Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¡Salud! Por el profesionalismo”

Ítalo Costa Gómez











El champán y el vino son mi debilidad etílica. También el vodka y el coñac. No desairo el pisco ni el tequila. La cerveza tiene su encanto y el ron siempre sienta bien.

Esperen un segundo que creo que esto empezó un poquito mal.

Mi imagen, estúpida.

Además de todo me están entrando unas ganas locas de un drinky y tengo un huevo de cosas qué hacer. Vamos a generalizar, si les parece buena idea: A mi encanta un traguito que me relaje los nervios y me alegre el espíritu. Punto.

Obviamente soy una persona muy responsable con mi trabajo y con las citas que agendo. Por ejemplo esta cita bella que tengo con ustedes, de lunes a viernes a las cinco de la mañana, la que atiendo puntualmente con amor y entusiasmo. Por tanto, cuando tengo muchas cosas que hacer pues no tomo o por ahí te acepto una copa de lo que fuera y buenas noches los pastores.

Sin embargo hazte fama y échate a la cama-queen (abvia) y tápate pensando en Chayanne.

Provócame, mujer… provócame… A ver, excítame, provócame… Entrégate de una vez, ten valor, enfréntate. Provócame y conquista mi amor. 

[Calenturiento y pretencioso el buen Chayanne pero tiene con qué. Bien por él. Ahora hace comerciales de Navidad para Falabella. Anyway, sigamos]

Un buen día fui señalado con el dedo acusador siendo absolutamente inocente y todo por mi fama de pichanguero.

[Ayúdame, Mijael. Nakasaki tú no porque tienes feo currículum y no me gusta tu cara. Quiero ver a mi abogado. Puedo hacer una llamada, lo vi en McGyver.]

Cuenta la historia que un amigo dueño de una orquesta musical me había propuesto incluirme en su equipo como un agente libre por dos meses para que pueda ayudar a enrumbar la imagen del grupo y dar un par de alcances para sus redes sociales. Bonito. Todo perfecto. Solo faltaba presentarme a los nuevos cantantes y dejar que la creatividad se manifieste, si hay suerte.

Un alcance me dio el dueño de «El Chongo Salsero» – no se llamaba así el grupo pero evitemos demandas… o tú me vas a sacar de Maranguita? (Por la edad es donde me corresponde cumplir condena) No, verdad. Ya. «El Chongo Salsero» será entonces.-

-Italito, ojo con esos bandidos. Guarda tu distancia y la compostura con los cantantes. De lejitos nomás porque son pendencieros y borrachosos y si ven que contigo hay feeling pa la juerga no te van a hacer caso en nada de nada después. Va a ser un caos.

Por supuesto que acepté. Iba a mantenerme serio y sereno. Un chico de su casa. El dueño me mandó bien confiado a Chulos donde se presentaban la noche en la que yo arrancaba mi chamba. Él tenía cosas que atender e iría más tarde.

Cuando llegué todos los chicos estaban tomando. Faltaba una hora para que subieran al escenario pero no parecía importarles.

-Hola, gente. Yo soy Ítalo Costa Gómez. Voy a trabajar con ustedes una temporada. Pablo les debe haber avisado que venía hoy.

Estaban tan empilados y contentos que me abrazaron como si fuera su amigo desde Kinder y que no ven hace diez años.

-¡Ese Ítalo es la cagada!, bienvenido. Eres cosa seria, tú. Nos caes muy bien. Ese flaco, carajo. ¡Un trago pal flaquitooooo!

Nunca me habían visto antes jajajajajaja pero me querían y yo a ellos pero recordé la promesa que acababa de hacer. Sonreí y rechacé la copa.

-Chicos disculpen, no puedo tomar. Estoy embarazado. Estoy en la dulce espera. Gracias igual.

Se mataron de risa durante cuarenta minutos de la misma broma. En eso los anuncian en el escenario. Se fueron parando todos recontra movidos y llegó Pablo, el dueño de la orquesta.

Lo que vio fue una mesa con olor a chingana, siete copas casi vacías y a todos muertos de risa en el escenario señalando mi sitio. Haciéndome fiesta.

-Lo primero que te dije, Ítalo. Lo único que te pedí.
-No, no. Les dije que estaba esperando y no tomé nada. Lo juro por mi futuro hijo imaginario. ¡Te lo juro!
-Guarda tu distancia, te dije. Ahora les dices que estás embarazado y no pueden ni cantar de la risa. Míralos, dan pena.

Me quedé callado porque si hablaba me iba a reír a carcajadas. Sí pues, no puedo con mi genio. Estoy demente con o sin trago… así que mejor con.

 Debí tomar un vino, quizás una cerveza y no pensar en hacer el amor. 

Dos más… ¡Par favar! Sírvame en la copa rota.

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