Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El día que me botaron por la puerta de atrás”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

Ustedes saben que en esta vida todo se basa en química. O la hay o se pudrió todo. Sobre todo, en casos como los míos donde no hay tonos grises de por medio. O te gusto o te llego al piiiiiiiiiiiiincho. No hay más. Yo cuando quiero a alguien pucha, amo. Si me caes en gracia me salen corazones de los ojos y cuando no…

Cuenta la historia que una de mis amigas estaba de lo más emocionada porque había llegado la hora de “cantar arroz con leche, me quiero casar”. Había conocido a un empresario americano en su último viaje a Bogotá y me dijo para ir a su depa a conocerlo. Yo, mismo Leono con la espada del augurio que ve más allá de lo evidente, me sentía raro. Ese bichito que te dice que no es tan buena idea tan pronto, pero dije: Vamos ¿qué puede salir mal?

[Ay carajo, no tienen idea… no pudo salir peor]

Fuimos al departamento que el susodicho tenía en Lima. Era bastante simpático, aunque muy serio, distante y con gesto apático. Desde que llegué me recibió frío, muy seco. A pesar de que yo había halagado los cuadros y le dije que el ambiente era muy rico, muy acogedor (la sala era acogedora porque el hijo de su madre cero) y me decía: Gracias. Punto. Yo de todo me río, te hago fiesta y el hombre tenía el carisma de un cadáver.
Iba a ser una noche muy larga.

Me ofreció una copa de vino. Empezamos a mejorar, pensé. Por eso no pienso mucho porque no es lo mío. Ahí fue que se jodió todo.

A mí me molesta la gente que es muy estirada y se quiere hacer la interesante con su plata. Me aburre. Y yo no sé esconder lo que siento. 
Como a la tercera copa empezó a dar una lección somnífera y circunspecta sobre viñedos y se lanzaba frases tipo: “tú no sabes que estás tomando ahí, eso está añejado desde antes de que tus bisaabuelos nacieran” y cosas así. Yo la verdad lo sentía un vino magdalena cualquiera pero que chucha, será el sereno.

Le dije:

-No sabré lo que estoy tomando, pero quiero más. Creo que vamos abriendo otra botellita. Gracias, ah.

Mi amiga era feliz, no se daba cuenta que el permanecía varios minutos en silencio y yo trataba de hacerlos reír y solo ella me recibía con cariño y empatía. Ella se mataba de risa y el pata se iba poniendo a cada minuto más serio.

Cuando ya lo vi algo movido (se trababa terriblemente al hablar las cuatro palabras que decía, encima feo borracho) decidí poner las cartas sobre la mesa.

– No te caigo muy bien, ¿no? – no puedo callarme, lo siento. El corazón no me deja, sencillamente.
– No es eso. Eres divertido solo que la hora pasa y ya estamos cansados – no eran ni las diez de la noche – y creo que será mejor vernos en otro momento.
La concha de la lora. Mi amiga se quería morir ahí sentada. 

Sequé la copa. Al diablo con el charm si total la visita era yo.

– Por supuesto, nos podemos reunir en otro momento y qué bueno que no te haya caído mal. Una cosita antes de irme. Ese vinito añejado desde antes que mi tratara tatara tataraabuela naciera sabe a mierda, pero yo chupo cualquier cosa y no te iba a desairar tampoco, gracias igual por la cantidad. Me voy. Alas y buen viento.”

El pata estaba rojo de ira, quería pegarme creo. Vino un taxi por mí y me fui por la sombrita. Nunca más lo volví a ver.

Al final mi amiga no se casó con el muchacho… Ojalá que no haya sido por mi culpa porque ahí sí me aloco pero no creo. Lo vio guapo, soltero, hetero y platudo y la cojuda se puso el velo solita sin saber su segundo apellido siquiera. Yo la entiendo. Suele pasar cuando sucede.

Ojalá que el gringo esté contento, amigos irreventes, pisando uvas en sus viñedos porque era muy joven y guapo para estar tan amargado. Siempre reconocerás a una persona feliz por su risa, su gentileza y su curiosidad.

3 Respuestas a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El día que me botaron por la puerta de atrás”

  1. Excelente
    Me encantó sobretodo como puedes tan perfectamente poner al lector en la escena y hacernos sentir lo que tú has sentido con esa clase de soberbios por su dinero!! Bien escrito te felicito!! Jajajaj

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