“Motín de versos”, de Miguel Rubio Artiaga

Isabel Rezmo

Autor

Prólogo

La fuerza de la palabra es un motín para la garganta, cuando intenta con ella expresar todo un sinfín de certezas, de evidencias que se van sublevando en la piel. Y el poeta es un instrumento de esas voces pequeñas, sutiles que salen de nuestros labios, o se dan forma en nuestras manos. Como un alfarero que distrae el barro teniendo como fin la expresión del arte, la expresión de sentimientos; el garabatear en lo escrito todo lo que nos llega a través de las impresiones, de los sentidos.  Cuando eso sucede, los versos cobran vida, amotinándose y dejan de estar al servicio del poeta, y se ponen al servicio del lector.

Tienes ante ti amigo lector la llave de un hermoso enjambre de sabores, pareceres, de expresiones, de impresiones sutiles, claras, contundentes, fuertes. El oficio de ser poeta no es sólo expresar una emoción, la emoción es efímera; un placer que se desmarca enseguida cuando termina. Expresar la vida es mucho más complicado, porque ejercemos el poder de ser jueces, verdugos, reos, hombres, mujeres, sencillos, difíciles. Así es la realidad, y nosotros servimos  y nos alimentamos de esa realidad que luego expresamos en nuestros versos,

Mikel Rubio Arteaga ha conseguido ponerse al servicio del verso y amotinarlo. Ha reunido en torno a este poemario un sinfín de versos metidos todos alrededor de un complot. Servir por y para el verbo:

“La Poesía, no regala nada,

al contrario, exige”.

 .

“El soneto estaba alborotado.

Los tercetos, se empujaban

al querer escapar los versos

dejando solos a los cuartetos,

en medio de un motín de palabras…”

 .

Servir por y para la vida. La poesía es toda una filosofía de vida.

Entendemos que debe ser un instrumento para redimir la realidad, para denunciar, para transformar, para sentir o para expresar. Todo eso encontramos en este poemario donde la sensibilidad resalta en cada uno de sus versos.

No es fácil ponerse fuera de la propia tendencia, ni desnudarse de las propias creencias. El oficio del poeta, (digo oficio, porque hoy es fácil ser poeta, pero difícil ponerse “el mono” de trabajo), es un tira y afloja, cruzar baldosas, caminos empedrados, muchas espinas con mucha dulzura, y finalmente, no caer en la vieja cortina de humo de ser solo una afición o un pasatiempo, que encharca su verdadero fin (magnífico  el poema  YO SOY, una declaración de intenciones como poeta y ser humano).

“Hay verso, que demuestra

la endeblez del acero

contra la Historia dictada

y contra la Libertad

a pesar de sus millones de muertos.

Sílaba frente sable…”

Motín de versos es un golpe maravilloso en la mesa de su autor, de ser la voz de la conciencia, de las palabras, de un mundo, el nuestro cada vez más alejado de los valores del ser humano; de un mundo donde cabe lo hermoso (la poesía), la solidaridad, la esperanza, el amor, la pasión…

Quisiera hacer un canto a la vida,

un homenaje a la esperanza…

Debemos asomarnos con una visión nítida, clara, concisa. No es solo un puñado de rimas, o de versos que naufragan en el segundo en nuestro iris. Es mucho más que eso, mucho más de lo que su autor nos trasmite. Solo cabe descifrar, sucumbir a su mensaje interno:

“Hay verso,

que todavía no está escrito”

Miremos. Que entren en un complot, que fustiguen nuestro deseo, o nuestras fuerzas. El mundo lo necesita.

 Aprendamos, disfrutemos,  el motín está  al límite de adueñarse de nuestra alma. Dejémosle entrar.

—-

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