Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El día que fui a Nubeluz”

Ítalo Costa Gómez

 

 

Para los “irreverentes” que tienen la gentileza de visitarme desde otros países – y para los más jóvenes – déjenme contarles que el programa infantil más exitoso en la historia de la televisión en el Perú es “Nubeluz”. Nació en 1990 en Panamericana Televisión comandado por las dalinas (de las cuales hemos comentado en anteriores columnas) Almendra Gomelsky y Mónica Santa María (luego se sumaron también Lily Braun y Xiomy Xibillé). Llegó a casi todos los países de habla hispana con un éxito arrollador que nunca más se repitió. Yo era un muy pequeño niño en esa época. Un nubecino deslumbrado con sus inmensos juegos y pegajosas canciones que obtuvieron discos de oro en muchos países y que inundaron el mercado con productos de la marca que hoy son buscados por coleccionistas con afán. Hubo un antes y un después de esa nube de colores que llegó en la época más dura del terrorismo en mi tierra. Era un mundo paralelo en el que todo era felicidad y no basta más que una pequeña búsqueda en YouTube para que comprueben lo que les digo.

Tuve la oportunidad de retroceder en el tiempo e inscribir ese momento como uno de los más hermosos e inolvidables de mi vida al lado de personas que viajaron de todas partes del mundo y les pido que me acompañen a recordarlo.

Cuenta la historia que llegó el 13 de febrero del año 2016. Yo había estado tratando de ayudar desde mi tribuna publicitaria a que más gente se animara a ir al show por los 25 años del programa. El espectáculo lo organizaba Tondero Producciones con una duración de siete fechas en el Parque de la Exposición en Lima. Mi labor era afanosa, aunque no necesitaban de ayuda. Era un éxito garantizado a todas luces.

Con mi entrada en mano y repleto de emoción asistí con cuatro amigas de toda la vida, a decirle “muchas gracias” a las dalinas, cíndelas y golmodies que habían hecho de mi infancia un paraíso, que impregnaron alegría a mi estilo de vivir y que me enseñaron a cómo compartirla. Desde que llegué sentí una expectativa tremenda, las sonrisas en la gente que repletaba el auditorio, eran más de seis mil personas, algunos con sus hijos pequeños y todo explotaba en sensaciones indescriptibles cuando una voz masculina decía al micrófono “Grántico…” anunciando que se estaba por iniciar el show.

Arrancó con una presentación impecable de Marco Zunino y Rossana Fernández-Maldonado que hicieron una reseña de cómo nació el programa dando inicio a un espectáculo de dos horas donde no paré de saltar, bailar y gritar emocionadísimo, hecho un niño de nuevo, ante las tres mágicas dalinas que bajaron del cielo en una plataforma impresionante para bailar el clásico “Sube a mi nuuuuube, Nubeluz”.

Lily Braun jugó conmigo ya que, por la emoción, yo no dejaba de mover las manos y dijo en el escenario: “¡Sí nubecino! – imitando mi movimiento de manos – Hay un nubecino muy emocionado por ahí”… Los besos volados clásicos de esa ternura hecha ser humano llamado Almendra ante un rendido admirador que llevaba meses de meses conversando con ella y contándonos todos los detalles sobre esta fiesta, me decía lo feliz que estaba, lo maravillosa que estaba resultando la experiencia y volvió mi sueño aún más bello cuando me hizo notar que sabía que estaba ahí con ese cariño que hace que más de una generación esté enamorado de ella y me hizo la noche perfecta.

Habíamos conversado el mismo día. La dalina grande sabía que iba a ir y me buscó, y me encontró. ¿Se imaginan cómo me sentí? Fue inolvidable para mí. El entusiasmo y la fuerza en el escenario de Xiomy Xibillé nos dejó boquiabiertos a todos, sin duda era dueña de una energía que te hacía pararte de tu asiento a cada momento. Por supuesto Mónica Santa María estuvo presente durante todo el evento, de inicio a fin, jugó con nosotros, cantó con nosotros. Toda la explanada lloraba, pero con dicha, con emoción genuina y con la sensación de que estaba ahí, con nosotros, bailando en esa nube después de más de dos décadas. Bailaron todas las canciones con una precisión increíble producto de muchas tardes de ensayo y de mucho cariño de por medio.

Cada integrante del elenco contó lo que para ellos había significado haber formado parte del programa. La presentación del talentosísimo Victor Prada con sus personajes y el homenaje que le hicieron fue vibrante, al igual que sus actuaciones que te hacían sentir un niño chiquito… un niño mucho muy feliz. El final fue inesperado y alucinante… se despidieron con una canción que no era “Que siga la Fiesta”… la explanada enmudeció dos segundos y empezó a gritar: “¡OTRA!, ¡OTRAAA!” y de pronto la nube estalla en mil y un papeles de colores que te hacía sentirte en un espectáculo hecho con tanto amor que te conmovía y bailaron el tradicional baile de despedida con lágrimas en los ojos de los adorados Cristian Rivero, Kike Delhonte, Daniela Sarfati, Rossana, Marco, Noelia Cogorno, José Val, Anabel, Antuané, Anna Carina… El evento no pudo tener mejor calidad, no pudo estar mejor cuidado. Habían puesto atención a absolutamente todos los detalles y realmente ese momento me lo llevo en el corazón para el resto de mi vida. Los vestuarios de Pepe Corzo, las canciones de Coco Tafur en un estilo moderno, respetando la esencia de cada melodía. Los bailarines de primera encabezados por Raúl Romero y las gemelas Antuané y Anabel Elías, los conos maravillosos que por supuesto nos llevamos a casa y un recuerdo imborrable que Tondero y todo el equipo maravilloso de Nubeluz nos hizo volver a vivir logrando que volviéramos a la época más feliz de nuestras vidas. Además, el broche de oro lo pusieron Fiorella y Bárbara Cayo con un impecable musical. Al final a la segunda hermana se le cayó el cono por accidente dejando caer su contenido y nuevamente la dalina Lily con ese sentido del humor que la caracteriza se puso al frente tapando todo: “¡No vean nubecinos que se supone que lo que está dentro es un misterio!” Ella hizo reír a los miles de asistentes durante toda la noche.

Esta semana no les cuento una historia. Más bien los hago parte de la mía. Si puedo ver mis memorias con particular alegría es mucho en parte a lo que logró este equipo de profesionales impecables del espectáculo.

Todos necesitamos despertar al niño interior para vivir contentos. Cada uno tiene un camino para despertarlo y ellos son esa máquina del tiempo. Así fue ese mar de sensaciones de cuando visité la nube veinticinco años después. Una nube de luz y amor que nunca se fue y que está por cumplir ya treinta años.

Gracias por dejarme salpicarlos con mi nostalgia este segundo lunes de setiembre ojeando la primavera de mi vida.

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