La pestilencia del genio: 470 palabras acerca de “Los herederos de Toth”

José Luis Barrera

 

 

 

Los herederos de Toth de la escritora española Estefanía Farias (Cartagena, 1970) es una novela de la confrontación. Es verdad que a lo largo de 115 páginas el lector no encontrará luchas con pistolas o dagas, pero entre el vértigo de la historia se puede detectar el aroma de una pelea sin cuartel entre lo corriente y lo extraordinario.

Los niños que la protagonizan son unos desadaptados porque su genio les aleja del mundo de lo común. Nadie los entiende y la única forma de calmar su dolor es con violencia, la misma que se disfraza de libido, arrogancia o muerte…

El ostracismo parece ser la única solución, por eso una escuela misteriosa los busca y confina. Al principio, aquello tiene la pinta de un castigo terrible, pero con el tiempo prueba ser ideal: allí, los fenómenos son normales.

Sin embargo, este microcosmos es una amenaza para el equilibrio y el universo, que apunta siempre a la entropía, no puede permitir que la genialidad gane terreno sobre lo corriente, de modo que, travestido de niño normalmente bestial, lo hunde en el caos para luego destruirlo.

Los herederos de Toth es una parábola, emparentada acaso con las novelas de José Donoso o de William Golding, donde niños y universos artificialmente creados por la propia sociedad desnudan, como en radiografías, tanto las pequeñeces como las enormidades del ser humano.

Soportar el mundo corriente es la complicación más dolorosa a la que se enfrenta cualquier hombre, niño o adulto, que roza la estratosfera del genio.

Este es maldito por su talento y su fortaleza es su debilidad. Ni siquiera su creador, el universo, está dispuesto a tolerarlo, buscando su derrota definitiva y, con ella, el regreso al equilibrio.

Por otro lado, pese a su capacidad, los superhumanos no han vencido del todo los estigmas de la especie y sus egoísmos y vanidades permanecen latentes y hasta magnificadas por la lupa de su genio. Por eso, es inevitable preguntarse si el verdadero monstruo es el hombre común o el extraordinario.

La novela de Estefanía Farias es vertiginosa, el lector se sumerge en sus páginas como en un remolino, a veces amando, a veces odiando a esos niños que, víctimas de su propio talento, son incapaces de vivir en un mundo que aunque los ha dado a luz, busca su destrucción ya que es incapaz de comprenderlos.

De todas maneras, al final, la marca del genio se hace evidente y una duda (o acaso una esperanza) se cierne sobre el futuro de la humanidad, que inevitablemente llegará a una confrontación como la que se escenifica en esta parábola cargada de humor tan negro como sutil: ¿acabará con el equilibrio la bestia sanguinaria o el espíritu elevado que habitan dentro del ser humano?

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