mejor” entonces sabrás entenderme como la refurinfunflai.

Ya no te digo nada si has leído “Lo tenemos levanto hacia el Señor”. Su más reciente novela que ha causado un impacto fuertísimo y que se ha convertido en uno de los libros más pedidos en las últimas semanas.

Todos los personajes de sus novelas tienen una historia extraña, medio psicótica – como la Victoria Ruffo, que para mí tiene problemas horribles… ya te explicaré mi teoría – y te hablan de sus retorcidas vidas mientras te horrorizas hasta que caes en cuenta que te están contando la tuya. Es ahí que bajas el escandelete, reduces las revoluciones y les agarras amor. Una de esos personajes es la eterna Divina Lima. La mágica figura que interpreta a la Virgen María en la última historia de Ponce que saltó del cuento. ¿Les cuento?

Cuenta la historia que yo me había lamido y relamido en varias de las historias de este cineasta fabuloso. Siempre quiero una línea más. Una dosis mayor. Es adictiva su forma de escribir y su forma de hacer películas. Si no has visto ninguna y lo lees te aseguro que tendrás varias pelas de este fabuloso escritor peruano en la cabeza. A veces buenas, a veces malas.

Llegó a mis manos “Un trámite difícil” a inicios del año pasado. El libro me miraba y me miraba mientras yo leía “Una vida distinta”. Me punzaba como reclamándome el haberla dejado en segundo lugar. Haberla puesto en espera. Molesta por haberla condenado a un silencio amplio mientras me veía revolcarme de felicidad con otra historia. El libro con el que me veía también es de Ponce, pero a Divina no le importaba cinco pétalos secos. A ella nunca se le deja en segundo lugar.

Acabé mi romance con la vida distinta y pasé a ella.
Tras leer las 88 páginas que contiene ese texto y deslumbrarme como solo las grandes lo saben hacer pues decidí sacar a Divina del libro, sentarla a mi lado y pedirle disculpas, pero ella siempre habla primero que nadie. La que arrancó fue la diva haciéndose la que no me conoce o no me recuerda.

Divina: Perdóname que no me haya presentado. Yo soy Divina Lima. Actriz, bailarina y mujer de mundo.

Yo: Hasta hace poco no tenía el gusto. Disculpa el atrevimiento de mi ignorancia. Yo iba a ser actor y mujer de mundo, pero no me funcionó. Lo de bailarín sí. ¡Vaya qué haces todo y todo lo haces bien!

Divina: Y por si fuera poco soy una de las travestis más bellas de este país.

Yo: Lo sé. Te creo y lo sé. Quién te trajo a mí siempre me lleva a lo mejor.

Divina: Aunque ahora ya no soy tema pero no importa.

Yo: Al menos lo fuiste. Yo nunca fui. Tampoco travesti. Todo lo dejo medio a medias. Debes guardar lindos recuerdos.

Divina: Yo vivo en el presente. Ni en el pasado. Ni en el futuro. Tengo demasiado de ambos para ocuparme de ellos. Además, todavía me quedan muchos errores por cometer.

Yo: Tell me… Me enseñas mucho con esta plática, Divina. Te amo. Quería pedirte disculpas por hacerte esperar tanto tiempo. Haberme tardado en recurrir a ti. Hasta vergüenza me da. Pero ahora que te he conocido prometo visitarte mucho muy seguido y conversar contigo de la noche y de la vida y de la muerte que me muero. Eres tan hermosa.

Divina: Más vale un error sincero que un éxito prestado. Eso siempre decía mi madre cuando la paraban en la calle para decirle que su niña era hermosa.

[Finalizó. Se fue. Sentí que me perdonó.]

Así fue que terminó nuestra primera charla. Tuvo que dejarme porque tenía cosas que atender con La Circo y la Cadetera. Volveremos a charlar esta noche. Ojalá me atienda. Aunque me eleva mucho la autoestima esta dama ya que por más brillo que tenga casi siempre me atiende y deja esperando a lo demás. Creo que algo de brillo me ve también.

Divina me hermosea y yo siempre he sido un pequeño superficial. Reencontrarme con ella en “Lo tenemos levantado hacia el señor” fue una experiencia doblemente maravillosa y casi perturbadora.

Te invito a conocerla si no lo has hecho aún y no la dejes esperar porque te vas a arrepentir y deberás pedirle perdón.

Yo sé lo que te digo. Yo siempre sé lo que te digo, sunshine.

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