Asuntos judiciales y vacacionales: El bloque de los poseídos

Manuel Villa-Mabela
 
No recuerdo un julio tan antipático ni tan calurosamente pesado. No he recibido ni una sola invitación para asistir al petardeo de alguna terraza veraniega. Este año tampoco. Todo está vacío e inhóspito. Hasta los fenómenos parapsicológicos están de veraneo, los espíritus no se manifiestan  por  ahorro de energía  y no se ha asomado a nuestra dimensión ni un solo extraterrestre, aunque sea de los mundos vecinales. La crisis nos afecta a todos en una u otra medida. Ya se sabe, la inflación de la materia intergaláctica, la carestía del combustible vibracional y el impuesto de peaje para cambiar de una a otra dimensión alcanza precios escandalosos. Está claro que la globalización de los universos aún está lejos.  En fin, nada de nada,  un caos de aburrimiento que me arrastra al abatimiento más hondo posible. Menos mal que mi compañero de aventuras, el juez más heterodoxo y abierto de mente que milita en la administración judicial, pudo echar mano a un caso de “endemoniados” no aclarado en la sala regular correspondiente. Claro que su audacia por conseguir el archivo le ha costado un balazo que le ha rozado la ceja izquierda. Uno de los francotiradores apostados en el tejado de la audiencia para evitar que se acercara a ella mientras durase su sanción disparó al aire sin compasión. Son profesionales avezados en las armas, personal que se quedó en paro en sus países cuando las guerras terminaron y se dirigieron a la civilización mediterránea para encontrar una segunda oportunidad en su vida. Es gente con familia, con hipoteca, con muchas ganas de trabajar. Afortunadamente la rozadura no le ha causado una desgracia irreparable pero ha tenido que ponerse una tirita para proteger la herida de cualquier infección. Eso sí, dado  que le gusta tomarse baños interminables de Sol,  ahora con la tirita, esa zona se queda en la sombra. ¿Consecuencias? Pues que cuando el doctor le firme su alta médica presentará un desgraciado rectángulo blanquecino sobre el resto de su piel tostada. ¿Problemas? Nada que no pueda solucionar un buen psicólogo. Mi amigo y socio en asuntos de paraciencias es algo frágil emocionalmente y un gran seguidor de la estética más “cool”.
Hablaba de un caso sobre “endemoniados” que la administración ha pasado al archivo del sótano de “no resueltos”. No huele bien. Se trata de un bloque declarado en ruinas y donde quedan tan solo tres vecinos. Dos  de ellos son artistas de reconocido prestigio cultural y penosa cuenta bancaria. No odian a los bancos, pero no les gusta pasarse por donde no son bien recibidos. Es gente muy sensible. El vecino restante del inmueble es el casero, que no hace vida en el edificio, pero visita la casa todos los días para medir el nivel decibelios que registran sus ocupantes a través de su endiablado ruido.  Ante las reiteradas denuncias del casero la policía los quiere arrestar, multar, asustar, no se sabe bien su estrategia pero el agente de los artistas, que es el mismo para ambos, ha conseguido la ayuda de un abogado, amigo de casos oscuros,  que de momento ha impedido la ejecución de desahucio aludiendo a que no estamos ante malas prácticas vecinales, dado que el motivo del desajuste acústico de los inquilinos se debe a que ambos están endemoniados, poseídos por espíritus que perturban su razón y vocación de buen rollo. Se está a la espera de que acuda un buen exorcista para tomar cartas en el asunto, pero de momento no hay ninguno libre, estamos en verano y hace mucho calor, y hasta mediados de agosto no podrá hacer acto de presencia el exorcista titular de la zona o un becario cualificado. Casualmente es cuando ambos inquilinos comienzan una gira alimentaria por los mejores centros parroquiales de nuestra geografía artística.
Mi socio juez y yo hicimos acto de presencia en el bloque y, desde luego, aquello apesta al Maligno: grietas preocupantes, paredes desconchadas, pintura melancólica, barandillas que se zarandean y un rótulo en el ascensor que reza: “No funciona”. Sin olvidar ratas transeúntes, cucarachas mutantes y un almacén de bolsas de basura que perfuman de azufre rancio el bloque y sus aledaños. Hablamos de un auténtico infierno, un infierno de andar por casa, pero en esas circunstancias solo pueden ejercer vida los poseídos por el diablo o por el paro. Subir por su escalera era un desafío a la razón y al equilibrio pero somos investigadores del más allá y nada nos impide asomarnos al balcón de la locura. Subimos hasta el segundo piso  y escuchamos una tormenta de alaridos metálicos que helaban la sangre. Abrimos la puerta de donde provenían los ruidos y contemplamos estupefactos  al primer endemoniado en acción, un batería de rock duro desmelenado torturando su instrumento sin perdón. Sus movimientos, sus redobles, su machacona música hería nuestro inventario emocional. No cesaba de martirizar a fuego una y otra vez el infernal instrumento. El casero, que nos acompañaba, lloraba de impotencia y rociaba al batería con agua bendita, pero no conseguía su redención. En el tercer piso presenciamos la actuación demoniaca de un bailaor de flamenco, que parecía un robot mecánico zapateando el suelo, los muebles, repicando con vehemencia y energía desconocida mientras sus manos y cintura seguían unos movimientos irreconocibles, simbología del mal probablemente para ahuyentar a los creyentes del silencio y la música clásica. Sus poses nos provocaban desconsuelo y su flamenca disposición nos expulsó de la casa. Tampoco fue útil el agua bendita.
El juez y yo amamos el arte tanto como nuestras investigaciones, aunque no lo entendamos. Decidimos alquilar unos locales de ensayo y ofrecérselos a los artistas poseídos. El batería y el bailaor flamenco lloraron de agradecimiento. No tardaron en cesar las manifestaciones diabólicas en el bloque, claro que Satán es muy vivo y no tardó en mover ficha. Ahora ha adiestrado un grupo de okupas y ha creado en el bloque de los poseídos una aldea “paracultural” que ha llenado de gozo al barrio, gente descreída y libertaria, y sumido en la desesperación al casero del edificio que está formando un ejército depredador de beatas radicales para combatir el mal. Nosotros estamos aburridos en casa esperando solucionar un nuevo caso.

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