Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “La delincuencia sin control en el Perú”

Ítalo Costa Gómez






La inseguridad ciudadana hace tiempo se ha salido de control en nuestro país. Asaltan a los niños saliendo del colegio. De mototaxis se bajan dos sicarios que te matan a tiros por no pagar cupos para mantener tu negocio chiquito, te balean por un celular en cualquier esquina, de un carro de alta gama te interceptan en la puerta de tu casa para asaltarte y, si pueden, meterse contigo a tu vivienda y llevarse todo, clonean tu celular y sacan tarjetas bancarias y te dejan con una deuda espantosa que arruina tu crédito para siempre. Saquean tus cuentas sacando tus datos de Dios sabe dónde. Todo esto mientras los precios de la canasta básica y el gas suben. Todo es una desgracia en mi pobre Perú.

Es por eso que cuando salgo a comprar o debo hacer algún retiro bancario voy SIN NADA. Literalmente tengo las llaves en el bolsillo y me voy a pie a las seis de la mañana a hacer lo que tenga qué hacer. Si es comprar tengo la plata justa y si es para hacer un retiro no llevo un sol, celular, tablet, NADA. Salgo con la ropa que tengo puesta y punto.

Cuenta la historia que en uno de esos días en los que debía retirar un dinerito que me habían depositado por mi chamba me encuentro en una esquina, a una cuadra del banco, a una señora. Tendría sus 65 años. Estaba bien vestida y bien peinada. Lucía bien, aunque caminaba con un poco de dificultad. Me abordó.

-Hijito, no tengo pasaje. Se me ha caído el monedero y yo vivo muy lejos. ¿Puedes ayudarme con unos cinco soles, por favor?

Se me partió el alma en dos, pero recuerden que no llevaba ni cinco centavos. Casi me muero de la pena, pero no podía ayudarla y era muy peligroso decirle que me esperara a que salga del banco. No podía hacer una cosa así. Me sentía terrible.

-Perdóneme, seño. No puedo ayudarla. Me da mucha pena. Ojalá la siguiente persona pueda ayudarla y llegue usted bien a casa. Lo lamento. Lo lamento mucho. – me sentía fatal. Pensaba en que podía ser mi mamá.

Con el dolor de mi alma seguí caminando y me metí al banco, demoré un montón y cuando salí la señora no estaba.

Días después vuelvo a salir y me encuentro con un barullo en la esquina del súper mercado al que casi siempre acudo. Una pareja había asaltada por una mujer madura que les había pedido cinco soles y al sacar la billetera para ayudarla, la mujer sacó una pistola y se llevó sus celulares, documentos, dinero, tarjetas y hasta pidió las llaves de su casa. Los dejó en la calle, parados en la calle. Era la misma mujer que días atrás había intentado robarme a mí.

Me toqué de nervios y me puse a llorar. Amigos, la cosa está mucho más jodida que siempre. Tenemos que tener ojos en la espalda. No saquen el celular y si deben hacerlo no lo usen en lugares donde haya mucha gente. Traten de no cargar fuertes cantidades de dinero – y con eso me refiero a más de cien soles – y miren atentos. Cuiden la empresa de taxis que contratan porque hay mucho delincuente fingiendo ser taxista o conducir un colectivo. Mucha alerta con los pequeños de casa que andan en las nubes con sus cosas y Dios nos cuide de cualquier peligro.

Tengo miedo de salir a la calle. Tengo miedo cuando mi mamá debe salir a la calle. No es justo vivir así. Nuestras autoridades no pueden con la delincuencia. Les ha ganado la batalla. Son demasiados y si los atrapan deben soltarlos 48 horas después. Nos toca a nosotros cuidarnos como podamos.

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