Biografía apócrifa: Vida y Muerte

José Luis Barrera

Death and Life (1916)-Gustav Klimt

 

Muerte nació apenas unos instantes después de Vida. Ambas se habían gestado juntas, pero se creían diametralmente diferentes, rehusándose a aceptar que eran dos caras de una misma moneda.

Pronto, las desavenencias familiares se transformaron en odio y se desató una guerra que ha durado milenios. Humanos y no humanos, bestias y plantas han caído víctimas de esta lucha fratricida.

Acaso una de los primeros peones de este juego entra Vida y Muerte fue Adán, pues desde su tiempo hasta el “de Moisés todos tuvieron que morir. Adán tuvo que morir porque desobedeció el mandato de Dios” e “incluso los que no cometieron el pecado que cometió Adán, tuvieron que morir” (Romanos 5, 14).

El terrible odio de las dos hermanas, llevó a Muerte a convertirse en una agente al servicio de los dioses que, sin importar sus naciones o inclinaciones ideológicas, la utilizaban con el protervo fin de manipular a las criaturas del cosmos: morir es la mejor amenaza para los vivos.

Vida, cuando la lucha parecía haber llegado demasiado lejos, buscó la manera de alcanzar un entendimiento con su hermana, pero fue imposible: su locura estaba en un punto sin retorno en el que solo la sangre la satisfacía y ya ni los dioses conseguían controlarla.

Mató no solo a los Adanes de cada parte del universo, sino a los Hércules y Aquiles, a los Pitágoras y Anaxágoras, a los genios y a los tontos de capirote. Sin importar si eran valientes guerreros, dulces hipogrifos o incluso dioses olímpicos, ella los condenaba a su orgía de podredumbre.

Por otro lado, su hermana se negaba a aceptar la derrota y a cada nueva víctima, respondía con un alumbramiento.

Los humanos, bestias con el peor entendimiento, se empeñaban en llamar aquello un milagro, sin embargo, con el pasar de los siglos se percataron de que en realidad el juego de la Vida era tan macabro como el de la Muerte porque lo único que aquella hacía era producir víctimas capaces de saciar a su hermana.

Los filósofos, que habían defendido con virulencia a Vida, se declararon sus enemigos, escribiendo terribles tratados a favor de aniquilación y, pronto, los otros hombres, excitados por las proclamas, marcharon a los campos de batalla para morir como hijos de la Muerte…

Hoy, con el paso de los siglos, las hermanas siguen jugando y, aunque parece que las criaturas del universo se han resignado a esta partida de ajedrez, hay una sombra de duda que no deja tranquilo a nadie: ¿hasta cuándo resistirán?

Al fin y al cabo, más terrible que aquella guerra sería que una de las dos se rindiese, ya que es imposible predecir si es peor Vida sin Muerte o Muerte sin Vida.

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