La amarga armonía de la realidad: “Historias al ritmo de Chacalón” de Fernando Carrasco Núñez

Carlos E. Luján Andrade





Las ciudades poseen una atmósfera que no solo está determinada por su cielo o su clima, también por el ruido que hace la gente en ella y más aún, el ritmo que crean. La ciudad de Lima ha crecido exponencialmente los últimos sesenta años. Ya no queda casi nada de la que fue a principios del siglo XX. Sobre ella se han edificado nuevas identidades, costumbres, tradiciones y realidades más acordes con la explosión demográfica de la que sentimos sus efectos. El país se desbordó, Lima dejó de ser una ciudad para convertirse en un pequeño Perú donde encontramos grupos herederos de la multiplicidad de identidades que lucharon y luchan por integrarse a una capital que los trata con indiferencia y crueldad. ¿Las razones para que suceda eso? Muchas. Sin embargo, más allá de intentar descifrar el origen de tal situación, uno debe observar las consecuencias. Ello se aprecia en el mundo que vemos, en la vida de las personas que con sus dramas más íntimos representan el desafío de sostenerse en una ciudad inmensa e incomprensible.

Historias al ritmo de Chacalón de Fernando Carrasco Núñez, nos da la oportunidad de observar una muestra de una ciudad que revela el trajín de sus ocupantes por sobrevivir a una realidad hostil y confusa. La técnica con la que son presentados la mayoría de los relatos es la testimonial. El narrador oculto entre las palabras de sus personajes, nos traslada a sus convulsas vivencias donde la violencia, el desencanto y la angustia guían las historias. Pero además, le agrega un elemento esencial y ese es la música chicha. Y no cualquiera, sino la de uno de los más importantes representantes de esta como lo fue Lorenzo Palacios Quispe más conocido como Chacalón. Lo contado por Carrasco Núñez resume el origen de la melancolía y la dureza de las personas que viven al margen de la sociedad, circunstancia que los ha obligado a tomar decisiones difíciles que ha determinado sus destinos. Esas vivencias son el alimento de varias de las letras de las canciones de Chacalón, es por eso que los personajes también se nutren de ellas. Las citan, las cantan, las recuerdan. La voz cálida y potente de Chacalón, le da al espíritu de derrota una dignidad necesaria. En los relatos como Once Chavetas, Carehuaco, Robacarros o Tú serás la causa de mi muerte, se percibe el orgullo melancólico de aquellos que a pesar de sentirse en el rincón de los marginados, aún se mantienen firmes porque perciben que a pesar de los errores cometidos, algo se hizo bien y eso los hace dignos.

Aunque en otros casos, los personajes no tuvieron tanta suerte por lo que el testimonio de sus vivencias está en la boca ajena donde sus vidas se transforman en leyenda o mitos para la gracia y desgracia de muchos. Un valor agregado está en el pertinente uso del lenguaje. Carrasco Núñez le da la voz coloquial, el decir de la calle a sus relatos. Eso le da veracidad y mayor conexión con el padecimiento de los personajes. Nos envuelve en una realidad que maneja sus propios códigos y lealtades, además de resaltar el uso de sobrenombres como: “Carehuaco”, “Chaveta”, “Choro Malacara”, “Chacalón”, “Metralleta” entre otros. Este detalle contribuye a consolidar el carácter de los personajes porque eso nos refleja que ellos son lo que representan en la sociedad. La calle los nombra por lo que son y además, ellos mismos desean ser identificados de esa forma. Sus personalidades están forjadas por lo que la calle le otorga.

La mayoría de historias nos ofrece radiografías de nuestra sociedad. A una Lima que condena a algunos, pero también salva a otros. Uno de los relatos salta la tragedia que acompaña a los demás personajes y este es El Retorno de Carmela, el más introspectivo y personal de los cuentos ofrecidos. Aquí, Lima es la liberadora, la que de alguna manera salva del drama al personaje principal.

Historias al ritmo de Chacalón une con pertinencia y destreza, vivencias intensas con canciones con las que dialogan a la par. Si se lee el libro con atención, pareciera que las letras de las composiciones de Chacalón narraran en tiempo real aquello que sufren los personajes. Ese detalle nos hace entender aún más la fidelidad de ciertos grupos sociales marginales hacia este cantante, pues su sufrimiento nutre la banda sonora de nuestra ciudad y sabemos que la identidad forjada en estas últimas décadas de Lima está compuesta de desarraigo, melancolía, tragedia y ritmo.

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