Insignificancia

José Luis Barrera

 

 

 

Sin importa el tiempo que pase, no debo abrir los ojos.

La posición fetal me hace sentir seguro y la oscuridad, libre.

Lo único que me amarga es el temor de hacer algún movimiento en falso y que, como castigo, me obliguen a despegar los párpados.

Contengo el aire.

Afuera se escuchan botas y un ruido que parece el tintineo de medallas.

Imagino a decenas de soldados marchando a paso de ganso, mientras repiten: “¡quier, dos, tres, quier!”

Siento escozor en la nariz. Si me concentro, creo que podré controlarlo.

¡Quieto!”, pienso.

Tal vez deba rascarme, tal vez no lo noten… Un movimiento pequeñito, ¡rapidísimo!

Las botas se acercan. Sé que ellos me obligarán a salir.

¡Todavía no es hora! – creo que dicen.

Muevo un dedito, solo uno… ¡aaaaaah!, ¡qué rico!

No se dieron cuenta.

¡Es hora, es hora!

Están corriendo. Van a entrar. ¡Se acabó!

¡Es hora, es hora!

Tiemblo, me revuelvo en mi lecho.

Enseguida, se oye un desgarro y siento que caigo al vacío, a la soledad, a la vida…

.

Este relato forma parte del libro “Cadáver exquisito”(en preparación)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.