“El detective, la albacea y el sobre lacrado” de Estefanía Farias Martínez

Helena Garrote Carmena

 

 

De cómo liarla a golpe de tecla, o el placer de escribir.

Esta novela es un no parar. El asunto es claro, aquí huele a dinero y hay que pillarlo sí o sí. A partir de ahí, se pone en marcha un desfile de personajes que pareciesen sacados cada uno de su propia película, aquí todos caben y se ajustan a la trama como a un buen zapato. Criadas y señoritas de vocación confusa, cedidas por cortesía de Almodóvar, Grandes de España venidos a menos, muy del gusto de Berlanga, chivatos, matones, mayordomos, clérigos y demás fauna del mejor cine negro, incluyendo detective con pasado oscuro,más empeñado a ratos en agarrar muslo que en agarrar culpables.

Estefanía Farias no se ha dejado a nadie en el tintero en su particular casting, y a golpe de tecla, los ha lanzado a resolver este intrigante enredo, que tiene mucho de chiringuito corrupto, como el mejor titular de cualquier periódico nacional.

No imagino a la autora escribiendo tranquilamente este trepidante guión, debió sentir una especie de “posesión literaria”, como la que sufren en las películas los escritores atormentados, en la que pierden la noción del tiempo, les caducan los yogures y se olvidan de dar de comer al gato. La trama se acelera, el cerco se va estrechando, Estefanía va por el quinto café, si al final se resuelve el caso, dejará que cada personaje vuelva a su película, si no mueren en el intento…

Termino de leer la última página y me quedo en el espacio en blanco que aparece inmediatamente después de la última línea, entonces lo veo; Estefanía se ha levantado de su escritorio, se ha acercado a la ventana y tiene la mirada perdida en el exterior, sobre su cabeza giran aún todos sus personajes, las luces se van apagando, mientras malos y buenos comentan excitados y divertidos los detalles que no se han visto en escena. El espectáculo ha funcionado, todos se felicitan y quedan para celebrarlo en el bar de la esquina.

Debe ser algo así el placer de escribir.

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NOTA: Se han omitido algunas localizaciones (entiendo que por seguridad) pero a mi, que soy de naturaleza curiosa, me gustaría encontrar ese edificio, subir a la última planta y acercar mi nariz a esa puerta acristalada, deben cocerse ahí muchos misterios. Llamaré antes de entrar, no sea que pille a estos dos en plena faena…

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