Entrevista a Luis Barberá: “Los omeyas formaron el imperio más grande que nunca existiera y en el Levante español aún vivimos su herencia”

Alma de Rus







P.- “Omeyas” ha llegado muy rápido a la 2ª edición. ¿Qué reacción has encontrado en los lectores?
R.- Cuando M.A.R. Editor me concedió el Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica pensé que era el mejor augurio. Y he podido comprobarlo en los actos que hemos hecho en Monovar, Alicante, Elche, Murcia, Cartagena… curiosamente lugares que tuvieron la presencia de los Omeyas; siempre con llenos y con mucha gente interesada en no olvidar la propia historia, en conocer aquel tiempo. Es curioso, que ahora que quieren quitar aquella época del sistema educativo, la gente venga a buscar literatura sobre aquellos años, sus gentes, sus modos de vida.

P.- ¿Qué personaje o personajes, son los más importantes de tu novela “Omeyas”?
R.- El personaje principal es el príncipe omeya Abd al-Rhaman y a continuación, su padre, Mu´awiya, uno de los hijos del Califa Omeya, Hisham ibn Abd al-Malik. Pero en general el protagonismo es para una sociedad que vivía en un período que se ha dulcificado por motivos ideológicos, pero que fue terriblemente duro.

P.-¿En Omeyas, vamos a tener nuevas revelaciones que sean desconocidas para el común de los lectores?
R.- Por supuesto que las hay, porque debemos separar la leyenda de la verdad histórica, pero debes permitirme que no las haga públicas en aras del futuro lector. Aquella época no fue un parnaso de poesía, canción, velos y vino; sino una época de guerra y muerte. Los oemyas formaron el imperio más grande que nunca existiera y en el Levante español aún vivimos su herencia.

P.- En Omeyas, sorprende que hagas aparecer a personajes vikingos. ¿Cuál ha sido la causa?
R.- Aunque históricamente aparece la primera incursión vikinga de importancia a finales del setecientos, con seguridad debieron acometer antes, aquellos otros ataques de playa, que los mayus o lordomani, denominaban “strandhoggs”, que yo describo en mi novela.

P.- También aparece el pueblo “garamante”, ¿qué nos puedes decir de ellos?

R.- Los garamantes se merecían aparecer en esta novela. Todos reconocemos a los beduinos y a los bereberes, e incluso al pueblo targuí o tuareg, como pueblos que tienen relación con la enorme extensión de As-Shara al Kubra, pero en el primer caso se trata de comerciantes de caravanas que recorrían unas rutas comerciales y en el segundo, un pueblo nómada aunque habitante del desierto; pero los garamantes (hoy, un pueblo olvidado), eran los verdaderos “dueños” del desierto. Los que aprendieron a domeñarlo; capaces de vivir sedentariamente al extraer el agua fósil existente debajo de las arenas para regar y cultivar. Ellos fueron los verdaderos dueños de As-Shara al Kubra (Sahara).

P.-Parece que el desierto del Sahara tienen una cierta preeminencia en ti.

R.- Tienes razón. En la zona donde yo resido estamos acostumbrados a las constantes lluvias de barro e incluso a episodios de lluvia seca, pero no nos paramos a pensar en que ese polvo que arrastra el viento, proviene del Sahara, una extensión de terreno tan grande como China o los mismos EE.UU. Tener ese desierto tan relativamente cerca lo considero algo excepcional. Y España tiene una deuda de reconocimiento con aquellas gentes y una responsabilidad histórica con aquellas tierras.

P.-Nos sorprendes al final de la novela, con la irrupción de un Rey Astur, Fruela I “el Cruel”. ¿Es una reminiscencia de tu primera novela El Visigodo?
R.- Sí, Omeyas puede leerse como una continuación de El Visigodo o de manera independiente, pero es verdad que al principio de “Omeyas”, aparecen dos personajes relevantes del primer libro. Al rey Fruela, se le podría considerar como una continuación de la dinastía astur, eje central de El Visigodo. Mi idea inicial no era hacer una saga, si no dar a conocer una parte ínfima pero para mí, muy interesante, de nuestra historia.

P.-Y por último, ¿qué le aportas a los amantes de la novela histórica?
R.- Hay diferentes clases de novelas históricas; las que tratan solo sobre hechos verídicos, las que son completamente de ficción y las que mezclan historia real e inventada. Yo utilizo normalmente esta última fórmula, pero quiero dejar claro a los lectores que la “Historia” a la que la mayoría cataloga como algo imperturbable e inamovible, es una materia en constante movimiento. Igual que las realidades geográficas pueden llegar a modificarse, a la historia le ocurre lo mismo en cuanto a que nuevos descubrimientos pueden modificar conocimientos previamente aceptados. En mi caso, solo pretendo que el lector pase un rato ameno y que al final sepa algo más sobre la espeluznante y a la vez maravillosa.

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